DE HINCHA FURIBUNDO A TERRORISTA

agosto 11, 2009 9:18 pm

Aterran de verdad las imágenes de jovencitos menores de 18, blandiendo cuchillos, palos y armas contundentes, en los estadios del País.

En el desespero de adoptar medidas que solucionen el tema de violencia, se habla de judicializar como terroristas a los autores de actos vandálicos o criminales en las tribunas de nuestros escenarios de fútbol o fuera de ellos.

En la consulta de RADIO SANTA FE, voté por el sí al considerar que una norma tan drástica puede frenar ese torrente de actos delictivos que se configura alrededor de lo que debería ser la asistencia pacífica a un partido de fútbol.

Es una medida excesiva y la verdad, voté con pasión y no con razón. Siento pánico al pensar en la idea de acudir con un menor de edad o con una mujer al estadio, porque el asunto es que no importa de dónde venga la agresión.

Si bien actuamos correctamente al buscar soluciones legales, hay que buscar el fondo del problema.

Empezar a construir tejido social alrededor de muchos niños jovencitos y desarraigados por fuerza de las circunstancias y del desequilibrio, es una de las tareas. Muchos jovencitos que han tenido una niñez muy dura, de maltrato y dificultades, escogen el camino de la violencia y la agresión para expresar su inconformidad.

Por eso es clave una tarea de sociedad y de estado para “ponerle atención” de verdad a quienes enfrentan casi solitariamente la edad difícil de los 11 a los 17 años en Colombia.

Hay estudios y publicaciones de tipo pedagógico y sociológico que aluden a la problemática del cambio de actitud que se genera al pasar de la infancia a la adolescencia ó de ésta a la mayoría de edad. Esas fases en que el mundo, hecho novedad, se convierte para ustedes en una incógnita, y a veces, según el estado de ánimo, en un arrollador callejón sin salida.

Por es urge hablar con los jovencitos, romper suavemente su muro de silencio y escucharlos, siempre con sinceridad.

Como sociedad y como medios e Educación, les hemos entregado una realidad de violencia e intolerancia. Por eso, los jovencitos se alejan cada vez más de nosotros.

Como dijo recientemente Elvira Forero, la Directora del Bienestar Familiar, no podemos vivir de buenas intenciones sino de realidades.
Por eso, ella habla de calidez, de afecto, de buen trato y buen ejemplo, y porqué no, de pensar en la construcción de un escenario para que quienes llegan a la vida puedan disfrutar del derecho a la felicidad.

Antes hay que crear ese entorno de bienestar básico con vivienda, salud y educación que hoy se le niega a más de dos millones de niños.

Pero el camino hay que empezarlo con un paso grande de cambio de actitud hacia los jóvenes.

Sobre ellos se ciernen hoy varias amenazas como la inseguridad, la drogadicción, el pandillismo, el dinero fácil, el embarazo adolescente, el abandono, el reclutamiento forzado, el uso del tiempo libre, para citar algunos.

La policía de Bogotá intercepta diariamente por lo menos 5 menores de edad portando armas. En las áreas rurales, los grupos armados ilegales persisten en el reclutamiento de niños. En la ciudad, los están utilizando infamemente como instrumento para cometer actos delictivos.

Ese no es el mundo, no es el País que queremos dejar como herencia.
La profesora Carlota Zuleta de Méndez, una de las más reconocidas educadoras de Bogotá, mencionaba cómo ha cambiado radicalmente la sociedad y cómo se han agravado los problemas de adolescentes y jóvenes.

Ella insiste en la necesidad de fortalecer la institución familiar para solucionar parte de esa problemática, y asegura que hay mucho tiempo libre sin que haya estrategias para que ese tiempo sea usado en el buen sentido de la palabra, como bien lo harían, por ejemplo, nuestros clubes juveniles.

Otra consideración de la profesora, señala que hoy, a los 20 años, nuestros jóvenes tienen todos sus derechos pero no cumplen todos sus deberes. Y deben poner de su parte.

Un congresista muy joven, Nicolás Uribe, sostiene que la juventud de hoy se mueve por simbolismos como la igualdad, la no violencia, y otras tendencias que dificultan el trabajo en la solución de sus problemas. Agrega que no suplir las fallas de los adolescentes determina que se generen problemas para ellos a los 25 ó 30 años de edad.

Aquí los jóvenes son, dolorosamente, víctimas y victimarios.

Hay jovencitos que asesinan y jovencitos que son asesinados. Hay jovencitos que integran bandas de sicarios. Otros son víctimas de esas bandas. No nos podemos seguir agrediendo por la marca de unos zapatos tenis ó por el color de una camiseta de fútbol.

Tenemos problemas serios de comunicación. Acerquémonos más a aquellos que se aíslan, se sumergen en su mundo ó se encierran en sus dificultades. Puede ser nuestro sobrino, el hijo del compañero o nuestro hijo.

Confiemos en que no haya una condena contra un jovencito por terrorismo en un estadio. Los jóvenes son la alegría del escenario y deben ser toda la fuerza del canto del gol.

FRANCISCO TULANDE

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