LOS JÍBAROS MUERTOS DE LA ERRE

febrero 4, 2013 7:41 am

JULIO FERNANDO 2 (2) Por: Julio Fernando Rivera Vallejo

En medio de una oposición de tinte tanto político como de carácter científico y con el propósito de reorientar la lucha del Estado contra los narcóticos, el Gobierno del Presidente Santos, ha planteado un cambio de paradigma en su nuevo proyecto de Estatuto Nacional de Drogas, destinado a remplazar el vigente, expedido hace diecisiete años, todo fundamentado en el argumento de que, conforme a las últimas investigaciones sobre la materia, el consumo es un problema de salud pública y no de connotaciones penales, reservadas exclusivamente para los narcotraficantes; en otras palabras, aplicando aquí aquello de que no se deben meter en el mismo costal al que ´´ paga por la peca ´´ que al que ´´ peca por la paga ´´ , cosa que no es nueva en nuestro medio, pues, por ahí hay un casito famoso en el que se condenó a alguien por haberle recibido dádivas a…nadie.

El proyecto suscita honda preocupación, entre otras cosas, porque incluye en el concepto de dosis personal, que de tiempo atrás se encuentra despenalizada, a las drogas sintéticas, sobre cuyos efectos se dice por algunos entendidos y por muchos neófitos, que son devastadores tanto para el consumidor como para la sociedad entera.

Manifiestan los expertos en el tema, que la mayoría de las drogas sintéticas como las anfetaminas, el popper y el éxtasis, estimulan en el cerebro la actividad de neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, el apetito, el sueño, las emociones y el placer, aparte de incrementar el ritmo cardiaco, lo cual explica la sensación de bienestar y aumento de fuerza que experimentan los consumidores de manera casi inmediata mientras la droga está en su sangre, demostrando, a veces euforia, desinhibición, o una mayor autoestima, y otras, tristeza, confusión, malestar, y depresión, que, en algunos casos deriva en consecuencias fatales mucho tiempo después, ya que al parecer, las secuelas no desaparecen cuando se suspende el consumo.

Por lo que se percibe en el ambiente, resultará bastante ardua la tarea de pasar del rol de un país exportador de narcóticos, al de uno amenazado además por el consumo. Para tener en cuenta es el concepto de la Organización Mundial de la Salud, según el cual, el abuso de las mencionadas sustancias trastorna la fisiología del organismo, causándole graves daños y, generalmente altera el comportamiento, perjudicando al consumidor, a su familia y a su entorno social. En verdad, buena parte de la población teme que, de convertirse este proyecto en ley de la República, se incremente el consumo de las drogas tradicionales, despenalizadas en su dosis mínima desde 1.994, que ha subido, pero no tanto como se presumía, y el de las sintéticas incluidas en el nuevo estatuto.

La posición del mismísimo Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, quien se ha mostrado partidario con la dosis mínima también para las tan cuestionadas drogas sintéticas, partiendo de la autonomía de la voluntad, la igualdad y el libre desarrollo de la personalidad, que fueron los argumentos de la Corte Constitucional para ratificar el año pasado la dosis mínima de le las drogas tradicionales, ha recibido fuertes cuestionamientos.

De otro lado, el alto funcionario sostiene que la prohibición absoluta no sirve y que el problema se debe enfrentar con campañas educativas y con la implementación de programas de salud pública que no estigmaticen al consumidor como delincuente y, por el contrario lo ayuden a salir adelante.
Ahora, ante la intención que ciertos sectores han mostrado, de llevar a referendo la decisión de penalizar el consumo de la dosis personal, Montealegre afirma que un referendo en ese sentido, lo mismo que uno que pretenda establecer la esclavitud, serían inconstitucionales, pues, temas relacionados con el contenido conceptual de derechos fundamentales son ámbitos intangibles que no pueden someterse a esa vía y agrega que no está de acuerdo con la legalización de las drogas ilícitas ni con el tráfico de estupefacientes y que, la propuesta no conlleva que dejará de perseguirse a quien las venda o las produzca.

Bueno, en síntesis: mientras políticos y médicos se rasgan las vestiduras, los narcotraficantes seguirán siendo perseguidos, los consumidores defendidos y, los jíbaros, continuarán haciendo su agosto llenando de efímeras alegrías las narices de sus clientes y colmando de devaluados billetes los pequeños canguros en los que muertos de la erre y taradeando ´´ una flor para mascar ´´, distribuyen diariamente infinitas dosis personales, para no correr el riesgo de ser procesados…

Como siempre, en río revuelto, ganancia de…distribuidores, minoristas…

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