Loterías en Colombia, un chance para la salud

febrero 15, 2018 6:28 pm

Por: Luis Eduardo Forero Medina
En Colombia el año pasado cada hora se vendieron más de 63 millones de pesos en loterías tradicionales, extranjeras, chance y balotto; destinándose parte de ese dinero para la salud como se viene haciendo desde 1923 cuando la ley 64 autorizó a los departamentos establecer una lotería con premios en dinero y con el único fin de destinar su producto a la asistencia pública.

Desde 1894 ya operaba la que se conoce hoy como lotería de Cundinamarca, y a partir de 1922 la de Manizales, y en Medellín una lotería de beneficencia y asistencia pública.
En virtud de dicha ley, en 1923 se constituyó la lotería de Boyacá y Cauca; en 1925, Tolima; en 1931, Medellín; Cruz Roja en 1964 ; en 1966, Quindío y al año siguiente la Lotería de Bogotá. En los 70 surge Fedelco (Federación de loterías de Colombia) yl a lotería de Risaralda. En 1982 se autoriza el chance a la Sociedad Nacional de Apuestas Permanentes e Inversiones Limitada, Sonapi. A partir de 1991 se le concedió al Estado la explotación del Monopolio Rentístico de los Juegos de Suerte y Azar; y se crean la lotería del Meta, Huila y la Nueve Millonaria. Esta última desaparecida en 2007, al igual que la mitad de las 30 loterías que se llegaron a jugar en Colombia, fueron liquidadas por malos manejos económicos y fraudes para cobrar premios mayores; reventa de premios a narcotraficantes o no pagar lo que corresponde a la salud. En un momento se habló de “la batalla de las loterías”; hoy en la costa se refieren a un monopolio de las loterías por parte de algunas regiones del interior del país. Las loterías se empoderaron cuando en 1982 se dió vía libre a las apuestas permanentes o chance, y en 2001 con juegos novedosos como Lotto en Línea (Baloto), Revancha y Súper Astro Millonario. El raspa raspa así como surgió desapareció.
Las quince loterías departamentales, también llamadas loterías ordinarias, han estado en la mira para agruparlas en una Lotería única nacional de carácter estatal; sin embargo las iniciativas presentadas en el Congreso de la República para modificar el régimen del monopolio de juegos de azar, no han corrido con suerte. La mayoría de loteros son mujeres, personas con condición de discapacidad o adultos mayores; que se retiran por la edad avanzada, sin liquidación laboral ni mucho menos pensión de vejez. Para este fin, el uno por ciento del precio al público de los boletos, billetes, o fracciones de lotería, se destinan infructuosamente a Fondoazar (Fondo de Colocadores de Loterías y Apuestas Permanentes). Aunque Hacienda ha conceptuado que Fondoazar no es viable presupuestalmente, tampoco se le ha modificado. La compra en línea, a domicilio o en gasolineras, o de loterías extranjeras como Powerball, no ha logrado hacer a un lado a los vendedores ambulantes de lotería en los más de 1000 municipios colombianos. El Powerball que juega en 44 de los 50 estados de la Unión Americana, con un premio de 559 millones de dólares, es la competencia en Colombia de las loterías de Manizales, Meta y Valle y Boyacá, que juegan los miércoles y sábados.
Millones de personas en el mundo no compran lotería por considerar que es desperdiciar el dinero; que la probabilidad de ganársela es muy remota, o que los premios no bajan al público. Este año Balotto pagó en Bogotá un premio de 31.100 millones; el año pasado, la lotería de Cundinamarca canceló $18.000 millones que cayeron en poder del público. A la par otro grupo habla en privado de los beneficios de haber salido premiado en una lotería, por haber hecho realidad sus sueños. No falta quien afirma que “ganar el baloto es complicarse la vida”. Para ganar la lotería hay que comprarla, como dice una propaganda de una de las loterías departamentales. Otras atraen la clientela retándolos a cambiar su vida; poniendo a prueba su suerte. Una lotería liga a sus clientes haciéndoles creer que es la que más billete da; otra le apuesta a un día especial; el sábado; porque ese día de la semana de pobre lo sacará. A los que compran y compran y nunca ganan le recuerdan que está prohibido rendirse, y acudir siempre al lotero de confianza.
Los premios varían de acuerdo al tamaño de la lotería; la de Medellín el premio mayor es recompensado con 12 mil millones, ¡la que más paga ¡. Los afortunados ganadores al momento de cobrar desconocen que no se llevan el cien por ciento del premio anunciado. A menos que el premio sea inferior a dos salarios mínimos mensuales; sólo les entregan el 63% ; el excedente lo cobra la DIAN y Salud. No son pocos los jugadores que jamás se enteran que tiene un premio por cobrar; ese dinero lo recoje la Beneficencia. Cuando el número premiado no es vendido, el setenta por ciento de los premios se gira a la respectiva beneficencia. Desde 2012 Coljuegos es la Empresa Industrial y Comercial del Estado Administradora del Monopolio Rentístico de los Juegos de Suerte y Azar.
Lo desafortunado de las loterías: la desaparecida Ecosalud, el ente encargado de vigilar que los recursos de los juegos le sean transferidos a las entidades de la salud, fue sinónimo de despilfarro. Están fuera de concurso los concesionarios de lotería o chance que no transfieren oportunamente los recursos a las entidades territoriales; los escándalos en que ha estado involucrado el juego de chance; la venta ilegal y falsa de lotería, y los anuncios simulados que alguien se ganado la lotería con el fin de estafar a los incautos.
@luforero4

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