Palabras del Presidente Iván Duque durante el Encuentro Empresarial en la Cámara de Comercio de Bogotá

mayo 31, 2019 10:20 am

Buenas noches, quiero esta noche venir a este evento a expresarles, primero, mi gratitud. Mi gratitud sincera, mi gratitud amplia, porque ustedes han sido testigos de un proceso de formación de unas ideas, de un programa, y ahora de una obra de Gobierno.

No puedo dejar de invocar hoy la presencia de grandes amigos que, seguramente, están aquí, pero no están en vida; están con sus ideas y con sus legados.

Cómo no recordar hoy a mi padre a Iván Duque Escobar, y cómo no recordar, hoy, a Fabio Echeverry Correa.

¿Por qué? Porque hace más de tres años, en la casa de Fabio Echeverry, estábamos con Luis Guillermo y con mi padre, y surgió una conversación, donde empezó el camino para construir una campaña presidencial.

Luigi, que fue mi compañero, como gerente extraordinario de una campaña llena de vigor y de promoción del talento juvenil de Colombia, empezó con nosotros, en grupos pequeños.

Recuerdo a Fabio, con su voz, llamándolos a muchos de ustedes, hablándoles de Iván Duque. Algunos me conocían por mi labor en el Senado y otros apenas me estaban conociendo.

Recuerdo que muchos de ustedes nos recibieron a comienzos del año 2016, con ilusión, escepticismo, quizá, y, después, muchos con motivación.

Ustedes vieron y fueron testigos de cómo empezamos a construir una plataforma política, recorriendo todos los rincones de Colombia; haciendo unos talleres que se llamaban Construyendo País; escuchando los testimonios de los ciudadanos y nutriéndonos de sus ideas, para después convertirse en un plan de Gobierno.

Ese plan, que fue enriquecido después con las ideas de Marta Lucía Ramírez, y que tenía 206 propuestas para una Colombia mejor, una Colombia de futuro, una Colombia de legalidad, de emprendimiento y de equidad, es el programa que fue validado a través de distintos procesos, que empezaron, primero, internamente en un partido, en nuestro partido, y que después llegaron a sumar la mayor votación que haya registrado Colombia.

Ese programa se conectó con el pueblo colombiano, porque fue un programa que fue elaborado con sinceridad, hablándole al ciudadano a los ojos, y al corazón de cada hogar de este país.

Un programa que, como se los dije a los ciudadanos, no era un artículo de propaganda, sino un legítimo instrumento para monitorear, seguir, escrutar la labor de un Gobierno.

Como lo dije a tantos ciudadanos, mi mayor anhelo es que el 7 de agosto del 2022, cuando camine de salida, en compañía de mi familia, por la Plaza de Armas, y los ciudadanos reciban ese documento, que quizás lo tengan ya bastante percudido por el paso del tiempo, puedan decir: El Presidente nos cumplió.

¿Por qué empiezo por ahí, queridos amigos?

Porque la política vieja en este país es, muchas veces, indoctrinaria; es, muchas veces, traicionera de lo que se promete, de lo que se dice, de lo que se expresa en campaña. Y por eso hay algunos que dicen: Eso eran palabras de campaña.

En nuestro caso no. Yo quise ser Presidente de Colombia y trabajar para ser Presidente de Colombia con el objetivo de cumplirles a los ciudadanos, de cumplir mi palabra y de gobernar siempre con la frente en alto y que ningún colombiano se sienta traicionado por su gobernante.

Con ese programa empezamos, el 7 de agosto, un ejercicio difícil. Nunca pensamos que esto iba a ser una tarea fácil. Por eso no nos quejamos; sabemos que hay momentos difíciles, que hay momentos que nos duelen; que hay momentos que sacan de nosotros, quizá dolor, pero son muchos más los momentos de alegría y de satisfacción, cuando se recorre el país, cuando se abraza a un colombiano que está aclamando porque llegue el Estado o a una comunidad que recibe con gratitud la presencia de los distintos programas que hacen parte de un Gobierno.

Legalidad y lucha contra la corrupción

Yo les hablé a los colombianos de legalidad. ¿Por qué?

Porque una de las peores tradiciones que ha tenido la vieja política ha sido el amancebamiento con la anarquía; el amancebamiento con la corrupción; el amancebamiento con el clientelismo; el amancebamiento con las componendas, con las trapisondas. Queríamos hablar siempre de legalidad y convertirla en un sello de Gobierno, porque la legalidad es lo que les permite a los ciudadanos encontrarse con las dos palabras de nuestro escudo, cuando habla de Libertad y Orden.

