¡Viva Uruguay!

enero 13, 2014 6:21 pm

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo

En algunos temas, principalmente relacionadas con su pasado y el amor injustificado que le profesaba al finado Chávez, no comulgo del todo con don José Mujica, el presidente de Uruguay. Pero don José indiscutiblemente es todo un carácter: simpático en extremo, bebedor empedernido, ciertamente deslenguado, y sin vacilar bastante mamertongo, es el uruguayo una de esas personas con las cuáles a uno le encantaría departir toda la noche en un bar con varias botellas de ron entre pecho y espalda. Me encanta de don José varios temas: su irreverencia acerca de la petulancia de los Kirchner en la vecina Argentina; su insistencia en desplazarse en un hermoso ‘Volkswagen escarabajo’ que mantiene hace 40 años; su respeto a los dineros de los contribuyentes bajándose el mismo el sueldo de presidente; su insistencia en viajar es en aerolíneas comerciales en clase ‘turista’, sin hacerse acompañar en cada viaje a una recua de lagartos y sabandijas; y sobretodo su actitud franca y corajuda frente a la legalización de la marihuana.

En este articulo quisiera reproducir varios apartes del magnifico escrito de Mario Vargas Llosa sobre este tema, escrito originalmente publicado en el diario ‘El País’ de España hace unos pocos días.

“Ha hecho bien ‘The Economist’ en declarar a Uruguay el país del año y en calificar de admirables las dos reformas liberales más radicales tomadas en 2013 por el Gobierno del presidente José Mujica: la legalización y regulación de la producción, la venta y el consumo de la marihuana.

Es extraordinario que ambas medidas, inspiradas en la cultura de la libertad, hayan sido adoptadas por el Gobierno de un movimiento que en su origen no creía en la democracia sino en la revolución marxista leninista y el modelo cubano de autoritarismo vertical y de partido único. Desde que subió al poder, el presidente José Mujica, que en su juventud fue guerrillero tupamaro, asaltó bancos y pasó muchos años en la cárcel, donde fue torturado durante la dictadura militar, ha respetado escrupulosamente las instituciones democráticas —la libertad de prensa, la independencia de poderes, la coexistencia de partidos políticos y las elecciones libres— así como la economía de mercado, la propiedad privada y alentado la inversión extranjera.

La represión no ha funcionado, y el narcotráfico es hoy el factor principal de la corrupción en América Latina. Respecto a las drogas prevalece todavía en el mundo la idea de que la represión es la mejor manera de enfrentar el problema, pese a que la experiencia ha demostrado hasta el cansancio que no obstante la enormidad de recursos y esfuerzos que se han invertido en reprimirlas, su fabricación y consumo siguen aumentando por doquier, engordando a las mafias y la criminalidad asociada al narcotráfico. Este es en nuestros días el principal factor de la corrupción que amenaza a las nuevas y a las antiguas democracias y va cubriendo las ciudades de América Latina de pistoleros y cadáveres.

¿Será exitoso el audaz experimento uruguayo de legalizar la producción y el consumo de la marihuana? Lo sería mucho más, sin ninguna duda, si la medida no quedara confinada en un solo país (y no fuera tan estatista) sino comprendiera un acuerdo internacional del que participaran tanto los países productores como consumidores. Pero, aun así, la medida va a golpear a los traficantes y por lo tanto a la delincuencia derivada del consumo ilegal y demostrará a la larga que la legalización no aumenta notoriamente el consumo sino en un primer momento, aunque luego, desaparecido el tabú que suele prestigiar a la droga ante los jóvenes, tienda a reducirlo. Lo importante es que la legalización vaya acompañada de campañas educativas —como las que combaten el tabaco o explican los efectos dañinos del alcohol— y de rehabilitación, de modo que quienes fuman marihuana lo hagan con perfecta conciencia de lo que hacen, al igual que ocurre hoy día con quienes fuman tabaco o beben alcohol.

La libertad tiene sus riesgos y quienes creen en ella deben estar dispuestos a correrlos en todos los dominios, no sólo en el cultural, el religioso y el político. Así lo ha entendido el Gobierno uruguayo y hay que aplaudirlo por ello. Ojala otros aprendan la lección y sigan su ejemplo.”

3 Respuesta sobre “¡Viva Uruguay!”

  1. yeyo en enero 16th, 2014 8:18 pm

    ¿Es que allá no hay tantos bobos como en Colombia?

