¿El fin del libro impreso?

julio 16, 2013 8:03 pm

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo

Según reza la leyenda cuando a Mark Twain le mostraron la esquela funeraria de su propio entierro se limito a observar que la noticia, siendo interesante y para algunos atractiva, era prematura.

La segura y no muy lejana desaparición del libro impreso (cuya masificación por Guttemberg, un impresor alemán en el siglo XV, dio inicio a dos de los principales acontecimientos de la historia, la ‘Reforma’ y el ‘Renacimiento’) ha sido anunciada a cuatro vientos. Y no solo los libros impresos gozan de excelente salud, sino que cada día se vislumbra más cercana la posibilidad de imprimir en las librerías de barrio (y en un futuro en la casa) los libros en papel. La revolución digital, informática, y de comunicaciones va a hacer que un libro de centenares de páginas se pueda imprimir, armar, y entregar en cuestión de minutos.

¿Y porqué el libro en papel se niega a desaparecer, a pesar del éxito relativo de los llamados libros electrónicos ‘tablets’ y del ‘Kindle’? No hay una sola razón y puede ser interesante enumerar de manera desordenada una serie de ellas:

– Al libro de papel no se la acaba NUNCA la pila.
– Nada más agradable que acariciar y oler un libro nuevo; y mirar con detenimiento la caratula y las impresión.
– Pocas cosas más placenteras que visitar una ‘ Librería’; y ojear con holgura los diferentes libros que quisiera uno quisiera eventualmente leer.
– No hay elemento que decore más una sala, un dormitorio, y obviamente a una biblioteca, que los libros impresos.
– Los libros se pueden regalar, mientras que el regalo de un ‘tablet’ es más oneroso.
– Los libros de papel se pueden heredar, mientras que los libros electrónicos (de acuerdo con el marco legal vigente en EE.UU) desaparecen cuando el comprador fallece.
– En la playa la arena no le hace ningún daño al libro. Sin embargo, pone en peligro a las ‘tablets’.
– Los libros de papel se prestan para subrayar en lápiz, borrando si se quiere lo hecho.
– Balancear una mesa con un libro es sencillo; hacerlo con un ‘Kindle’, imposible.
– Pararse encima de varios libros para alcanzar una repisa es factible; pararse encima de varios ‘tablets’ es peligroso.
– En caso de extrema necesidad se puede quemar un libro para prender la chimenea. Prender la chimenea con un ‘tablet’ es temerario.
– Se puede untar veneno en cada una de las páginas de los libros impresos, como hacían los italianos del Renacimiento. La untada de veneno en la pantalla de un ‘Kindle’ no parece ser realista.

Pero por otro lado no se puede desconocer cuatro enormes ventajas de los libros electrónicos:
– En menos de doscientos gramos (el peso de un ‘Kindle’) se pueden almacenar más de tres mil libros.
– Para leer estos tres mil libros no es necesario talar un solo árbol, ni siquiera un arbusto.
– Los libros electrónicos llevan diccionario incorporado, lo que hace la lectura de cierto tipo de textos bastante más sencilla.
– Los fanáticos de este mundo – como los comunistas, los fascistas, y los inquisidores de variado plumaje, censuradores por antonomasia – a través de la historia lo único que han hecho es quemar libros que no comulgan con sus postulados. Mandar a quemar libros electrónicos, aparte de ser casi imposible, es ridículo.

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