EL QUE SE ENAMORA NACE POR SEGUNDA VEZ.

enero 8, 2013 7:35 am

Carlos FradiqueCarlos Fradique-Méndez
Abogado de Familia y para la Familia

Estar enamorado, amigos,
Es encontrar el nombre justo de la vida.
Es empezar a decir siempre,
Y en adelante no volver a decir nunca.

Francisco Luis Bernárdez

Bogotá, 27 de diciembre de 2012

Padre Alberto Linero: Reciba mi respetuoso y cordial saludo.

He leído comentarios de prensa sobre su libro ¿Qué tiene ella que no tenga yo? y concluyo que los titulares “No hay que casarse enamorado” y “El que se enamora es un estúpido” generan daño en la relación de pareja.

Ud. lleva 19 años de cura y le han confesado pecados que no existen y sobre los cuales escribió su libro. Yo llevo 40 años en mi confesionario como abogado de familia, infancia y adolescencia buscando soluciones para problemas que mis asesorados viven en carne y hueso y hoy llego al año 45 como integrante de una familia que ha manejado con acierto mis debilidades y de la que he recibido grandes satisfacciones. He aprendido que uno puede casarse a los 25 y luego todos los días con la misma pareja, quien en cada amanecer es una persona diferente, para disfrutar a plenitud los dos cuando lleguen a la vejez. El amor cambia al paso de los días y se reencarna de diferentes maneras. El amor que rompe corazones, el que desenfrena la pasión, el que logra la convivencia por necesidad y el que al final de la vida hace pensar que definitivamente sin la otra persona la vida es imposible, es el amor que vivifica el matrimonio. En mi adolescencia aprendí un verso para ángeles: “Perdóname Señor si es un pecado, / estar con un intrépido ardimiento, / de una sola mujer enamorado/ y no haberla Señor jamás faltado, / ni con el pensamiento.” La fidelidad absoluta no existe. La exclusividad sexual, física y mental, fue creación imperial para garantizar que el heredero del Rey tuviera su misma sangre. Pero como los Reyes vivían ocupados en la guerra y en los asuntos del reino, muchos herederos tuvieron sangre adulterada. De esa creación persiste la maligna idea de que el hombre es dueño del cuerpo de la mujer. Por eso los irracionales crímenes mal llamados pasionales.

La nueva cultura sobre la vida en pareja ha generado la idea de que “Nos casamos, pero seguimos siendo libres” y de que “Nos casamos, y si no nos entendemos nos divorciamos”. Con sus conclusiones puede darse otra cultura que enseñaría a que la vida en pareja, es una estupidez. En la infidelidad están comprometidas por lo menos 3 personas. La pareja y el cómplice de la infidelidad. Puede haber una cuarta, que es la celestina. Cuando la infidelidad rompe la vida en pareja el tercero es culpable con dolo eventual, pero en la mayoría de los casos con dolo directo, porque actúa como ladrón o ladrona de esposas o maridos. Y es porque en esta época, el estar casado no genera barreras morales que impiden que terceros acechen al casado o a la casada. Hasta los años 60 o 70 del siglo XX, quien llevaba argolla era repudiado por casaderas. Luego de esa época se volvieron objetivo amoroso y más si tienen casa y pensión.

Las personas somos un compleja trinidad. Lo que somos, lo que creemos que somos y lo que los demás creen que somos. Esa trilogía cambia a menudo y como pareja debemos aprender a vivir con esos reacomodamientos de nuestras vidas. Esa es la sabiduría que permite que los matrimonios perduren.

Los matrimonios en la juventud inician con decisiones del corazón y de la pasión. Son épocas que en vez de ser estúpidas son estupendas, maravillosas. Con el paso de los días llegan los hijos y los cambios severos en la economía y hay que darle paso a la razón y a la sensatez. Yo releo con frecuencia el poema “estar enamorado” de Francisco Luis Bernárdez y lo encuentro siempre más ajustado a la realidad. El amor, como la fe, mueve montañas. El amor ha hecho que las religiones sobrevivan y no sería sensato afirmar que los católicos que estamos enamorados de unos principios, si no de todos, de nuestra religión seamos estúpidos. Quienes se hacen curas “se casan” con la Iglesia. Es lo que se afirma y por eso renuncian (¿) a vivir en pareja. Y se casan enamorados de su profesión.

Hoy encontramos parejas que se casan sin saber siquiera como se llaman. Esa es una nueva cultura que destruye al ser humano y a la familia. Por eso es necesario, importante y urgente que el Estado y las entidades que creen en la vida en familia, sin apasionamientos ni fundamentalismos, eduquen para vivir larga vida en familias estables que cultiven la sana convivencia. Es urgente crear la Clase de educación para la vida en familia.

Con mis sentimientos de respeto,

Carlos Fradique-Méndez
Abogado de familia y para la familia.

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