“Socialhablamierdismo”

marzo 25, 2013 9:13 am

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo

Hace algunos años el ágil e incisivo columnista de El Tiempo Mauricio Pombo calificaba como “neosocial – hablamierdismo” la tendencia genética de los izquierdistas de afirmar, sin inmutarse, la mayor cantidad de barrabasadas posibles. Y cuando los líderes de la izquierda no están vociferando insultos grotescos contra todos aquellos que no comulgan con su filosofía totalitaria, lo que sale es un discurso cuando no cargado de bilis, de babas. En esta columna se le da espacio a una serie de idioteces, especialmente relacionadas con el sector agrícola, de parte del ‘Papa Negro’ de la izquierda continental, Fidel Castro (En ‘cursiva’ aparecen unos breves comentarios a las sandeces que a través de los años ha afirmado Fidel):

1. “Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano por encima del de Estados Unidos y del de Rusia”. Fidel Castro -2-16-1959.? (Después de cincuenta largos años de ‘Revolución’, Cuba comparte con Haití el dudoso honor de ser los dos países más pobres del mundo y del continente, habiéndose convertido en un país mendigante, ayer de la Unión Soviética, hoy de Venezuela) ?

2. “Además, estamos ya estudiando y preparando los proyectos para desecar la Ciénaga de Zapata, con una capacidad de 15.000 caballerías de tierra (unas 240.000 hectáreas), y que cuando esté en condiciones de cultivo, va a servir de sustento a decenas de miles de familias cubanas.”-Fidel Castro – 3-15-1959.? (Cuba tiene que importar el 80 por ciento de sus necesidades alimentarias) ?

3. “En 1970 la Isla habrá de tener 5 mil expertos en la industria ganadera y alrededor de 8 millones de vacas y terneras…productoras de leche… Habrá tanta leche que se podrá llenar la bahía de La Habana con leche”. Fidel Castro 8-23-1966.? (Hay tan poca leche en Cuba que las colas para que las madres obtengan algo de leche para sus críos, son infinitas)

?4. “Cuba, en un breve tiempo se convertirá en un país exportador de petróleo” -Fidel Castro 6-18-2008.? ?(Cuba, para sobrevivir, sigue recibiendo enormes cantidades de hidrocarburos de Venezuela. De suspenderse este suministro, la isla entrará en una nueva etapa de oscuridad.)

5. “Y si ellos en la Florida han podido desarrollar una gran industria de cítricos en una tierra peor que la nuestra, no hay la menor duda de que nosotros vamos a tener una industria de cítricos superior a la industria de cítricos de la Florida. De eso no hay duda” -Fidel Castro 6-8-1968.? ?(La anterior afirmación es tan sumamente imbécil y descabellada, que sobran comentarios)

6. “Porque hay ahora ya esa conciencia, esa responsabilidad, ese conocimiento, esa organización que ya se ve en todas partes en nuestro país y que, sin duda de ninguna clase, augura éxitos aún mayores, porque de la misma manera que alcanzamos estos 6 millones de toneladas de azúcar sin duda que se alcanzarán los 10 millones en 1970”. -Fidel Castro 6-7-1965.? (Cuba, antes de Fidel, producía cerca de 10 millones de toneladas/año de azúcar; hoy, cincuenta años de Revolución transcurridos, Cuba difícilmente llega al millón y medio de toneladas)

?7. “Y nosotros tenemos que ir elevando, año por año, el rendimiento de los cañaverales, porque Cuba estaba entre los últimos países de producción de caña por hectárea, aunque en rendimiento de azúcar éramos de los primeros, pero la agricultura atrasada, sin técnica, sin fertilizantes, pues hacía que el promedio de producción por caballería fuese realmente muy bajo”.-Fidel Castro -7-26-1968. (Cuba sigue teniendo en caña una de las productividades más bajas del mundo)
? ?
8. “Parejamente se desarrollará la industria de la sucroquímica, la utilización del bagazo para hacer pulpa, y con los planes de repoblación forestal que se están haciendo, en el futuro podremos mezclar pulpa de bagazo con pulpa de madera y tendremos otro tremendo renglón de exportaciones. –Fidel Castro 6-7-1965.? (Uno sólo puede deducir que Fidel se la estaba fumando verde para decir semejantes bobadas) ?

9. No serán los 10 millones de toneladas de azúcar, sino los casi 4 millones de toneladas de miel porque parejamente se va a desarrollar también la ganadería y utilizaremos la miel como alimentación para el ganado que nos permitirá ser país exportador de carne de res”. –Fidel Castro 6-7-1965.? (Cuba tenia la mejor ganadería tropical del mundo, y había desplazado a Estados Unidos en la venta de sementales de Cebú en el Mercado de América Latina.)
10. “Y ya en el campo de la economía, nuestra agricultura estará considerablemente desarrollada para 1970, y se pondrá el énfasis fundamental del país no solo en las industrias básicas —como cemento, electricidad y otras—, sino que ya la década de 1970 a 1980 será la década de las instalaciones industriales, tanto para elaborar los productos de una agricultura desarrollada como para atender todas las necesidades de una sociedad moderna y en avance”.- Fidel Castro 1-2-1968.? (Aquí se aplica un poco la sentencia de Shakespeare: “Si los sueños fueran caballos; los mendigos cabalgarían)
?
11. “El azúcar es nuestro principal cultivo y quien quiera cualquier variedad de nuestras mejores variedades de azúcar que la venga a buscar a Cuba. Nuestra ganadería se desarrolla y no tenemos dudas de que será en el curso de pocos años una de las mejores ganaderías del mundo, porque nosotros no tememos competencia de ninguna clase, pero, además, seremos productores importantes de carne para los mercados del mundo, en cantidad y en calidad, y seremos productores importantes de cultivos tropicales, y entre los cítricos nos colocaremos entre los primeros países del mundo, y lo mismo ocurrirá con el café y con el plátano fruta y con la piña”.- Fidel Castro 1-2-1968 (Haciendo óbice de las innumerables sandeces que enarbola Fidel en tan poco espacio, la única razón por la cual a alguien se le ocurre ir a Cuba es para bañarse en sus playas)

10 Respuesta sobre ““Socialhablamierdismo””

  1. mauricio boterocaicedo en marzo 25th, 2013 9:49 am

    para identificar a la extrema derecha

    Venden la idea de que los pobres son perezosos y los campesinos, ineficientes, y tachan las propuestas de restitución o distribución de la propiedad de argucias para promover la lucha de clases.

