La permisividad ecuatoriana
Abril 15, 2008
La acostumbrada sección de Alberto Abello,
publica en el Nuevo Siglo y comentada en Radio Santa fe.
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EL presidente Álvaro Uribe señala que en el trasfondo de los incidentes fronterizos, como de la posterior hostilidad del gobierno de Rafael Correa, está de por medio el hecho inocultable de la presencia de ‘Raúl Reyes’ en el vecino país.
Ese es el tumor maligno que mantiene rotas las relaciones entre los dos Estados. Como es de conocimiento público el presidente Rafael Correa arremetió de nuevo contra Colombia en México y consiguió confundir a su homólogo mexicano, que se dice enemigo del terrorismo y sale a defender una postura que beneficia a los alzados en armas. A sabiendas de que las personas civiles o miembros uniformados de los grupos subversivos, incluso si son turistas, corren en un bombardeo la misma suerte de los combatientes.
Es ese asunto, que tiene que ver con razones humanitarias el que dificulta tanto el combate contra las Farc en las zonas colombianas en las que se supone usan de escudos humanos a los secuestrados.
Factores internos de descontento y rechazo de las tácticas gubernamentales han producido malestar en las Fuerzas Armadas del vecino país, puesto que son elementos preparados que obedecen a un sano nacionalismo y entienden que su “enemigo” está entre los subversivos que violaron sus fronteras y usaron el territorio de Sucumbíos como cabeza de puente contra Colombia. Los militares del Ecuador son contrarios al Socialismo del siglo XXI y no quieren que su país se convierta en otro escenario de violencia homicida, de confrontación política y regional, que lleve a que algunas de sus regiones se dividan, como pasaría si se sigue fomentando la tendencia a la dispersión de algunas zonas de su geografía o se alienta el desencuentro entre Quito y el gobierno de Guayaquil a cargo del alcalde Nebot. Para las Fuerzas Armadas primero está la unidad del Ecuador. Ellos sienten que se ha cometido una gran injusticia al llamar a retiro forzoso a prestigiosos generales enemigos de la insurgencia. Al jugar el gobierno a la solidaridad solapada o abierta con las Farc, se pone en peligro la unidad nacional y se le echa leña al fuego, lo que tiende a agravar la crisis interna. Incluso los políticos de distintas tendencias y las entidades gremiales, campesinas y sindicales, podrían deponer sus antagonismos para defender la unidad ecuatoriana.
La denuncia colombiana contra Rafael Correa, de desautorizar al Ejército de su país “cuando adelantaban operaciones en contra de las Farc en territorio ecuatoriano” tiene tal gravedad que podría traducirse en casus belli. Demostraría la hostilidad calculada de ese gobierno. Puesto que, como dice el comunicado de la Casa de Nariño: “Colombia, como toda Nación, tiene, más que el derecho, la obligación de proteger a sus ciudadanos”.
Nota. Lo fútil: María Jimena Duzán, descontenta, sostiene que Carla Bruni estaba mejor de rockera, que la diva claudica como mujer domada y sumisa. Al contrario, Carla al asumir sus responsabilidades como Primera Dama, exalta su feminidad y suscita la admiración mundial.
Por
Alberto Abello





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