Industria salinera, «¡Menos sal, por favor!»

marzo 14, 2018 6:55 pm

Por: Luis Eduardo Forero Medina
La industria salinera liderada por China y Estados Unidos, tiene relación con diversos sectores de la economía por tener miles de aplicaciones; como alimentos de consumo humano, acuicultura, cloruro de vinil, detergentes, fabricación de alimentos para ganado en sector pecuario, flexografía, jabones, pesca, agrícola, papel, producción de sosa cáustica, procesado de metales y limpieza como la plata; tratamiento de aguas; entre otros.

El negocio de la sal en China, se surte de minas milenarias; como en la antigua ciudad salina de Zigong, llamada la “ciudad de la sal”; donde desde hace 2.000 años se produce la mejor sal de esa Nación. En la antigua salina de Yanjing, se origina una sal misteriosa; roja. La sal así como es incolora, también es blanca, amarilla o azul. En México, país que ocupa el séptimo lugar a nivel mundial en producción de sal y el primero en América Latina; está situada la salina más grande del mundo; en Guerrero Negro, Baja California; donde se genera el 87% de la producción nacional; el 13% se extrae en los estados de Veracruz , Nuevo León, Yucatán y Tamaulipasa. El Perú es el que controla el mercado en varios países de la Región. En Cusco, desde la época de los incas funcionan las Salineras de Maras, con más de 3,000 pozos en explotación. La sal sale de un río que vierte sus aguas saladas hacia las pozas, donde se estancan y evaporan al ritmo del calor del sol; produciendo así la sal.

En Colombia, donde se alberga la emblemática Catedral de Sal de Zipaquirá; hace dos siglos el Estado desplazó a los particulares en el negocio salinero; empezando las excavaciones de las salinas de Zipaquirá al mando del ingeniero Jacobo Wiesner. A mediados del siglo XX se fundó Planta de Soda de Zipaquirá, después traspasada a Álcalis de Colombia; empresa que inició en 1970 y terminó liquidándose en 1993, por haber corrompido la sal con el derroche en sus plantas de Mamonal (Cartagena) y de Betania (Cundinamarca). De acuerdo a un estudio de Planeación Nacional de la época, la planta de Betania era el principal factor contaminante del Río Bogotá. Por la crisis de Álcalis, en esa ocasión los colombianos pudieron degustar la sal por la importación que de ese producto se realizó desde Venezuela. Presuntamente por culpa de un empresario de la sal venezolano, los ex trabajadores de Álcalis degustaron un mal plato al no lograr la compra de su ex empleadora. Miguel Elías Tsoukatos , aficionado a “avioncitos o carritos”, les pintó pajaritos de oro a los ex alcalinos para comprar en conjunto la planta de Álcalis en Zipaquirá, y al final el venezolano Tsoukatos incumplió a los ex trabajadores. Hasta finales del siglo pasado el negocio de la sal fue un monopolio estatal manejado por Hacienda, el Instituto de Fomento Industrial (IFI) y el Banco de la República, que administraban cerca de dos decenas de minas terrestres y marítimas en todo el país. Después de la mina de Zipaquirá, le sigue la Mina de Sal de Nemocón, ubicada en el departamento de Cundinamarca. Esta mina después de terminar su explotación, estuvo cerrada 38 años, al cabo de los cuales se reestrenó como atracción turística. El antigua municipio de Tausa, a 67 kms de Bogotá; fue levantado sobre minas de sal. En Cundinamarca además se explotan o explotaron minas de sal en Sesquilé y Gachetá; en el Meta en Cumaral y Upín; y en La Salina, al norte de Boyacá. Igualmente las de Manaure y Galerazamba, ubicadas en la costa Caribe. En Manaure, ubicada en el departamento de la Guajira, al extremo noreste del país; hay exploración de sal gema y sal marina. Fue administrada por el Estado hasta 2002, cuando la entregó a las comunidades indígenas; que extraen 70 mil toneladas anuales de sal que financia la salud y sustento de doscientas familias wayuu.

La industria de la sal, químicamente, cloruro de sodio; la degustan en Colombia de una parte Refisal, que nace de la compra de Álcalis de Colombia en 1994. Tiene su planta en Sesquilé, Cundinamarca; en donde con pozos con agua propios desprenden la sal de las rocas para formar la salmuera; que se transporta por un tubo hasta una planta ubicada entre Zipaquirá y Cajicá; municipios cundinamarqueses donde se purifica y la salmuera es bombardeada a las refinerías; una vez centrifugada y adicionada con yodo y flúor; sale para empaque con destino al consumidor. Al otro lado de la mesa, está Prodesal S.A.; fundada por Cartón de Colombia en 1986 y desde septiembre de 2005 de propiedad del grupo económico peruano Quimpac S.A. Este holding cuenta con plantas productivas en Colombia, Ecuador, Perú y Brasil; siendo el productor más grande de la costa pacífica de Sudamérica.

Cada vez son más los restaurantes y locales gastronómicos en el mundo que han retirado los saleros en las mesas , para prevenir la hipertensión arterial. La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ha exhortado “a reducir el consumo de sal alimenticia y pone el foco en los chefs, cocineros, proveedores de servicios de comida y en todos aquellos que preparan alimentos para consumo fuera del hogar”. De acuerdo a esa Organización, la sal que en exceso consumen las personas no viene la mayoría de los saleros; sino de los alimentos procesados como el pan, comidas procesadas e instantáneas, carnes procesadas y condimentos.
@luforero4

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