    Como en los últimos días el presidente Santos, el diario El Tiempo y algunos columnistas hablan de la extrema derecha colombiana y de su propensión a la ilegalidad y a la violencia, sin mencionar a grupos sociales o políticos concretos o a personas de carne y hueso -incluso varios comentaristas han

    dicho que son fuerzas oscuras, inasibles, indefinibles-, quiero entregarles a los lectores un manual para identificar a estos sectores de la sociedad colombiana y para ponerles rostro a sus líderes.

    Debo confesar que no ha sido mayor el esfuerzo para compilar estas señales de identidad de la extrema derecha. En la historia reciente del país abundan las ideas, las actitudes y los hechos que permiten saber quién se ubica en esa perturbadora corriente política. Estoy seguro, además, de que quienes lean esta columna podrán agregarle nuevas indicaciones a esta lista corta y desordenada.

    Empecemos por aclarar que no es en las Fuerzas Armadas donde se encuentra el núcleo duro de la extrema derecha. Esta idea, muy difundida en la izquierda, ha sido desmentida por la realidad. En los últimos veinte años, una multitud de políticos, empresarios, líderes de opinión, han puesto la cara para defender un delirante proyecto de derecha y han encontrado un importante respaldo en la sociedad. Los militantes civiles han resultado mil veces más implacables que los vilipendiados militares.

    Se sienten más cómodos en la guerra que en la paz. Defienden la salida militar como la única alternativa y califican las iniciativas de reconciliación como ejercicios de apaciguamiento que solo sirven para envalentonar a la guerrilla. Lograron que el país concentrara su atención en la llamada amenaza terrorista y se desentendiera de otros problemas igual o más graves que el desafío insurgente. En las coyunturas de negociación se las ingenian para desatar acciones de terror o darles resonancia a las agresiones guerrilleras con el fin de crear un ambiente adverso a los acuerdos de paz.

    Han hecho la más eficaz combinación de todas las formas de lucha. Mientras la guerrilla mediante esta estrategia logró una influencia marginal en el Parlamento o en lejanas alcaldías y gobernaciones, estas fuerzas se apoderaron mediante la coacción y la muerte de una tercera parte del poder local y regional y obtuvieron una influencia decisiva en el Congreso y en el Ejecutivo Central. Fue la respuesta que le dieron a los avances democráticos de la Constitución del 91. Amparados en la teoría de la ausencia de Estado y con el pretexto de defender a la población de la agresión de las Farc y del ELN han fomentado la creación de poderosas organizaciones de justicia privada.

    Aprovechan una y otra vez los ciclos de violencia para amasar grandes fortunas y tienen una extraña obsesión por la tierra. De la confrontación de los años cincuenta entre liberales y conservadores salieron con parte de las mejores tierras cafeteras y ganaderas. Han utilizado la tortuosa guerra que vive el país desde principios de los años ochenta para entrar a saco en los recursos del Estado y para apropiarse y legalizar las rentas provenientes del narcotráfico, despojar de las tierras a millones de campesinos y meterles la mano al petróleo y a la minería. Al tiempo venden la idea de que los pobres son perezosos y los campesinos, ineficientes, y tachan las propuestas de restitución o distribución de la propiedad de argucias para promover la lucha de clases. Los que difunden aquí y allá que las organizaciones de derechos humanos son aliadas de la guerrilla, la justicia obedece a oscuros designios del terrorismo y los organismos internacionales que critican la vulneración de derechos esenciales de la población son simples portavoces de la subversión y aviesos responsables de la mala imagen de nuestro país en el exterior. Los que promovieron la campaña de exterminio de la Unión Patriótica y los magnicidios de Galán, Pizarro, Gómez Hurtado y Bernardo Jaramillo y han estigmatizado el ejercicio de la oposición y la disidencia política. Los que no le perdonan al periodismo la crítica y la independencia.

  2. luis alfonso en marzo 25th, 2013 10:08 am

    este periodista de quinta solo vomita excremento en sus columnas,con el mismo tema de siempre contra todo lo que huela a izquierda, estos idiotas utiles son los que estigmatizan y provocan el genocidio esta clase de estiercol son los peores enemigos de la paz, estos idiotas utiles de la criminal mano negra dirigida por el asesino harold bedoya y su amo el genocida y su nuevo partido del puro centro decriminales. estos asesinos de pluma al servicio de el crimen de ultraderecha.

  3. Mauricio Tarado en marzo 25th, 2013 1:00 pm

    Colombia desde su inicio como nación ha tenido la inmoralidad, la deshonestidad y la avivatada como sus defectos más notorios. La excusa de que sus conquistadores eran presidiarios y de que los virreinatos eran corruptos no es válida para una nación que quiera ser distinta de quienes la formaron, quiera vivir en paz y promover los principios humanos, civilizados y democráticos.

    Los colombianos piensan en el beneficio personal inmediato sin jamás preocuparse si ese beneficio puede tener consecuencias contraproducentes o peor que pueda afectar a los demás injustamente.

    El hecho de que a nadie le importan las consecuencias ha creado una capa de poder que mantiene y ha desarrollado la corrupción legada por sus descubridores y gobernantes coloniales, al mismo tiempo que unos estamentos sociales que en lugar de oponerse y luchar por corregir estas deformaciones prefieren recurrir a burlarse de la ley, delinquir y enorgullecerse de sus acciones.

    Los ejemplos de corrupción colombiana a todos los niveles y en todas las situaciones abundan. Una simple cola, creada para ordenar el tiempo de llegada de las personas, se convierte en un negocio donde unos vivos hacen cola sin ningún interés en el objetivo de la cola, pero con el único propósito de vender ese lugar a cualquier persona que haya llegado tarde. Cuatro cosas, entre otras, se hacen mal aquí:

    1. Se está ocupando un espacio que le pertenece a quien llegó por los objetivos de la cola, haciendo la espera de quienes siguen más larga, afectando su tiempo y provocándoles consecuencias perjudiciales.

