GALÁN, EL ESTUDIOSO

agosto 18, 2009 12:55 pm

Yo era de los que creía que uno no estudiaba para político sino que las dotes, la oratoria y las ideas brotaban como por encanto. Mejor dicho, creía que uno “nace político”.

Esa percepción cambió cuando cono redactor político conocí a Luís Carlos Galán Sarmiento. Me llamaba la atención el hecho de que siempre se tomaba su tiempo para dar una respuesta y buscar coherencia, sentido y un hilo conductor.

 

Ya había “descrestado” a más de uno cuando a los 26 años de edad asumió el cargo de Ministro de Educación y lo primero que hizo fue reunirse en público con líderes estudiantiles de la época como Leonardo Posada y Moris Ackerman.

 

Era serio pero jovial y le llegaba fácil a la gente.

Tenía carisma y alma de buen político. Por eso su trayectoria lo tuvo siempre en el primer plano de la noticia, como ministro,  como senador y luego como candidato.

 

Y fue como candidato que empezó a mostrar una faceta que no pasó desapercibida para ningún reportero político: Galán se convirtió en estudioso de los temas. No quiero significar que otros no lo hagan. Pero la verdad es que Galán se preparó para ser candidato y para ser Presidente.

 

Así lo reflejan los documentos que preparó con su equipo sobre economía, infraestructura, educación, hidrocarburos y otros temas esenciales para manejar un país.

 

Llegó incluso a “fastidiarnos”, en el mejor de los sentidos, cuando en las entrevistas el reportero formulaba una pregunta y en ocasiones el candidato lo remitía al “documento número tal”.

 

Tenía respuestas fundamentadas en un estudio cuidadoso de los temas.

 

El ex presidente Ernesto Samper sostiene que a veces resultaba complicado viajar con Luis Carlos Galán.

 

Estaba indagando, estudiando, preguntando, las 24 horas del día.

 

A veces se “extraviaba” en los aeropuertos internacionales.

“Dónde estabas?”, le interrogaban.

Y Galán respondía con la emoción de un niño al que le acaban de regalar un juguete:

“No sabes…mira la belleza de libro que me compré!”. Y era un tratado sobre sociología o un texto sobre economía regional.

 

Quizás los narcotraficantes lo sabían. Y por eso decidieron asestar el más rudo golpe de en la historia de su lucha criminal contra la sociedad colombiana: el asesinato de Luis Carlos Galán.

 

Años después del magnicidio, el narcotráfico sigue horadando la maltrecha superficie de nuestra institucionalidad.

 

Y la droga sigue siendo el demonio, el Belcebú de nuestra juventud y de nuestra infancia.

Los jueces, en su saber y entender, aplican condenas o sucumben ante amenazas o tentaciones. En estados Unidos, Un narco que ha movido miles de toneladas de droga, negocia su pena y se convierte en delator.

 

Es la justicia, al fin y al cabo. Lo que nadie se pregunta por estos días es quién va a responder por tantas vidas que han sucumbido, no ante las balas ni ante las bombas, sino ante el consumo de droga.

 

Dolor de familia y dolor de patria son la característica de miles de colombianos que han visto como se disuelve lentamente la vida de una persona muy cercana, porque la droga no perdona.

Galán sí vio y entendió la amenaza. Y por enfrentarla entregó su vida.

 

FRANCISCO TULANDE

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