LOS ECO HARLISTAS

Febrero 26, 2008

Se llaman La Tribu y tienen todo lo de una pandilla de motociclistas, solo que en bicicleta. Calaveras, pantalones de cuero, gafas oscuras y maletas con taches.
Crónica de una pandilla verde y rebelde.
Mónica es una rubia de 26 años que lleva la cultura Harley en los huesos. Y eso no le impidió cambiar el mundo de las poderosas y rugientes motos por el de las bicicletas.

Por años fue la copiloto de un corpulento motociclista dueño de una Harley- Davidson tipo Indian, modelo 60 y con 1500 centímetros cúbicos de fuerza.

Aunque ella ama la pandilla, las calaveras y los pantalones de cuero, no dudó en dejar esa banda y empezar con otra, una que en vez de motores se impulsa con pedales.

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“No pienso volver. Encontré la forma de seguir siendo harlista, pero de manera saludable, sin ruido ni contaminación. Además —agrega con tono solemene—, en las motos uno nunca deja de ser el pato. Aquí
sí hago parte del grupo porque tengo mi propia nave”.

Ella se refiere a su bicicleta, una fabricada sobre medidas, inspirada en las Harley de 1912, de marco importado y manubrio modificado tipo ‘cuelgamono’ o alargado. Una bicicleta que bordea el millón y medio de pesos y que ha ido armando lentamente y con esfuerzo, como todos en ese ‘parche’.
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Son 28, viven en Bogotá y ninguno tiene una bicicleta que sea igual a otra. Precisamente, esa es una de las reglas para entrar a La Tribu, como ellos mismos se han denominado.

De lunes a viernes trabajan en oficinas y cumplen horarios. El sábado y domingo se transforman en rudos y rebeldes, aunque tienen reglas. “Lo primero es amar la vida sana, el aire puro. No permitimos drogas y tampoco vándalos o gamines. Esto es una cultura. Es nuestra cultura”, dice David Cabana, el novio de Mónica y líder de los ‘biciharlistas’.
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La otra regla es que, cuando el camino esté empinado, ninguno puede pararse sobre los pedales. David dice que eso se ve mal. “Somos gente sana, gente fuerte. No hay por qué pararse”, sentencia.

La verdad es que eso también es una manera de rendirles homenaje a las bicicletas, a las que les han dedicado muchos años de ‘ingeniería casera’. De acuerdo con el peso y la forma, los ‘biciharlistas’ han logrado el máximo desempeño de sus caballitos de acero.

Todos los fines de semana, ellos se enfundan en botas texanas y se envuelven en pañoletas y cadenas
para lanzarse a la carretera con un destino diferente.

El último viaje, por ejemplo, fue a La Vega (Cundinamarca), una población a unos 55 kilómetros de Bogotá, un recorrido que para cualquier cristiano sería una verdadera travesía, pero no para ellos. De hecho, Mónica se atraviesa la ciudad, de extremo a extremo, en algo más de una hora.

“La bicicleta es la solución a la movilidad de Bogotá”, sentencia poniendo cara nuevamente de solemnidad. Y añade que mientras pedalean, la gente los mira y los admira. “De verdad que es un cuento muy bacano.

“Preferiría 15 bicicletas a comprarme una moto”,agrega David. Y tiene razones para decir eso. Las bicicletas fueron el vehículo para que estos dos jóvenes se conocieran, se enamoraran y decidieran compartir sus vidas. Desde que se vieron por primera vez, un domingo en la ciclovía, entendieron que tenían mucho en común.

De ahí que junto a la cama en donde duermen ambos, en una habitación en una terraza de un barrio céntrico de Bogotá, haya espacio para guardar celosamente las bicicletas.

“Mire —enfatiza David—. Estas ‘naves’ nos dan privilegios que ni siquiera los motociclistas tienen”. Sabiendo exactamente a qué se refiere, Mónica se dirige a un clóset viejo de donde saca un casco negro
brillante, muy parecido al caparazón de una tortuga, y se lo pasa a su novio.

“Este es el casco tipo nazi —dice David —. El que corresponde a la cultura Harley. Nosotros podemos usarlo, pero ellos no”. Luego aparece en su rostro un asomo de satisfacción. En efecto, las normas que rigen en Colombia prohíbe ese tipo de cascos para motociclistas, pero no para ciclistas.

No obstante, la relación que La Tribu mantiene con grupos de motociclistas en Bogotá, Barranquilla o Cali es la misma que sostendría un adolescente con su hermano mayor. Los harlistas, incluso, los invitaron recientemente a un encuentroen Medellín.

‘Enchúlame la cicla’

Pero los viajes no son lo mejor de La Tribu. En realidad lo que mantiene viva esta afición, es modificar las bicicletas para que sean muy admiradas. Dentro del grupo hay ‘naves’ que incluso sobrepasan los tres
millones de pesos.
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David, por ejemplo, trabaja en una estación de radio y no se sonroja cuando hace las cuentas de todo lo que ha invertido trayendo y modificando cada una de las partes de sus tres bicicletas. Lo hace desdehace siete años, cuando nació el grupo.

Mangos alargados y corazas anchas. Frenos de disco, platos y cambios importados. Acoples y adaptaciones. Todo para que en la calle la gente se sorprenda. Y hasta tienen un himno.

Mi corazón se acelera, late a mil/ adrenalina
ciento por ciento corre sobre mí/ un aire de
rebelde sobresale en mí/rompiendo los esquemas
me hace muy feliz/.

Por
ANDRÉS ROSALES
JEFE DE REDACCIóN. CATORCE 6o

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Una respuesta sobre “LOS ECO HARLISTAS”

  1. jaime hernandez rodriguez en Febrero 27th, 2008 9:56 pm

    los eco harlistas son lo mejor es una nueva cultura que nacio en las calles bogotanas con sus pañoletas ,pantalones de cuero ,botas,cascosy_o sombreros son el deilete de las miradas de miles de bogotanos cuando los eco harlistas van montados en sus caballos de acero para mi por represe3ntar a una nuestra ciudad tienen un 10.

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