SECUESTRADOS DE LAS FARC DESCRIBEN LA INFAMIA DE SUS CARCELEROS

Enero 15, 2008

Uno de los más dramaticos relatos los hizo el coronel de la Policia Luis Mendieta, quien lleva 9 años secuestrado, en una carta que envio a su esposa María Teresa y sus hijos Jenny y José Luis, de la cual se hicieron públicos algunos fragmentos a través del Noticiero Santa Fe.

Maria Teresa revelo que en la carta el coronel le cuenta que ha tenido que hacer sus necesidades en la olla donde recibe los alimentos, porque en la selva es muy constante que los secuestrados padezcan fuertes diarreas que no son tratadas debidamente.
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El oficial de la Policia narra que pasó cinco semanas sin poder caminar, transportado en una hamaca, y luego empezó a andar con improvisadas muletas, con un bastón, por pantanos y ríos, espantando bichos, tábanos, zancudos -”espante y espante”- y teniendo que arrastrarse hasta un improvisado baño por el barro para hacer sus necesidades.

Jenny la hija del coronel, dijo que hacia publica esta carta para que los colombianos y el mundo se dieran cuenta del gran dolor que están soportando los secuestrados por la guerrilla de las Farc, que pese a esta situación está reclamando que no se le llame “terrorista”.

El oficial de la Policía establece que permanece encadenado por el cuello, y que con llagas y cicatrices, lleva varios años “en mal estado de salud”, que sufre represalias de la guerrilla, que es “difícil repartir cada cosa que llega”, que en dos ocasiones ha tenido paludismo y ha tomado muchos medicamentos.

También dice que desde hace año y medio tiene un dolor en el pecho, que los huesos, las articulaciones y las piernas le duelen, y que en la espalda tiene “una mancha morada”, que atribuye a un golpe.

El coronel Luís Mendieta señala:

“Nos íbamos enfermando. Así pasó conmigo, con Alan (Jara), con (el capitán de policía Enrique) Murillo, y con Ingrid. Nos transportaban en hamacas. En una ocasión pude conversar con Ingrid, iba así. Luego nos separaron”.

“No es el dolor físico el que me detiene, ni las cadenas en mi cuello lo que me atormenta, sino la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno, como si no valiésemos, como si no existiésemos”, dice en su carta el coronel Mendieta, quien fue secuestrado el 1 de noviembre de 1998 durante una toma armada a la población de Mitú, en el departamento de Vaupés.

Los siguientes son apartes de la Carta del Coronel Mendieta:

“Gracias a Dios en esta carrera contra el tiempo puedo escribir otras líneas, porque es difícil saber en que momento recogen esta correspondencia. Es la carta número 6 en la cual les voy a contar sobre mí. Inicio con la despedida que le dimos a Marlen hace seis años y medio, quien llevó la última correspondencia escrita.

En ese entonces compartimos cautiverio 28 integrantes de la fuerza pública. A los pocos días llegó Alan Jara, el ex gobernador del Meta; posteriormente llegó el doctor Orlando Beltrán, el parlamentario; después la representante a la Cámara, Consuelo González. Con ellos compartimos varios meses.

En enero, con incidentes propiciados por el mal estado mental del cabo Peña, conmigo y otros, él fue sacado del lugar común y llevado no sabemos a donde. Dijeron que le iban a realizar un tratamiento psiquiátrico, pero desde esa fecha no sabemos nada de él. Ese mismo mes, llegó al sitio de cautiverio el doctor Géchem y la señora Gloria de Lozada, con ellos compartimos varios meses.

Después fuimos separados. En un lugar cercano quedaron 27 hombres de la fuerza pública y Alan, en otro sitio quedaron diez, porque allí quedaron los dos: el senador y el parlamentario. Allí también vimos a Ingrid, Clara, el senador Pérez y los tres norteamericanos.

Vimos que Clara estaba embarazada y a los pocos meses tuvo, en condiciones infrahumanas en la selva, su hijo a quien llamó Emmanuel. Días después, en dos o tres oportunidades algunos pudimos alzar el niño porque lo llevaron a nuestro sitio, porque hombres especiales de la fuerza pública elaboraban cositas que le hicieron: Ropita, zapaticos, algunos jugueticos, morralitos y muchas otras cositas, entonces a medida que crecía lo llevaban para que le tomaran las medidas y pudieran elaborarle la ropa, zapatos y elementos diferentes.