  2. ESTE CALVO ES UN PERIODISTA CRIMINAL en enero 17th, 2014 2:17 pm

    Con este Golpe de Estado, Colombia queda, de facto, en manos de la derecha fascista que siempre ha inclinado en su favor y se ha servido de la institucionalidad. Un golpe que amenaza al continente. La ciudadanía en Bogotá y en Colombia, sin importar que apoyen o no las políticas del alcalde Gustavo Petro, ha entendido lo anterior y le ha expresado su respaldo. Lo urgente, en estos momentos, es exigir que se reconozca el hecho fundamental, el Golpe de Estado institucional de la derecha y a su perpetrador, el Procurador General de la Nación.

    Alejandro Ordóñez, Procurador General de la Nación, ficha de la ultra derecha uribista, extralimitando una vez más sus funciones disciplinarias, destituyó el pasado 9 de diciembre al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, elegido popularmente. La acción es esencialmente la misma utilizada contra los presidentes Manuel Zelaya de Honduras y Fernando Lugo de Paraguay. Ordóñez ya venía excediendo sus funciones desde hace mucho tiempo. Es un tenaz opositor y enemigo abierto del proceso de paz y de los diálogos de La Habana entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las Farc. Ha actuado en contra de decisiones legislativas del Congreso de la República como la legalización con restricciones severas del aborto terapéutico. Ordóñez ha tomado el cargo de la Procuraduría como un bastión para ejercer desde sus creencias religiosas como parte de una secta particularmente rígida e intolerante del cristianismo. Pero no es una rueda suelta. Su relación con el expresidente Álvaro Uribe Vélez no es ningún secreto. El hecho indiscutible es que la Procuraduría bajo Ordóñez se ha convertido en una maquinaria inquisidora y de terror. Siembra terror y paraliza. El Procurador es una sombra amenazante a cuyas políticas y posiciones oscuras e intolerantes hay que someterse anticipadamente. La reacción inmediata del Presidente de la República y del establecimiento institucional ha debido ser una contundente voz de rechazo al atropello y la infamia contra Petro. Contrario a esto, Santos ha respaldado al Procurador golpista y los medios comerciales, además de apoyar el golpe institucional, enfocan la discusión y las noticias sobre si Petro ha sido buen o mal alcalde o los trámites y procedimientos que deben seguir.

    De manera contundente debe señalarse que no hay ningún espacio para debatir en este momento el Gobierno Petro ni sus aciertos o equivocaciones. Ante un golpe de Estado, todo el debate y las acciones deben enfocarse hacia el acto institucional ilegítimo del Procurador y las consecuencias que este deben generar en derecho. De continuar las cosas como van, se legitimará el golpe de Estado, el Procurador (y cualquier otra instancia en adelante) podrán hacer política pública por encima de funcionarios electos o con mandatos y obligaciones específicas y destituir a quienes quieran según conveniencias e intereses particulares. Es importante señalar además que esta no es únicamente una extralimitación y abuso de funciones contra cualquier funcionario. Este es un golpe de la derecha institucional y por ello está siendo legitimado. Si de actuar de manera improvisada, por corrupción, por errar políticamente, por poner en riesgo a la población y ciudadanía con decisiones de Estado, por violar derechos, actuar desde lo público para satisfacer intereses personales se tratara, sería difícil encontrar algún Presidente en Colombia que no cumpliera con creces con estos criterios para ser destituido y juzgado. Ahora mismo, ejerce como Ministro de Agricultura de Colombia un individuo al que se le han demostrado de manera pública y reiterada, aún en el Congreso de la República, faltas e inhabilidades tan claras y graves que no solo debe ser destituido, sino que el propio Presidente Santos debería responder ante las instancias disciplinarias como la Procuraduría, por nombrarlo, defenderlo y mantenerlo en su cargo teniendo pleno conocimiento de estas faltas e impedimentos.

    La destitución del Alcalde de Bogotá por el Procurador se da en una coyuntura específica y obedece a intereses particulares. De una parte, el proceso electoral para elecciones presidenciales y de congresistas está en curso. De otra, el proceso de diálogos entre las Farc y el Gobierno avanza. La Alcaldía de Bogotá es un botín político-electoral. Se trata de un golpe a cualquier forma de oposición político-electoral al establecimiento. Un montaje para ahuyentar al electorado de respaldar una opción diferente al establecimiento de derecha representado por Santos-Uribe. De otra parte, la intención es consolidar el poder del Procurador en su afán de controlar las políticas de Estado y permitirle pasar de fiscal del proceso de paz a actor directo contra el mismo desde su cargo obstaculizando los acuerdos y los mecanismos para refrendarlos. Con este Golpe de Estado, Colombia queda, de facto, en manos de la derecha fascista que siempre ha inclinado en su favor y se ha servido de la institucionalidad. Un golpe que amenaza al continente.

    La ciudadanía en Bogotá y en Colombia, sin importar que apoyen o no las políticas del alcalde Petro, ha entendido lo anterior y le ha expresado su respaldo al Alcalde.

