FALTAN CINCO PA ´ LAS DOCE

diciembre 27, 2012 9:09 am

JULIO FERNANDO 2 (2) Por: Julio Fernando Rivera Vallejo

De no ser por las graves consecuencias que deja el desmesurado consumo de bebidas alcohólicas y el indiscriminado uso de la pólvora, que bueno sería que todos los días fueran 31 de Diciembre, fecha en la cual, sin tener que recurrir a la asesoría profesional de los expertos en la materia, se practica de manera espontánea y, por demás, generosa, la abrazoterapia.

Qué se iba a imaginar hace medio siglo Oswaldo Oropeza al componer una canción, que esta perduraría y se convertiría en un auténtico himno de cierre de todos los años, especialmente en países latinoamericanos en los cuales, sincronizadamente exactamente a esa hora, es un eco en la mayoría de las estaciones de radio, en los musicales de televisión y en los equipos de sonido de carros, residencias y hasta lugares de trabajo, sin importar edades ni estratos socioeconómicos.

En infinidad de versiones, pero originalmente en la voz añeja e inconfundible de Néstor Zavarse, millones de personas, después de brindar porque haya paz y ventura en el nuevo año, abren sus brazos y juntan sus corazones no solamente a los de aquellos que quieren, sino, también a los de muchos desconocidos o, inclusive, a los de personas con quienes han tenido serios diferendos.

Si la abrazoterapia es una técnica de regulación físico – emocional que utiliza los abrazos en sentido literal y no meramente metafórico para mejorar el estado de las personas, no hay duda que, cual gigantesca cadena de oración, la tradición de despedir un año y recibir el siguiente, enterrando simbólicamente lo malo y anhelando cambios positivos que signifiquen prosperidad, sintetiza en un solo momento el poder de la estimulación por contacto y la necesidad vital de amar y ser amados.

La triste constante de hablar bien de lo que se ha perdido y que patéticamente se manifiesta en las manidas frases: ´´ todo tiempo pasado fue mejor ´´ o ´´ tan bueno que era ´´, emerge al unísono cuando de verdad faltan cinco minutos para las doce de la noche y, es en ese instante cuando ceños habitualmente austeros se transforman en amables, al comprender cuántas cosas buenas han desperdiciado y cuánta gente valiosa ha pasado por sus vidas.

Entonces aparecen como por arte de magia los buenos propósitos para el año que está por llegar: desde el ´´ voy a dejar de beber ´´ hasta el ´´ voy a ser mejor esposo/esposa, mejor padre/madre, mejor hijo/hija, mejor jefe/trabajador/a ´´, en resumen, mejor persona. Y, como esos actos de ´´ propósitos de enmienda y contrición de corazón ´´ que deberían darse en cualquier momento se concentran precisamente cuando ´´ las campanas de la iglesia están sonando ´´, se multiplican las expresiones individuales hasta formar un impetuoso torrente colectivo capaz de cambiar el mundo, de no ser porque pocas horas después, pasado el guayabo, todo vuelve a ser como antes y no falta quien, cuando se le reclama que adopte la actitud que prometió a la media noche anterior, se limite a decir: ´´ borracho no vale, no señor ´´.

¿Por qué razón el afecto y el perdón, solamente se pueden dispensar cuando se tienen unos cuantos tragos entre pecho y espalda? ¿Por qué el abrazo tiene que ser la resultante del trabajo de un terapeuta? Así como hay tantos remedios caseros, baratos, efectivos y sin contraindicaciones de los especialistas, en todos los hogares y lugares de la Patria, cuyo concepto es más romántico que el de Estado, podría aplicarse en abundancia la abrazoterapia, en la certeza de obtener una descarga emocional que infaliblemente proporciona bienestar, pues, hace que afloren como por generación espontánea, sentimientos de comprensión, reconciliación y amor.

Que este 31 de Diciembre implique algo más que cambiar el calendario; que sea un instante propicio para que sin reticencias se estiren los brazos y se ensanchen los corazones y así, con las fuerzas salidas desde el fondo del alma, comenzar a recorrer unidos un camino que nos conduzca al horizonte común de la paz y del progreso.

´´ Las campanas de la Iglesia están sonando, anunciando que el año viejo se va…la alegría del año nuevo viene ya, los abrazos se confunden sin cesar…´´.

Abrazos, muchos abrazos, bien fuertes y cálidos para todas y para todos…

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