En esta labor se destacaron de su ingenio y creatividad Buitrago, Duarte, Duran, Moreno, Amaón, Bermeo, Salcedo, Donato y Beltrán, quienes poseen habilidades especiales para estas labores. Lo confeccionado fue mucho con materiales reciclados que cada uno tenía, es decir ropa de segunda mano y otros elementos que fueron suministrados.

Alan se destacó por su colaboración e integración desde el primer momento con nosotros y con sus charlas, debido a las experiencias, obtenidas en Rusia, por sus viajes con muchas dificultades y limitaciones a decenas de países por su trabajo en el Meta…

Como Alan había estado recientemente en Estado Unidos durante tres meses estudiando inglés y con ayuda de dos libritos de ingles que llegaron a las pruebas que trajo Marlen y con el folleto que me envió Johanita iniciamos asistir a una especie de clase. Una hora diaria cuando se podía y las condiciones eran favorables. Éramos pocos. Pero a los días se inicio una larga travesía por la selva debido a los problemas de orden público.

Fuimos de nuevo encadenados y separados en grupos pequeños. En oportunidades o en los descansos nos veíamos con algunos en el camino. En esos senderos y por problemas de salud comunes pude saludar a Ingrid, Clara, el doctor Pérez y los tres norteamericanos. A medida que pasaban los días y el viaje era inclemente a pie, algunos fuimos enfermando. Así ocurrió con Ingrid, Malagon, Guevara y yo.

Nos transportaron en hamacas, las cuales estaban atadas a un palo que hacían las veces de camilla, pero les cuento lo mío.

Comenzó con dolores en las piernas, huesos y articulaciones. Por las largas caminatas se me inflamaron los pies. Al inicio de la enfermedad caminaba con un palo que hacia las veces de bastón. Las marchas seguían y yo continuaba desmejorando, cojeaba. Después me tocó caminar con la ayuda de dos horquetas que hacían las veces de muletas. Qué viajes tan penosos, pero las dificultades de la selva, la lluvia, los bichos, hasta que una noche llegue a un sitio y al otro día no pude levantarme a caminar.

Pero como la marcha debía seguir, entonces me transportaban en las condiciones que mencioné anteriormente. En la enfermedad entonces pude saludar y hablar fugazmente con Ingrid, estando en camillas. Así continuaron pasando los días hasta que un día nos separaron a todos. Finalmente hicieron varios grupos y en el nuestro quedamos el doctor Géchem, la señora Gloria, el doctor Orlando Beltrán, Consuelo, Alan, Donato, Murillo, Clara, Delgado y yo.

¿Qué me paso? Pienso que algunos vasos sanguíneos de las piernas se me afectaron. La sangre se irrigó por las piernas, estas tomaron un color oscuro, casi negro, temía lo peor, pero a Dios gracias me aplicaron antitetánica. Días después me aplicaron 10 inyecciones de penicilina y poco a poco fui iniciando mi recuperación.
Como es lógico por la enfermedad, me quitaron la cadena con candado del cuello, pero resulta que mis cosas personales ellos tenían que transportarlas y un día para otro desaparecieron, es decir quede sin nada, únicamente con lo que llevaba puesto. Afortunadamente al comienzo del viacrucis, Delgado se ofreció a colaborar con cargas de paqueticos en las que guardaba las fotos, a Dios gracias esto se salvó.

Posteriormente me entregaron la chaqueta de la sudadera azul que me dio María A, todavía la conservo y prácticamente es mi pijama. Delgado me colaboró dándome dos calzoncillos, una sabana y una toalla, Murillo me dio una pantaloneta para la noche, Donato me prestó un pantalón, Consuelo una camiseta y la señora Gloria un par de medias.

Con todo esto se inició otra etapa en este peregrinaje. Días después trajeron alguna ropa para todos, entonces pude devolver la camiseta y la pantaloneta prestadas y tratar de llevar el día a día con esa ropa. Alan me regaló papel higiénico, Murillo me dio unos días crema dental, pero duré tres semanas después cepillándome los dientes con sola agua, porque no había crema dental, por lo contado y los compañeros tenían poca crema, entonces me daba pena pedirles.