    2. Se está vendiendo un orden que no se hizo para negocio, por lo que se está robando dinero y puntualidad a la gente, al tiempo que se destruye la función de la cola y corrompe sus funciones

    3. Se estimula al perezoso, al retardado, al que no tuvo ni la planificación ni la voluntad ni el esfuerzo de ser capaz de llegar más temprano.

    4. Se establece que el dinero reemplaza la puntualidad, que es un logro personal, y que el dinero se usa para perjudicar a otros en beneficio propio, es la misma mentalidad de quien le paga a un sicario o a un criminal, promoviendo la delincuencia, la violencia y la corrupción del país. Por ladrón y promotor del crimen cada persona que vende un puesto de una cola debe ser denunciada públicamente y echada de la cola. Estos delincuentes existen porque hay promotores de delincuencia que les pagan. Denunciar a los promotores de la delincuencia y expulsarlos de la cola es el único y mejor correctivo. Si los promotores de la delincuencia son eliminados, quienes hagan cola por dinero tendrán que salirse de la cola cuando les llegue su turno, perdiendo su tiempo y aprendiendo que la gente ha impuesto la puntualidad y la responsabilidad de su tardanza, rechazando de esta manera el abuso y el robo.

    Y tenemos a los vivos, los delincuentes que con cuentos y artimañas se colan con la aprobación de otros. Si usted llegó tarde ocupe su lugar, no hay que explicar nada, su hora de llegada determina su lugar en la cola, esa es toda la explicación, no hay nada que agregar ni tiempo que perder en oír persuasiones o discutir lo indiscutible.

    A esta categoría de vivos pertenece el dr. Álvaro Uribe, quien con los consejos comunales, sus asesores voceros, sus ministros, sus congresistas y todo el aparato de gobierno convence a la gente de que actuar ilegalmente con fines legales es plausible y lo más avispado del mundo. Todo lo que el crimen necesita es de promotores como el presidente Álvaro Uribe que les de un papel en la sociedad y que les proteja sus ganancias y corrupción.

    (continuará)

    alvaro uribe es el mejor presidente de los colombianos fascinados con lo vivo que es el crimen, con la violencia, la inmoralidad, la deshonestidad y la corrupción. Colombia es un país donde los vivos son héroes y se les erigen altares.

    Esta alta inmoralidad colombiana debe ser una etapa para superarse. Colombia merece mejor.

  4. Elvira Sonsa en marzo 25th, 2013 1:17 pm

    Sobrino del general Ricaurte goza de privilegios en la cárcel

    El familiar del director del Inpec está condenado por extorsión.

    Este lunes el sindicato del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, Inpec, denunció que un sobrino del general Gustavo Adolfo Ricaurte, recluido en la cárcel de Pasto por extorsión, goza de privilegios dentro del centro penitenciario.

    Según la denuncia, el familiar del director del Inpec tenía acceso a información privilegiada sobre los guardias y estaría «coadministrando la cárcel a su antojo».

    Gerardo Estupiñan, coordinador del departamento jurídico, explicó que al recluso se le encontraron en su celda dos discos duros que guardaban información de la guardia.

    “Tenemos información que en esos disco duros hay unas grabaciones de las instrucciones que se le imparten a la guardia en horas de la mañana antes de iniciar actividades (…) eso quiere decir que estamos hablando de una posible coadministración del establecimiento por parte del interno”, denunció Estupiñan.

    Frente a los privilegios que recibe el familiar del general Ricaurte, Estupiñan señaló que fueron encontradas varias fotografías en donde se le ve celebrando su cumpleaños al lado de varias mujeres dentro de la celda.

    “Los miembros de la guardia tienen miedo que se tomen represalias por ejercer disciplina al familiar del general. Incluso la subdirectora de la cárcel, Mónica Ramos, y el comandante de vigilancia Iván Lancheros, advierten a los guardianes que quien tome acciones será trasladado”, agregó Estupiñán.

    Hasta el momento, el general Ricaurte no se ha referido al tema que es analizado por las autoridades a partir de las denuncias entabladas por la guardia de ese centro penitenciario.

  5. Mauricio Tarado en marzo 25th, 2013 1:22 pm

    La prestigiosa etiqueta de «intelectual» es resbalosa. Quiénes son o no son los intelectuales, es un asunto de discusiones muy largas. Hay por ejemplo quienes los confunden con los académicos y otros reconocen como tales solo a los filósofos. En estos párrafos le extenderé ese título a aquellos profesionales de la opinión y el análisis vinculados o habitualmente tenidos en cuenta por las grandes empresas periodísticas nacionales e internacionales. Casi todos se dicen independientes y la mayoría de ellos funciona como una retaguardia de la derecha global, justamente volcada hacia el mantenimiento de la geocultura del capitalismo del siglo XXI.

    Después de fallecido, Hugo Chávez está ganando sus batallas póstumas, aunque nadie puede predecir hasta cuando lo hará. El proceso hacia el socialismo en Venezuela apenas da sus primeros pasos y su fragilidad es enorme. Quizá sin proponérselo, el Chavismo, que no es propiamente un ideario o un cuerpo teórico desarrollado, tiene desbaratada a esa retaguardia intelectual mediática que está cubriendo los primeros días de la Venezuela sin su máximo conductor. A pesar de que la muerte de ese personaje estaba tan segura y tan próxima, nadie se preparó seriamente para analizarla y menos aún, para entender este otro «caracazo» que todavía está ocurriendo alrededor del cadáver del comandante y se prolongará por lo menos hasta la posesión en propiedad de Nicolás Maduro como nuevo jefe de estado. Ante el desconcierto que les ha producido la millonaria multitud adolorida y el desfile de mandatarios y líderes de todo el mundo ante el féretro de Chávez, no han tenido más remedio que echar mano de la telenovela, las suposiciones ligeras, las intuiciones y las premoniciones dictadas por el deseo. Mientras más traídas de los cabellos son sus profecías, más «científicos» se creen a sí mismos tales analistas de la Venezuela bajo el mando de Maduro.

