Dos buenas razones para votar por Santos (además de la paz)

junio 12, 2014 10:54 am

Andres Burgos NewPor: Andres Burgos
Sobre el papel, las campañas a la presidencia tienen dos diferencias fundamentales: La primera y más obvia, la postura de los candidatos sobre la paz y el posible fin del conflicto, tema que parece agotado en los debates electorales; la segunda, a mi modo de ver, el manejo de las relaciones con Venezuela.

En tono pendenciero, Zuluaga ha dicho en los debates que si llega a ser presidente “obligará” a Venezuela a entregar a los guerrilleros que se esconden en su territorio. La posición autoritaria del candidato del Centro Democrático augura nuevos conflictos diplomáticos con el país hermano, que más allá de ser un “régimen castrochavista” necesita, al igual que Colombia, un fuerte apoyo de sus vecinos. Entorpecer de nuevo las relaciones diplomáticas con Venezuela, y de paso con Ecuador, Nicaragua y demás países de izquierdas más moderadas, significaría afectar seriamente la economía del continente.
Pero más allá de las diferencias fundamentales en una posible ejecución de sus programas de gobierno, hay que señalar lo que cada una de las campañas representa: Las recientes adhesiones a la campaña del uribismo han puesto en evidencia el fuerte tufo conservador que se respira al interior de su partido: por ejemplo, los señores de Restauración Nacional, un grupo neonazi que en sus comienzos tenía fuertes vínculos paramilitares, han mostrado su apoyo a Zuluaga; al igual que Marco Fidel Suárez, el concejal inquisidor que se preocupa más por los videos de Shakira y Calle 13 que por los problemas de Bogotá. Y no hace falta hablar de los pastores cristianos que desde el púlpito alientan a sus feligreses a votar por el títere del mesías ni de los senadores electos del Centro Democrático, como María Fernanda Cabal que anhela “el fin del comunismo ateo”.
Votar por Zuluaga es votar por un neoliberalismo bélico que persigue las libertades individuales. Con él en la presidencia se vendrían a pique los pocos avances que en materia de derechos reproductivos y de género se han conseguido en Colombia y ganará cancha la intolerancia y las persecuciones.
En cambio, las nuevas adhesiones a la campaña santista, con mermelada o sin ella, han revitalizado un programa de gobierno abiertamente neoliberal. El momento histórico del país con respecto a los diálogos de paz y al reconocimiento de las víctimas, han puesto en la misma orilla de la derecha moderada a sectores históricamente de izquierda: Los progresistas, algunos integrantes del Polo y del Partido Verde y hasta los sindicalistas que le armaron huelgas a Santos, ahora lo están apoyando para su reelección, lo que significa que en caso de un segundo mandato, Santos deberá tener un mayor compromiso con los sectores trabajadores, campesinos y minorías en general.
Es cierto que Santos representa la politiquería y el clientelismo de Colombia –Zuluaga también- como es cierto que está usando el posible fin del conflicto de arma electoral –Zuluaga, a la inversa, también- y que va a seguir vendiendo el país a las multinacionales y a la explotación minera mientras recorta subsidios campesinos –como lo hizo Zuluaga, el mejor ministro de Hacienda-, pero hay que reconocerle al presidente su diplomacia en el manejo de las relaciones con Venezuela y la negociación que adelanta con las FARC, que de llegar a buen término significaría una mayor inversión social y una reducción importante del presupuesto para la guerra, además de la obvia y significativa reducción de muertos y heridos en la confrontación armada.
No se piense con esto que quiero votar por Santos, prefiero votar por él, que es muy diferente. Me da pena darle mi voto a Santos por muchas razones, pero la vergüenza pesa menos que el temor.
Twitter: @andresburgosb

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