¿Cuánto duró la enfermedad? No tengo claras las semanas, pero lo más aproximado son cinco semanas sin poder caminar. Los viajes en hamaca, penosos por el cruce de ríos, los terrenos difíciles, pantanos. Los sitios donde me dejaban aparecían varios bichos: Moscas, mosquitos, zancudos, hormigas de diversos tamaños y colores. Espanté y espanté con la mano, me tocaba arrastrarme para el baño por el barro, para mis necesidades. Únicamente con la ayuda de mis brazos, porque no podía levantarme.

Cuando se inició el tratamiento también me hicieron masajes en las piernas con Yodora, desodorante en crema y como un niño comencé de nuevo al principio: a tratar de hacer solo. Después de unos pasos con palos, mejor, horquetas que parecían muletas, así pude ir al baño personal. Después con un palo estilo bastón, hasta que pude volver a caminar lentamente. A Dios Gracias estábamos cerca de una quebrada. Allí pude hacer terapias en las piernas con el agua, haciendo ejercicio como tratar de patalear. Así me fui recuperando poco a poco.

Estando en esta situación, se presentó un incidente de malos entendidos en el grupo, entonces por gestión de alguien me volvieron a colocar cadenas al cuello atado a un palo como antes de empezar la convalecencia. Pienso que Dios me ayudó y creo que gracias a sus rezos y no se que más, salí adelante de esa enfermedad.

En los días posteriores me logré sanar de esa otra enfermedad parasitaria. Diría que mi salud en este cautiverio duro seis años. De ahí en adelante los quebrantos en mi estado de salud han seguido. Los meses siguientes, otras caminatas, ya no de semanas sino de días. Otros sitios donde hemos vivido, cantidad de inconvenientes e incidentes entre nosotros, represalías de la guerrilla, varias limitaciones: cosas, espacios, medios, etc.

Difícil repartir cada cosa que llega a nosotros. Entre estos dos meses, dos veces me ha dado paludismo, uno de ellos me dio 20 días los cuales estuve en cama. Mucha droga, por fin me recuperé, pero de ahí en adelante, no se si por la droga, es decir, hace más de una año y medio me ha dado un dolor en el pecho, al lado, no sé, en el corazón. Es una picada que dura días, otros días menos. Los primeros meses de ese mal, Donato y Murillo me hicieron ventosas con vela, moneda y frasco, pero no pasó. Después, el enfermero siguió diciéndome que eso era frío y vientos, por lo tanto él y Consuelo, con papel periódico y envolturas de papel higiénico, me han hecho ventosas por el oído, pero el dolor vuelve. Después pedí cardioaspirinas, consumí unas 20, pero como el dolor seguía las dejé.

Hoy en día, trato de controlar el dolor con crema Voltaren, pero es especialmente haciendo respiraciones y caminando alrededor de nuestro sitio con Alan, a veces 20, 30, 40 o 50 minutos, según el clima y otros factores. Me ha servido y ahí lo llevo controlado, sin embargo por la caminata, los huesos, las articulaciones de las piernas me duelen, especialmente las rodillas, entonces hay veces que no camino, por lo tanto el dolor en el pecho regresa.

JORGE EDUARDO GECHEM

El excongresista Jorge Eduardo Gechem hizo un angustioso llamado para que le salven la vida.

En su carta a su familia afirma:

“Quiero seguir viviendo, es mi responsabilidad pero si no salimos adelante en estos propósitos que hago, veo muy prolongado el drama y mis resistencias físicas no resisten, pues me siento agobiado y cansado”.

Otros apartes de la comunicación de Gechem a su esposa Lucy, son los siguientes:

“Lucy de mi vida, mi tema salud tengo que plantearlo con mucha objetividad. He padecido muchas dolencias. Los problemas cardiacos - 5 fuertes ataques y 2 leves - me han llevado a momentos críticos, tomo 2 pastillas diarias de Cardioaspirina, la úlcera acentuada en varias ocasiones sangrando, tomo 2 pastillas diarias de Ranitidina.

La columna vertebral, la lesión en el lumbar 4 es muy acentuada, el dolor diario es fuerte, tomo Voltarén y Diclofenaco.