    Lo que esa intelectualidad no entiende o prefiere no entender, es el asunto fundamental del proceso de transformación social que hoy vive el país vecino, que consiste en el surgimiento de un nuevo sujeto político, que aunque hoy se denomina Chavismo, es anterior a la primera posesión presidencial de Chávez en 1999; incluso anterior a la rebelión militar fallida de 1992 que lo lanzó a la escena pública nacional. Ese sujeto es una fuerza popular heterogénea y multisectorial, principalmente urbana, que en febrero de 1989 salió a las calles de Caracas en rebelión contra las medidas económicas que el presidente Carlos Andrés Pérez quería tomar obedeciendo las directrices del Fondo Monetario Internacional. Ese, el «caracazo», fue el alzamiento que rompió fuegos en América Latina contra las políticas neoliberales que luego se llamaron «Consenso de Washington» y que ya entraban en vigencia en todo el subcontinente.

    Ese sujeto político, derrotado temporalmente por las balas oficiales, se fortaleció notablemente en 1992 cuando un grupo de militares nacionalistas, con el joven Chávez a la cabeza, salió a su encuentro e intentó, también fallidamente, un golpe de estado contra el mismo presidente Pérez. Luego de la intentona, el comandante entró a la cárcel pero también al corazón de los venezolanos de a pié, que esperaron su salida para llevarlo al Palacio de Miraflores en 1999 y tres veces más en lo sucesivo.

    No es necesario seguirle el hilo a toda la historia venezolana de los últimos catorce años. Lo importante es recalcar que el sujeto central de todos los avatares sociales, económicos, políticos y culturales del vecino país, es esa multitud de seres humanos que ha sido capaz de torcerle el brazo a la oligarquía voraz que la asfixiaba, ganando elecciones, tomándose las calles, defendiendo a su líder cuando ha estado en peligro, garantizando el orden y la paz, como lo hizo durante el sepelio de su líder, en fin, defendiendo un proyecto político que considera propio, construyendo su propio futuro.

    Ese sujeto político en movimiento, lo vio el mundo entero en las pantallas de televisión en los días recientes, pero los analistas al servicio de los emporios mediáticos no lo vieron, no fue tema de sus análisis ni entraba en sus premoniciones. Más bien, exhibían su desprecio por las gentes humildes insinuando que eran masivamente engañadas o compradas con migajas que les tiraba el régimen bolivariano. Las personas comunes que fueron entrevistadas directamente por los periodistas, lo que expresaron en medio de su conmoción fue la lealtad a su proyecto y al legado político de Chávez, la seguridad colectiva en sí mismos y en su futuro como pueblo. Es decir, lo que las gentes declararon al mundo desde las calles Caraqueñas, es que eran un poder capaz de decidir el futuro de su nación, que ahora tenían patria y no se la iban a dejar quitar.

    Las aves de mal agüero que siguen revoloteando sobre Caracas, acumulan argumentos sobre la supuesta catástrofe económica que espera a Venezuela en los próximos días. Repasan todos los indicadores macroeconómicos y todos los encuentran por el suelo: el PIB, la inflación, la devaluación, la revaluación, la tasa de cambio, la balanza de pagos, las inversiones, el déficit fiscal, los precios del petróleo, etc. Los indicadores que no quieren mirar -son economistas muy raros- son los indicadores sociales; ni el empleo, ni el salario mínimo, ni la salud, ni la educación, ni la vivienda, ni la pobreza, ni la equidad, ni nada que les rompa los prejuicios ideológicos sobre las luchas de los pobres contra la explotación capitalista. No obstante, las proyecciones negativas sobre la economía de Venezuela tienen un problema: son las mismas desde que en 1999 Hugo Chávez asumió la presidencia. Según nuestros analistas hace catorce años el vecino país anda al borde del precipicio; nunca han cambiado su libreto pero tampoco explican por qué esa economía sigue de pié con los mejores indicadores sociales de América Latina.

    Calacrca / Semanario Voz

    El otro paquete de previsiones negativas, podríamos llamarlo «político», pero con minúscula. Con minúscula porque el sujeto político central del proceso de cambio, la mayoría popular organizada y empoderada, ha sido borrada de los análisis, y al borrarla, se abre el espacio necesario para el juego de rompecabezas que les gusta practicar a ciertos politólogos, que reducen su disciplina académica y su oficio a un relato sobre carismas, perfiles, modales y subjetividades de los individuos que según ellos, determinan la vida de las naciones. De esa manera nos anuncian a diario que el Chavismo volará en pedazos porque Maduro no es Chávez, porque Cabello no es Maduro, porque X no es Y, o porque las diferencias perjudican y a ellas sobreviene el caos. Su sueño es que esa revolución no amanezca, como aspira Mario Vargas Llosa: «Una cosa sí es segura: ese híbrido ideológico que Hugo Chávez maquinó, llamado la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI comenzó ya a descomponerse y desaparecerá más pronto o más tarde, derrotado por la realidad concreta, la de una Venezuela, el país potencialmente más rico del mundo, al que las políticas del caudillo dejan empobrecido, fracturado y enconado, con la inflación, la criminalidad y la corrupción más altas del continente, un déficit fiscal que araña el 18% del PIB y las instituciones -las empresas públicas, la justicia, la prensa, el poder electoral, las fuerzas armadas- semidestruidas por el autoritarismo, la intimidación y la obsecuencia» (El País.com, marzo 10/13).

    Tanta desorientación de ese tipo de intelectuales, no solo se debe a sus prejuicios ideológicos. También se debe en gran medida a su formación en las doctrinas de la guerra fría, que los dejaron sin armas para entender los cambios sociales propios del siglo XXI. Hay particularmente tres fenómenos que no tienen cabida en los cerebros de esos escritores:

    1. No aceptan que los cambios sociales profundos ocurridos en un país del tercer mundo, hayan transcurrido sin violencia alguna. Todos los que se han preparado desde sus universidades para tildar de violentos a los pobres cada vez que alzan su voz, andan confundidos buscando los supuestos actos de guerra y agresión del Chavismo contra sus opositores. Para ellos todo acto de violencia deslegitima las causas sociales, y hasta aquí tienen razón. Pero cuando esas causas triunfan sin derramamientos de sangre, salen a decir que son espurias, manipuladas y productos del engaño.

