ENTRE EL FORMALISMO Y LA INFORMALIDAD

noviembre 14, 2012 8:16 am


Por: Julio Fernando Rivera Vallejo

El último informe del Banco Mundial dice que durante los últimos 10 años la clase media, vale decir, el grupo poblacional con ingresos superiores a 10 dólares diarios, creció en un 50% en América Latina, cifra que en nuestro país es inferior y, bordea el 30 %.

Sin duda, para Colombia, la vida no es tan color de rosa por múltiples factores que, no obstante las grandes riquezas naturales y el coraje de su pueblo laborioso y trabajador, hacen que las cosas vayan a otro ritmo, en medio de la ausencia de la mano del Estado en muchos lugares de esta hermosa y olvidada geografía y que se manifiesta, por ejemplo, en la falta de atención a problemas que constituyen una auténtica ´´ bomba de tiempo ´´ que amenaza la tranquilidad ciudadana y la seguridad institucional.

Una muestra de ello es el apego a la exégesis, a la letra de la norma, sin buscar soluciones prácticas que se atemperen con lo que sucede en todos los rincones de la patria, en fenómenos como el mototaxismo o del bicitaxismo que se crecen de manera alarmante en varias ciudades, incluyendo a Bogotá. Es claro que el Código Nacional de Tránsito consagrado en la ley 769 de 2.002, reformada por la Ley 1383 de 2.010, no autoriza el servicio público de pasajeros en motocicleta, pero igualmente resulta evidente que el alto gobierno no ha hecho mayor cosa por encontrarle salida al problema de desempleo que afrontan miles de colombianos que han decidido dedicarse a una actividad ilegal, por demás riesgosa y poco gratificante, ante la falta de oportunidades laborales que los tiene sumidos a unos en la pobreza y la informalidad y, a otros, en la miseria. Si es verdad, como se dice, que en la sola capital de la República operan cerca de 9.000 bicitáxistas, es fácil imaginar el auge del rebusque a través de esta modalidad en ciudades intermedias en las que la carencia de fuentes de empleo es definitivamente dramática..

Parece que nadie se percata del deficiente y demorado servicio de transporte público colectivo en transmilenios, buses y busetas y el alto costo del servicio público particular individual en taxis. Ni qué decir del transporte de pasajeros en las zonas rurales con vías terciarias que son auténticas trochas o caminos de herradura, desfiladeros peligrosos y trampolines de la muerte por los que, en reemplazo de las mulas de la conquista, solamente pueden transitar motocicletas.

La ley prohíbe el transporte público en motocicleta y punto. ´´ Dura es la ley, pero es la ley ´´, reitera el gobierno nacional y, no contento con eso, faculta expresa y claramente a los mandatarios regionales, para imponer duras sanciones a quienes infrinjan la norma, de lo cual son ejemplos los Decretos 2961 de 2.006 y 4616 de 2.008 que colocan a los mototaxistas en el ojo del huracán y como ´´ chivos expiatorios ´´ de la incompetencia oficial que se niega a entender que el fenómeno no surgió por generación espontánea sino como consecuencia de un sistema económico fallido que se ha tratado de implantar aquí como réplica exacta de los que operan en otros países, con los cuales no existe ninguna coincidencia en lo que tiene que ver con su desarrollo.

No es que se pretenda justificar el mototaxismo o el bicitaxismo tal cual existen, porque indudablemente también conllevan peligros, como la inexperiencia de muchos conductores , el inadecuado mantenimiento de cantidades de esos vehículos, la carencia de seguros que cubran eventuales accidentes, el riesgo especialmente para niños y mujeres de andar a merced de desconocidos que fácilmente pueden atentar contra su vida o su integridad física o moral y, la competencia abiertamente desleal con el transporte público colectivo e individual que funciona legalmente y paga impuestos. Es simplemente un llamado para que se afronte el problema desde su origen y se busquen aproximaciones a una solución integral..

Entre el paquidérmico andar del formalismo legal y el raudo paso de la realidad social, es de esperarse que quienes tienen en sus manos los destinos del país, se preocupen por las raíces de la problemática que afrontamos, más allá de buscar réditos efectistas con noticias de relumbrón internacional.

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