    Paradójicamente, el hoy alcalde Petro, en su momento, desde el Congreso de la República brindó el apoyo que requería Ordóñez para ser electo Procurador cuando el país y su propio partido se oponían a esto por querer dar un mensaje de pluralismo político. La historia le demuestra que se equivocó.

    La decisión de destitución de Petro obedece a que el procurador Ordóñez privilegia el modelo neoliberal y defiende el interés particular, razón por la cual su retaliación vino por cuenta de que la administración de Bogotá ha buscado implementar una política pública frente al manejo de las basuras en manos de monopolios privados. El pretexto para el golpe de Estado es insostenible.

  3. HAROLD BEDOYA DIRIGE LA MANO NEGRA CRIMINAL Y SOLAPADA DE LA ULTRADERECHA en enero 17th, 2014 2:41 pm

    COLOMBIA, UNA TIRANÍA DISFRAZADA DE DEMOCRACIA
    PETRO Y LA SUPREMACÍA OLIGÁRQUICA COLOMBIANA

    Gustavo Petro Urrego, alcalde de Bogotá

    La Alcaldía de Bogotá encabezada por Gustavo Petro representa el primer intento serio de revertir el modelo neoliberal en los servicios públicos en una ciudad de Colombia. He allí el principal peligro para la oligarquía y el imperio. Además, Petro es el mejor prospecto que tiene el pueblo colombiano para acceder a la primera magistratura en un futuro cercano. El procurador, las contralorías, el “defensor del pueblo”, el fiscal, el personero, todos estaban al acecho para caerle ante el menor descuido. ¡Y le cayeron!

    Muchas personas -si no la mayoría- pensaban que el procurador Alejandro Ordóñez no iba a destituir a Petro. Menos, que lo fuera a inhabilitar por 15 años. Incluso el mismo Petro, quien interpreta esa decisión del Ministerio Público como un saboteo al proceso de paz y se hacía ilusiones que el presidente Santos fuera a intervenir para evitar esa sanción disciplinaria, se equivocó completamente. No calculó la trascendencia de su accionar.

    Petro creía en la buena fe de los llamados “sectores democráticos” de la oligarquía, con los que el M-19 pactó el acuerdo que le dio vida a la Constitución de 1991. Los herederos de ese proyecto político siguen creyendo en esa “buena fe” y siguen amarrados a su institucionalidad. Lo demuestra la actitud leguleya de Antonio Navarro quien calificó el fallo del Procurador sólo como “exagerado”. 22 años después la oligarquía muestra que no perdona y que no iba a dejar avanzar a Petro hacia la Presidencia de la República.

    Olvidan que la oligarquía colombiana ha mostrado a lo largo de la historia su talante reaccionario y retrógrado. Esas clases dominantes no iban a permitir que Petro pudiera salir bien librado de una administración como la de Bogotá, mostrando la ruta de la defensa de lo público y la posibilidad de desmontar los monopolios privados de los servicios públicos. Sabían que iba a quedar bien posicionado en la recta hacia la presidencia de 2018.

    Esa es la gran lección: esta oligarquía es vengativa, retrechera, traicionera, previsiva, no da puntada sin dedal, es difícil de derrotar, usa “todas las formas de lucha”, se divide para aparentar que a su interior existen “sectores democráticos” para finalmente dar la puñalada “trapera” (por la espalda). Desechar ilusiones democrateras y diseñar una estrategia integral, es la lección aprendida para poder superar esa supremacía anti-popular.

    En ese sentido la actuación del procurador Ordóñez no es aislada. No es exclusivamente una jugada contra el proceso de paz. No es sólo un complot para poner la alcaldía capitalina a disposición del uribismo. No es solamente una forma de sacar de la carrera presidencial al mejor prospecto que tiene la izquierda. Es todo eso y mucho más. Es un mensaje de que la oligarquía no está dispuesta a compartir el gobierno con fuerzas “progresistas” como ya lo hace la burguesía en varios países de Suramérica. Aquí no comparten nada.

    Sin embargo este hecho es a la vez -paradójicamente-, una demostración de que la acción política que impulsaba Petro, está bien encaminada. El hecho de que traten de “asesinar políticamente” a este líder de la izquierda significa -como ocurrió con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán-, que la orientación general es correcta pero que hay que afinar los detalles con mucho mayor tino y cuidado.
    Es decir, como lo ha planteado el alcalde Petro en su discurso, hay que persistir con el proceso de paz. Hay que insertarse en la institucionalidad para desde allí desmontar el intrincado aparato neoliberal que la burguesía ha montado en la administración pública. Hay que luchar por mantener el control del gobierno de la capital de la República por parte de fuerzas progresistas, defensoras de lo público y anti-neoliberales.