    2. Siguen paralizados en la lucha contra el ateísmo. Están confundidos porque Maduro besa un Cristo o porque los rituales de la muerte sean católicos. Tienen en sus mentes el estereotipo de la revolución atea militante e irreverente. No creen que América Latina pueda inventar un socialismo diferente al de 1917, un socialismo pluralista que respeta las libertades y en lugar de excluir, integra en su proyecto a todas las identidades nacionales de orden religioso, étnico, territorial, racial, sexual, etc.

    3. Continúan en la cruzada universal contra el marxismo-leninismo y sus dogmas del siglo XIX-XX. La Izquierda latinoamericana se distancia cada vez más de los dogmas eurocentristas para idear soluciones propias a sus propios problemas, pero los analistas-periodistas siguen disparando al aire contra los fantasmas que conocieron en sus universidades y aún los acompañan. Están convencidos que el Chavismo es una especie de «partido del proletariado» minoritario que se mantendrá en el poder a punta de purgas y de aparatos de policía secreta.

    Toda esta literatura mediática que nos bombardea por estos días, desnuda más que el pensamiento mítico de una parte del pueblo Chavista, los fantasmas y los prejuicios de la intelectualidad de derecha respecto a los procesos democráticos y populares que caminan por América Latina. Por fortuna para ellos, aunque están prestos a negarlo o no entiendan por qué, el proceso político venezolano tiene poderosas amenazas en el mediano plazo, que están asociadas principalmente al poderío tecnológico militar de los Estados Unidos y la capacidad que aún mantiene de desestabilizar los regímenes latinoamericanos a través de las burguesías nacionales y el concurso de las grandes empresas periodísticas que cubren el subcontinente.

    La amenaza al régimen Chavista sigue siendo fundamentalmente externa, amén de las conexiones entre la oposición, el autoexilio de Miami y los republicanos del país del norte. De suerte que la agenda internacionalista de la administración Maduro tiene tareas defensivas absolutamente prioritarias que implican la consolidación de la institucionalidad internacional latinoamericana recién fundada.

    Una de las estrategias más antiguas del poder para luchar contra los movimientos antisistémicos en todo el mundo y buscar su derrota, es separarlos de sus líderes, mediante variadas tácticas que van desde la cooptación hasta la violencia contra ellos. La derecha global acudió a tales armas cuando repetidas veces intentó deslegitimar a Chávez y mostrarlo como un charlatán megalómano. Nunca lo logró y muchos de sus líderes lo reconocieron cuando se desplazaron a Caracas y respetuosos se pararon frente a su cadáver. Pero más allá del individuo, es la enorme masa de seres humanos que creen en sí mismos, la que podrá continuar las tareas que trazó el dirigente. Chávez cumplió una misión histórica para un momento histórico, que necesitó de su carisma y su condición física y mental individual. Para un momento histórico diferente como el que se inicia, serán necesarios otros líderes con otras condiciones y otras subjetividades adecuadas al momento y a las tareas de la nueva agenda. Es decir, la historia no se detendrá a esperar que nazca un nuevo Hugo Chávez. Indudablemente que la personalidad individual tiene un lugar importante en la historia, pero esta no llora muertos sino que los memoriza cuando sus pueblos los reconocen como verdaderos conductores.

    Todos los hombres somos diferentes los unos de los otros. Igualmente los grandes líderes y los movimientos a los cuales se deben: chavismo, peronismo, gaitanismo y otros «ismos» son realidades históricas tan disímiles como sus pueblos, sus países, sus épocas y sus retos. Son realidades históricas porque se encarnaron en sujetos políticos colectivos y específicos. No reconocer a tales sujetos es renunciar a todo rigor y abrazarse a la trivialidad

  6. Arturo en marzo 25th, 2013 3:27 pm

    Pongase a hacer algo util por el pais, en vez de estar escribiendo basura calvo malparido.

  7. Maria Elvira Samper en marzo 25th, 2013 9:23 pm

    «El odio ensucia la vida»

    Por: María Elvira Samper

    “Lo que está en juego en La Habana no son las Farc, ni el presidente Juan Manuel Santos, ni la oposición a él, sino la posibilidad de vivir como seres humanos”, dijo hace pocos días el padre Francisco de Roux, provincial de los jesuitas, en un diálogo mañanero con RCN Noticias. Lo dijo con su voz suave, casi un susurro, y con la autoridad moral de quien carece de agenda política y ha trabajado sin tregua por la paz, siempre del lado de los más vulnerables, los campesinos, aquellos que han pagado el mayor costo de la guerra. Y señaló que los odios, los señalamientos y las divisiones hacen difícil el trabajo de la reconciliación, y que si no hay disposición para el perdón, los colombianos no vamos salir de la guerra.

    Desde otra orilla, la de los laicos, y con la mirada no del pastor sino del analista político, Álvaro Forero escribió, en su columna del pasado lunes en este diario, que la oposición del uribismo a las conversaciones de La Habana es visceral, hecha con odio, “la vieja receta del caudillismo y el populismo latinoamericanos”, y que si persiste en asociar la búsqueda de la paz con traición y entrega al terrorismo, el país no podrá tomar una decisión razonable, y la oportunidad de un cambio histórico terminará a merced de las mezquindades electorales.