Porque lo que une la libertad con el orden es la legalidad, y es la posibilidad de que todo ciudadano, en cualquier rincón de Colombia, se sienta protegido, porque está allí la égida de la justicia.

Por eso, es el convencimiento en que la legalidad es el instrumento más importante para la construcción de una sociedad democrática, y la legalidad tiene que ver con enfrentar, sin aspavientos, sin vacilaciones, sin dubitaciones, las amenazas que quieren usurparle, arrebatarle a la ciudadanía el ejercicio de la libertad.

Por eso, desde el primer día de Gobierno entendimos el reto, el enorme reto, el difícil reto, de haber encontrado un país que había visto crecer, en los cuatro años anteriores a nuestra toma de posesión, los cultivos ilícitos, de 50 mil a más de 200 mil hectáreas.

Esas 200 mil hectáreas, que son el combustible de la violencia, que son el amparo del narcotráfico y que amenazan la institucionalidad.

Encontramos un país, no solamente con esas cifras, sino que veía, además, con preocupación, que se habían reducido los grupos manuales de erradicadores de menos de 100 que teníamos en el 2010, a la triste cifra de 23 grupos manuales de erradicación el 7 de agosto del 2018.

Habíamos visto, además, que se habían limitado las herramientas para combatir semejante fenómeno, y que, aunque algunos hablaban de voluntariedad en la erradicación, lo cierto es que la resiembra se estaba convirtiendo en un tormento en todo el territorio nacional.

Por eso, emprendimos una lucha contra ese fenómeno; por eso volvimos a motivar a nuestra Fuerza Pública para estar presentes en los territorios; por eso hemos realizado más de 43 consejos de seguridad.

Hoy puedo decirles a ustedes que en lo que va corrido de nuestro Gobierno, hemos erradicado más de 90 mil hectáreas. Sí, enfrentando todavía retos; sí, enfrentando todavía retos, porque la resiembra sigue siendo una amenaza.

Pero se han erradicado, gracias a la valentía de los héroes de Colombia. Esos hombres uniformados, que se levantan en las mañanas con la plena convicción de permitirnos a todos gozar de la libertad y que, a veces, son injustamente vilipendiados o, a veces, son expuestos a no poderse defender con las herramientas libres, democráticas, que entraña el Estado de Derecho.

Pero esos son los héroes de Colombia que han permitido enfrentar ese fenómeno, y son los mismos héroes de Colombia que han logrado incautar droga por valores multimillonarios.

Lo que se ha incautado, en valor, en droga, durante nuestro Gobierno, para lo que son del mundo de las finanzas, equivale a todas las utilidades del banco de inversión más grande del mundo, que se llama Goldman Sachs, en el año 2018.

Eso muestra la determinación que tiene nuestra Fuerza Pública en Colombia, y la que tenemos como Gobierno.

Y si alguno tiene alguna duda adicional, basta con darnos cuenta de que por cada tonelada que incauta los Estados Unidos en sus fronteras, Colombia incauta 18.

Eso nos muestra que no hay un país en el mundo que haga más para enfrentar el flagelo de las drogas, como lo hace Colombia; y nuestra tarea, en la legalidad, para enfrentar ese fenómeno, es genuina, es de país; no obedece ni a directrices ni a reclamos ni a solicitudes de nadie.

Es nuestro deber moral enfrentar ese fenómeno de las drogas, y por eso seguiremos enfrentándolo en todo momento y en todo lugar del territorio, porque es el deber del pueblo colombiano.

Somos conscientes, además, de que el fenómeno también repercute en las familias de este país; así lo vivimos, con Marta Lucía, recorriendo Colombia; en cuanto rincón del país, nos decían las madres que estaban profundamente preocupadas porque sus hijos, en los parques y a las salidas de los colegios, tenían el acecho de los jíbaros, que se escudaban en la dosis personal cuando llegaban las autoridades para enfrentarles el ilícito.

Por eso también es bueno recordar que, en estos diez meses de Gobierno, fue este Gobierno el que tomó una decisión necesaria, valiente, y que otros gobiernos no quisieron hacer, simplemente para mantener apariencias de heterodoxia; pues a este Gobierno no le tembló la mano para sacar adelante un decreto que permite decomisar cualquier dosis que se esté consumiendo, o que se esté transportando en las calles de Colombia, en defensa de la familia colombiana.