    Pero, paralelamente se debe construir desde las bases un gran movimiento popular que vaya consolidando formas de poder alternas y paralelas al poder institucional. En Bogotá ese proceso recién se está asumiendo. Tantos años de represión, guerra, desplazamiento, crecimiento caótico, planificación neoliberal, han destruido importantes lazos sociales que el pueblo bogotano tenía y que deben ser reconstruidos.

    Millares de colombianos indignados por la injusta destitución
    del alcalde Gustavo Petro han llenado consecutivamente la histórica
    Plaza de Bolívar de Bogotá para decir basta ya a los abusos y atropellos de la
    ultraderecha liderada por el procurador Ordóñez y el expresidente Álvaro Uribe.

    Por ello, el movimiento social por apropiarse de la basura como una fuente de capital social y empleo; la defensa de las galerías y mercados populares; los movimientos ambientales en defensa del agua, los humedales y un desarrollo sostenible de la ciudad; la lucha por transformar los servicios de educación y la salud; los espacios y desarrollos culturales; la organización a nuevos niveles de los trabajadores precariados; los proyectos económicos comunitarios; todo ello y muchas más iniciativas, debe ser fortalecidas -luchando contra las tendencias burocráticas-, para crear un potente movimiento popular que sea el sustento “desde abajo” de los procesos institucionales de transformación de la vida social. Sabemos que mientras no se derrote el sistema capitalista, lo que esté soportado en la institucionalidad burguesa, va a ser fácilmente desmontado sino está sostenido por fuerzas sociales organizadas y conscientes.

    Es indudable que hay que dar la lucha en lo inmediato para mantener la administración de Bogotá, tanto por la vía de la movilización como en el terreno jurídico y político. Sin embargo, la izquierda tiene que replantear su estrategia. No se puede confiar en ninguna de las fracciones de la oligarquía (burguesía “nacional”, burocrática, comercial, etc.), así asuman formas “progresistas”, socialdemócratas y hasta “patrióticas”. Las muestras espontáneas de solidaridad con el gobierno de Petro por parte de amplios sectores sociales revelan las grandes potencialidades que existen en el seno de nuestro pueblo y que todo está por conquistar. ¡Que sí se puede!

    Si en lo inmediato no se puede garantizar la permanencia de Petro en la alcaldía, hay que cerrar filas para darle continuidad a su programa de gobierno y derrotar el bloque oligárquico que se va a formar para acabar con la “Bogotá Humana”. Pero además, Petro puede contribuir mucho con la construcción y fundamentación de un amplio movimiento popular (social y político), con la formación de cuadros revolucionarios que recojan y sistematicen su experiencia.

    Necesitamos centros de pensamiento estratégico que ayuden a las expresiones organizativas del pueblo a derrotar a la oligarquía. Sabemos que si no nos matan físicamente lo tratarán de hacer política o moralmente. Por ello, al llegar a una alcaldía o gobernación, para abordar la tarea de desprivatizar un servicio público o afectar un monopolio oligárquico, debemos preocuparnos por construir un fuerte y poderoso movimiento social que sea el sustento y soporte de ese cambio. De lo contrario, nos lo cobran con sanciones y destituciones.

    Igualmente, debemos entender que no se trata de llegar sólo a “gestionar” el aparato administrativo de la burguesía. Hay que penetrar en esa institucionalidad sólo con el fin de socavarla, de dinamitarla por dentro. Sólo así podremos ir construyendo una nueva institucionalidad anti-capitalista, de-colonial, basada en el auto-gobierno y dirigida a desarrollar una cuajada y poderosa democracia directa y participativa.

    De lo contrario no podremos derrotar plenamente a esta oligarquía criminal que nos oprime y domina. Debemos combinar la lucha institucional y electoral, la movilización social y la construcción de poder popular de nuevo tipo (auto-gobierno). Son tres elementos indispensables para avanzar no sólo por caminos de paz, democracia y justicia social sino para construir las bases materiales, sociales, políticas y culturales de una nueva sociedad.

    Petro puede ayudar en esa dirección. Si se concreta su inhabilidad político-administrativa de 15 años, ello no le impide desarrollar nuevas capacidades intelectuales y organizativas para servir al pueblo desde el terreno de la estrategia, la verdadera dirección política y la formación de dirigentes. Nuevas tareas surgen de la dinámica social y política.

    Nota: Existen importantes antecedentes en la normatividad internacional para prever que se puede derrotar jurídicamente este atentado político del Procurador. Si Petro logra salir bien librado de esta batalla, estaría ad portas de la Presidencia para 2018. Entonces, la principal tarea sería preservar y cuidar de su existencia

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