    Uno y otro, el sacerdote y el laico, coinciden en que el odio —una de la pasiones más básicas y primarias del ser humano— es un obstáculo para la reconciliación. Lamentablemente, odio destilan los trinos y declaraciones del expresidente Uribe que, víctima del síndrome de abstinencia del poder y muy lejos de la estatura de un estadista responsable, ha renunciado a la crítica racional y razonada, y mediante la apelación al odio y a la agitación en un país que no aguanta más muertos ni más años de violencia, le apuesta sin poder al fracaso del proceso con las Farc. El discurso del odio, directo, sencillo y sin matices, no reconoce contradictores sino enemigos, juega con el miedo de la gente y alimenta la intolerancia e incita a la hostilidad y a la violencia, pero es muy rentable en términos políticos. Uribe lo sabe y, a sabiendas, juega con candela, pues si bien es cierto que no siempre es posible demostrar la relación causa-efecto entre lenguaje violento y actos violentos, su dinámica tiene consecuencias serias para la política, porque la envenena, y para la convivencia, porque la intoxica.

    Por fortuna no todas las víctimas del conflicto siguen por el camino incendiario del odio, y dan prueba de que la reconciliación es posible si hay disposición para dejar de lado las diferencias. No obstante que están en orillas ideológicas distintas, José Jaime Uscátegui (hijo del general Jaime Humberto Uscátegui, condenado por la masacre de Mapiripán) y José Antequera (hijo del dirigente de la UP asesinado en un atentado en el aeropuerto de Bogotá) ven posible el final del conflicto, apoyan el proceso de La Habana y para demostrarlo proponen un gran acuerdo nacional —y generacional— para erradicar la violencia como instrumento político (ver http://www.arcoiris.com.co). Uno y otro, en busca de puntos de encuentro y de reconciliación, han depuesto el odio y desechado la línea fácil de los mutuos señalamientos. Lástima que voces temperadas como las suyas no tengan el mismo eco que tienen las estridencias del discurso apasionado del odio de los que insisten en la guerra y se oponen a las conversaciones de paz. Bien dijo el papa Francisco en la homilía con la que inauguró su pontificado: “El odio ensucia la vida”.

  8. Elvira Sosa en marzo 26th, 2013 9:32 pm

    Uds. ALGUNA VEZ HAN ESCUCHADO A LOS — IZQUIERDOSOS —- HABLAR QUE HAY TRABAJAR Y ESFORZARSE Y POR MUCHOS AÑOS, PARA TENER ALGO EN LA VIDA ?????Los han oido HABLAR de que hay que coger la Pica, La Pala, La Rula y el Azadon y agacharse, madrugar y salir tarde del trabajo?? Pues NO!!!!! pero si hemos ESCUCHADO, de estos ZANGANOS de la socieda que CUBA, es un EJEMPLO a Seguir, cuando, CUBA simplemente ha vivido de la LIMOSNA y CARIDAD INTERNACIONAL- de Rusia, de Venezuela, del Terrorismo, de grupos guerrilleros, del valor AGREGADO del Narcotráfico, etc.- y los CASTRO son simplemente unos ^^ DELINCUENTES INTERNACIONALES ^^ que han FUSILADO y ASESINADO ^^ dentro y fuera de CUBA más gente que todos los DICTADORES de Latinoamérica juntos. Con el cuento de instalar el ^^ COMUNISMO ^^ ha exportado el ^^ ODIO y la LUCHA de CLASES ^^ en LATINOAMEERICA, con el discurso de QUITARLE al que TIENE, procreando con ello la PEREZA y la ILUSIÓN de vivir del ESFUERZO y TRABAJO de los demás, matando de paso la INICIATIVA del DESARROLLO y la CREACION de la RIQUEZA base fundamental para atacar la POBREZA. En Resumen los CASTRO solo han llevado a cabo en sus ^^ 50 AÑOS de DICTADURA ^^ el REPARTO EQUITATIVO de la MISERIA en el INDEFENSO y EMPOBRECIDO pueblo de CUBA !!!!!! Ese es el MODELO a seguir??????
    http://www.aguadadepasajeros.bravepages.com/cs/fusilado.htm

  9. Elvira Sosa en marzo 31st, 2013 1:16 pm

    ¡Expresidentes al ataque!

    Aunque nadie lo esperaba, Uribe y Pastrana están del mismo lado: en guerra contra el proceso de paz.

    Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos y Andrés Pastrana.

    En materia presidencial hay una regla inalterable: a ningún presidente le gusta ni su antecesor ni su sucesor. Por esto la historia de Colombia se ha caracterizado por titánicas peleas entre sus exmandatarios. Sin embargo, pocos enfrentamientos han sido tan agrios como el que había tenido lugar entr

    e los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana.

    El fracaso del Caguán y el éxito de la seguridad democrática marcaron un nivel de animadversión aparentemente irreconciliable entre estos dos personajes. Por eso no deja de sorprender que en estos momentos Uribe y Pastrana estén alineados por una causa común: su enemistad con el presidente Santos.

    Lo que llama la atención es que el actual presidente fue ministro estrella de ambos. Como ministro de Hacienda en el gobierno de Andrés Pastrana jugó un papel clave para evitar el colapso de la economía colombiana en la peor crisis que había enfrentado el país desde la gran depresión de los años treinta.

    Y en el gobierno de Álvaro Uribe fue el copiloto de la estrategia de seguridad que condujo a los golpes más contundentes contra la guerrilla en los últimos 50 años. Por eso despierta cierta incredulidad que los dos antiguos jefes de Santos, odiándose entre ellos, parecen por ahora odiar aún más a su antiguo compañero de lucha.

    El meollo de toda esta bronca es el actual proceso de paz. Uribe se siente traicionado por quien esperaba fuera su sucesor en la guerra contra las Farc. Pastrana alega que Santos no tiene un mandato de los colombianos para hacer la paz, como el que él recibió en las elecciones de 1998. A esto se suman otras consideraciones.

    Para el presidente de la seguridad democrática los diálogos con la guerrilla son una capitulación al terrorismo, que no solo ha aumentado la inseguridad en el país sino que va a desembocar en la impunidad para sus cabecillas. Para Pastrana la negociación de La Habana se está realizando a espaldas del país y sin un consenso nacional, lo cual lo lleva a pensar que Santos va a entregar demasiado en su afán de reelegirse.