Me lleva a no poderme con facilidad agachar, no cargo nada, no puedo lavar mi ropa, ni la cuchara, pues tengo que recoger agua y no puedo (…) el dolor de cabeza con alguna frecuencia a raíz de un golpe en la cabeza cuando me llevaban trasportándome en una hamaca y se resbalaron atravesando un caño.

Quiero pedirle Lucy, mi amor, que lideren en el país y en la comunidad internacional una gran solidaridad en este caso, he pensado en dos alternativas para mi grave caso de salud.

La primera, que se le pueda solicitar al presidente Fidel Castro que intervenga ante el presidente Uribe y ante el Secretariado de las Farc, a ver si es posible mi traslado a un hospital en Cuba para mi tratamiento, si me recupero prontamente pasaría a una cárcel en la Habana, en mi calidad de rehén político a esperar el intercambio humanitario.

La segunda: Solicitarle a presidente Chávez, al presidente Sarkozy, a la senadora Piedad Córdoba, al doctor Álvaro Leyva, a monseñor Castro, si es posible que hablen urgentemente con el presidente Uribe y el Secretariado de las Farc para en mi caso un acuerdo humanitario por salud, que pueda ser entregado a cambio de guerrilleros enfermos presos.

Quiero seguir viviendo, es mi responsabilidad pero si no salimos adelante en estos propósitos que hago, veo muy prolongado el drama y mis resistencias físicas no resisten, pues me siento agobiado y cansado.

En estos propósitos muy importantes la ayuda de la prensa, radio, de los ex presidentes Gaviria, Samper, Pastrana, de Doña Lina de Uribe, doña Nidia Quintero, de los países facilitadores de los presidentes de Latinoamérica.

He estado linda Lucy en distintos campamentos, la mayoría de la gente amable, Ingrid, Luis Eladio, Orlando, el coronel, varios militares y policías, los paisanos, hemos hecho equipo con Gloria y el sargento opita del Ejército Harvey Delgado, a Gloria hay que darle mucho ánimo, a sus hijos y le pido el favor que se hable con la familia del sargento Delgado, a doña Ruth Amelia su mamá le pase una ayudita (…) mensual.

A Chucho Oviedo, Herbin Hoyos, Nelson Moreno, Gustavo Álvarez, Norberto (…) gracias, a Patricia Helena, María Fernanda, Deyanira, Claudia, Marleny, Yolanda (…), gracias

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2 Responses to “SECUESTRADOS DE LAS FARC DESCRIBEN LA INFAMIA DE SUS CARCELEROS”

  1. 2
    ingrid marcela obando Says:

    Asì de triste es la situaciòn en nuestro paìs, que viene cualquier gobernador, cualquier clase de minisrterio a pisar nuestro territorio, a atropellarnos con sus discursos, a callar má s al pueblo; porque aquì no tenemos nada, ni un gobierno, ni un vocero, ni democracia, bueno, esa parte si la sabemos desde todos los tiempos.

    Es una burla el parlamento del señor Chavez, èl no sabe ni siente el dolor que sentimos nosotros los colomianos de ver a nuestros amigos sufriendo ese dolor, de ver como esos ejèrcitos de muerte matan nuestra patria; el señor Chavez no sabe entonces què es el terrorismo.

    Pregunto: Cuanto o que má s nos hace falta sufrir para que la gente reaccione, deje la indiferencia a un lado?
    * Cuando es que como pueblo: Periodistas, polìticos, fuerza pá¹blica vamos a unirnos?…Cada uno por su lado no hacemos nada.

    Pero es que con este gobierno actual y su pasado oscuro del señor Uribe no estamos en nada, y el paìs sigue pensando en la reelecciòn, no se informan, no saben todavìa lo que este gobierno nos ha hecho, todo lo que nos ha robado.

    Que vamos a hacer si la cabeza de este gobierno es un asesino aliado con esos ejèrcitos de la muerte?

  2. 1
    mafe Says:

    MENOS MAL NO SON TERRORISTAS NO…….

    ENTONCES QUE TAL QUE SUPUESTAMENTE SI LO FUERAN……

    LES PARECE POCO……..LO QUE HACE ESTE “GRUPO POLITICO”

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