    Las dos posiciones tienen algo de validez, algo de incoherencia y un poco de oportunismo. Para la opinión pública tiene más autoridad moral Uribe que Pastrana para oponerse a un proceso de paz. El exmandatario es asociado con los éxitos de la guerra y su imagen de hombre de mano dura está en la mente de todos los colombianos. Sin embargo, aunque no es de conocimiento nacional, al final de su segundo cuatrenio su gobierno estaba discretamente explorando la posibilidad de dialogar con la guerrilla.

    Su hombre de confianza para esa misión fue el entonces alto comisionado para la Paz, Frank Pearl. El mismo a quien Santos le habría encargado la misma misión cuando llegó a la Presidencia. Por lo tanto no es muy fácil de entender por qué es aceptable que Pearl tenga acercamientos con las Farc a nombre de un gobierno y no de otro.

    Tampoco es muy comprensible la indignación de Uribe ante la alta dosis de impunidad que tendría un eventual acuerdo en La Habana. En su gobierno se requirieron dosis comparables para desmovilizar a los paramilitares. Aunque habían cometido múltiples y evidentes delitos de lesa humanidad, se les ofreció para su entrega una fórmula jurídica bastante benévola. Incluía penas de cárcel de máximo ocho años, un compromiso con la verdad que no cumplieron y una reparación a las víctimas que hasta ahora ha sido insignificante y que probablemente nunca llegará.

    Hoy la mayoría de esos jefes están presos en Estados Unidos, pero no como consecuencia de la negociación original sino por seguir en el negocio del narcotráfico desde la cárcel. En todo caso el hecho es que Uribe, para desmovilizar un ejército de miles de hombres armados, tuvo que darles un tratamiento pragmático a través de un mecanismo de justicia transicional, y eso es exactamente lo que le está criticando ahora a Juan Manuel Santos.

    La oposición del expresidente Pastrana es menos presentable y más incoherente. Teniendo en cuenta que le apostó a terminar el conflicto armado a través de un acuerdo de paz con Tirofijo, no tiene mucha credibilidad que ahora se haya convertido en el enemigo de un gobierno que está haciendo un esfuerzo similar en la búsqueda de las mismas metas.

    Y si se compara proceso contra proceso, él tiene todas las de perder. El del Caguán tuvo despeje, no tenía agenda y fracasó. El de Santos, aunque enfrenta un gran escepticismo, es más estructurado, se ha llevado a cabo sin mayores concesiones y ha contado con una agenda delimitada. Si las negociaciones llegan a romperse, las Farc no habrán acabado más fortalecidas de lo que estaban al inicio, cosa que sí sucedió con el proceso anterior.

    Otro elemento que no convence mucho de la andanada del expresidente Pastrana es el cuento de que él sí tenía un mandato de los colombianos para hacer la paz, pero Santos no. Ese es un argumento acomodaticio que tiene más validez en boca de Uribe, quien esperaba que su sucesor fuera guerrerista como él. La mayoría de la opinión pública compartía esta expectativa, pero parte de las responsabilidades de un líder político es calibrar situaciones y diseñar nuevos rumbos, por impopulares que sean.

    Santos llegó a la conclusión de que los triunfos militares de Uribe habían creado las condiciones para una negociación que pusiera fin al conflicto. Esto lo hizo en contra de la opinión pública que en ese momento respaldaba la continuidad de la política de seguridad democrática. Pero siempre se ha sabido que el final del conflicto iba a ser en la mesa de negociación y no en el campo de batalla, por lo tanto en el fondo lo único que hizo fue adelantar algo que iba a suceder eventualmente.

    Hay que tener en cuenta, sin embargo, que detrás de estas críticas al proceso de paz lo que hay a estas alturas es un grado enorme de animadversión personal entre todos los protagonistas. Uribe odia intensamente a Santos y está bien correspondido. Y Pastrana y Santos, quienes tenían un distanciamiento por cuenta de algunas diferencias, a partir de esta semana se odian tanto como Santos y Uribe.

    Este último había puesto un punto muy alto en materia de agresividad e incontinencia verbal expresidencial. Desde que llamó al primer mandatario “canalla” a comienzos de año parecía difícil de superar. Sin embargo, lo que dijo la semana pasada sobre su antiguo colaborador, aunque menos crudo en las palabras, pudo haber sido más ofensivo. Ante las cámaras de televisión señaló que: “Santos no fue ministro de Defensa sino de aprovechamiento político”.

    Y en respuesta a una entrevista que Enrique Santos le dio a La Silla Vacía, arremetió contra la familia del jefe de Estado en los siguientes términos: “Les gusta el poder, la Presidencia, la prensa, la Fedecafé, el dinero, son indiferentes con el pueblo y permisivos con terroristas”, y luego agregó: “Socialbacanería: burguesía amiga del poder y del dinero, perezosa y contemplativa, feliz con lenguaje castrista”. Y como si esto fuera poco el expresidente Pastrana no cayó tan bajo pero casi. Por haber defendido el proceso de paz de Santos de las acusaciones de Pastrana, este último llamó al actual ministro del Interior, Fernando Carrillo, “camarero de Pablo Escobar” haciendo referencia a su responsabilidad en el escándalo de la cárcel La Catedral. Y del otro escudero del gobierno, el exgerente de la Federación de Cafeteros y exministro Gabriel Silva, dijo palabras más, palabras menos que se creía Juan Valdez pero se parecía más a la mula Conchita.

    En el mundo de los expresidentes los desaires son considerados ofensas imperdonables. De pronto si Santos no hubiera nombrado ministros a Germán Vargas o a Juan Camilo Restrepo o si no se hubiera reconciliado con Chávez y Correa, a Uribe no le indignaría tanto este proceso de paz. Y de pronto si Santos no hubiera tratado de hacer públicas las actas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores o no hubiera nombrado a Mónica de Greiff en la Cámara de Comercio, Pastrana no hubiera estallado. El expresidente la acusa de haber recibido la plata del Cartel de Cali, en las elecciones de 1994 que él perdió contra Samper. Esa afirmación es inexacta pues es de conocimiento general que a ella la sacaron de la campaña para reemplazarla por Santiago Medina, quien confesó haber negociado con el Cartel de Cali y acabó en la cárcel por eso.

    Aunque Uribe y Pastrana no funcionaban en forma concertada, la escalada de cada uno de esos frentes llevó a que los dos le declararan la guerra a Santos en donde es más vulnerable: el proceso de paz. La meta de ellos, ya sea por convicción o por envidia, es que Santos fracase. Todavía no es seguro que logren su objetivo, pero lo que es indudable es que han hecho mucho daño.

    La mayoría de los colombianos no tiene mucha fe en el proceso de paz. Esto se debe en buena parte al ascendiente que tiene el expresidente Uribe sobre la opinión pública y a la feroz campaña que ha emprendido contra esas negociaciones. Ahora se suma a la causa el expresidente Pastrana, cuyas declaraciones hacen un ruido que contribuye a aumentar el ambiente de pesimismo que rodea la mesa de La Habana. En materia de oposición expresidencial las sumas no son aritméticas sino exponenciales. En otras palabras, la gavilla de dos expresidentes unidos es un asunto explosivo.

    De los distintos ataques de Uribe y Pastrana al proceso de paz hay dos elementos que han calado en la opinión pública. Uribe ha martillado una y otra vez el concepto de que se está consagrando la impunidad porque ninguno de los jefes guerrilleros va a pagar un solo día de cárcel. Y Pastrana por su parte alerta sobre los peligros de negociar la paz en medio de una campaña reeleccionista, pues eso deja a las Farc con el sartén por el mango en cuestión de exigencias y concesiones. Esos dos argumentos tienen cierta validez y han desacreditado mucho el proceso.

    El primero, el de la impunidad, es una realidad y un prerrequisito para todos los procesos de paz exitosos que terminan en una mesa de negociación. Aunque seguramente no habrá lo que se considera técnicamente una amnistía o un indulto, sí se aplicarán fórmulas como la suspensión de penas, por decir un ejemplo, que en la práctica mantendrían a los jefes guerrilleros por fuera de las cárceles. Aunque las altas dosis de impunidad indignan a la sociedad, es un sapo que toca tragarse en los procesos de reconciliación en los cuales cada una de las partes tiene su justificación para haber sido protagonista del conflicto. Más complicado que las gavelas jurídicas que van a ser aplicadas va a ser el tema de la participación política.

    A los colombianos no les va a gustar ver a Timochenko o a Iván Márquez en el Congreso. Y ese es precisamente otro de los elementos que inevitablemente contienen todos los acuerdos de paz. Nelson Mandela, quien pasó 27 años en la cárcel, salió de su celda a la Presidencia de la República.

    Eso no es previsible que suceda en Colombia pero lo que sí podría suceder es algo parecido a lo que se dio con el M-19. A pesar de los horrores como el de la toma del Palacio de Justicia, exguerrilleros desmovilizados como Antonio Navarro, Gustavo Petro y muchos otros han dejado las armas y forman parte de la sociedad civil y del mundo político sin grandes resistencias.

    Navarro fue un gran gobernador de Nariño y Petro brilló en el Senado. La debacle de Petro en Bogotá lo ha vuelto enormemente impopular, pero no por exguerrillero sino por su gestión. Más importante para que se acabe el conflicto armado no es tanto impedir que los guerrilleros desmovilizados hagan política, sino garantizar que no los maten. El exterminio de la Unión Patriótica, con líderes como Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo asesinados, constituye con razón una de las principales preocupaciones no solo para las Farc sino para el gobierno. Afortunadamente los tiempos del paramilitarismo ideológico y armado de forma organizada han quedado atrás.

    Y si a Uribe le obsesiona la impunidad a Pastrana le pasa lo mismo con los riesgos de negociar en medio de una reelección. Sorprende que quien esgrima esa tesis sea él, que pudo ganar las elecciones de 1998 gracias a que su representante, Víctor G. Ricardo, se hizo fotografiar con Tirofijo, lo cual fue interpretado como una señal de voluntad de paz de las Farc en plena campaña electoral. Como en esa oportunidad la guerrilla definió la elección, la inquietud del expresidente es legítima en el sentido de que eso pueda volver a ocurrir. Lo que él quiere decir en el fondo es que si el proceso de paz fracasa durante este año Santos no saldría reelegido y que para asegurar la firma de un acuerdo puede entregar más de lo que es aceptable.

    La presunción de que el presidente de la República podría anteponer sus ambiciones electorales al interés nacional tiene algo de temeraria para quienes lo conocen, pero conceptualmente sí deja un interrogante. Santos, consciente de que no es conveniente que las elecciones coincidan con las negociaciones de paz, fijó la fecha de noviembre como límite. Esta, sin embargo, es problemática para la guerrilla pues sería demasiado tarde para permitirles participar en las elecciones de 2014. Algunas fórmulas creativas tendrán que ser diseñadas para superar este impasse.

    En todo caso, a pesar de la caída del gobierno en las encuestas y del escepticismo que existe alrededor del proceso de paz, este va por buen camino. Seguramente no será perfecto ni será la panacea que desaparecerá los grandes problemas del país. El resultado final no le gustará ni a Uribe ni a Pastrana pero tampoco al establecimiento y a la guerrilla. Así de frustrantes son los acuerdos que ponen fin a los conflictos cuando son negociados y no el producto de una victoria militar. A pesar de que la inseguridad y el narcotráfico no van a desaparecer, a Colombia sin duda alguna le iría mucho mejor sin una guerra civil. Al final de cuentas el Plan Colombia y la seguridad democrática también buscaban esto. La firma de la paz en el fondo representa el triunfo de esas dos estrategias. Los dos expresidentes por lo tanto no tienen por qué estar tan indignados.

  10. Fidel en diciembre 2nd, 2013 8:01 am

    Deja de llorar por los más Ricos, que los pobres lloran sus pobrezas así sean repartidas entre ellos y no ver a unos cuantos Hp, disfrutar la riqueza Solos, cada quien sigue su ideología y si la q gobierna no es la suya, tiene que luchar para quitarla o aguantarsela, sea derecha, socialista, comunista, dictatorial como la llamen así es el mundo en que nos toco vivir.

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