Esa es nuestra lucha por la legalidad frente al narcotráfico, y somos conscientes de las decisiones judiciales, y somos respetuosos, pero allá estuvimos también en la Corte Constitucional, expresando nuestros argumentos, a plena luz del día, para que fueran evaluados y para mostrar que no hay discusión sobre un herbicida.

Hay algunos que quieren reducir la conversación o la discusión a un herbicida; nuestro planteamiento es mucho más profundo, y es que el narcotráfico amenaza a las comunidades más vulnerables de nuestro país; el narcotráfico amenaza la institucionalidad; el narcotráfico está ayudando a esos grupos criminales, para que puedan amenazar y masacrar a líderes sociales, o, lo que es aún peor, para que puedan corromper la institucionalidad precaria de muchas regiones que no han tenido una presencia histórica del Estado.

Por eso, cuando hicimos nuestra argumentación fuimos claros: aquí no se trata de creer que una sola herramienta es la bala de plata, si no de tener todas las herramientas, porque hay algunos que llevan el debate al herbicida, pero poco carácter tienen para expresar su dolor por aquellos jóvenes que mueren por minas antipersonal, cuando están en las labores de erradicación. Eso es doble moral.

Nosotros también entendimos que la lucha por la legalidad implica enfrentar la corrupción, y enfrentar la corrupción significa tener todas las capacidades para llamar las cosas por su nombre; de qué sirve hablar de gobernabilidad, si la gobernabilidad es a costas del erario público; eso no es gobernabilidad, esa es la entrega de las instituciones; por eso prefiero mil debates de contenido a una aplanadora sometida por dádivas para sacar adelante las iniciativas de un gobierno.

Por eso me complace que hayamos podido tener debates profundos. No todos se ganan, porque en la verdadera democracia no todo se gana, porque genuinamente están las ideas.

Algunos dicen que el Gobierno no ha tenido capacidad de sacar normas. Se han sacado ocho o nueve. Vendrán más, seguramente; algunas no han tenido el beneplácito del Congreso, y se entenderán las razones. Pero es más importante un debate así, de frente, y reconociéndole también al Congreso sus aportes. Por eso yo no alimento la pugnacidad institucional, pero tampoco creo que el Estado se pueda dejar someter a componendas que lo debilitan. Los acuerdos deben ser siempre transparentes y basados en principios.

Pero la lucha contra la corrupción también tiene que ver con un Estado que muestre transparencia. Por eso, sin esperar a que estuviera aprobada la ley, decidimos que todos los altos funcionarios del Gobierno hicieran públicas sus declaraciones de renta, para que todos los ciudadanos de Colombia puedan ver nuestros patrimonios y puedan ver cómo se comportan a lo largo de la vida del servicio al Gobierno.

Por eso, sacamos adelante, con la Vicepresidenta, el Decreto que les pone fin a los ‘pliegos sastre’, y que hace generalizado en todo el país los Pliegos Tipo, para que se acaben los carteles de únicos ponentes y, óigase bien, para que se acaben los contratos amañados que se quedaban en pocos contratistas, herramientas que hemos sacado adelante en tan solo 10 meses de Gobierno.

Por eso, hemos querido también fortalecer las herramientas de monitoreo y escrutinio: hacer visibles a todos los contratistas de la infraestructura del país; que los ciudadanos sepan en qué obras están y cuál es el estado de las obras, y qué otros contratos tienen, y cuál es su capacidad financiera, si es que la tienen.

Pero todo esto, porque entendemos que una sociedad que hace pública la información está acabando con los monopolios de discrecionalidad que, muchas veces, se prestan para los caminos oscuros.

Paz con legalidad

Es justamente en defensa de la legalidad, que hoy quiero hacer una referencia explícita al tema de la paz, porque si bien nuestra Constitución dice en el Artículo 22 que la paz es un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento, también es cierto que el Artículo 2 nos dice que es el deber del Estado proteger la vida, la honra, los bienes, los derechos y las libertades de los ciudadanos.

Por eso le hace daño a Colombia que algunos quieren perpetuar ese falso dilema entre amigos y enemigos de la paz, que fue creado en otras épocas con propósitos electoreros; y, sobre todo, con propósitos maniqueos.

Todos los colombianos queremos la paz, todos la queremos construir, pero la queremos construir con verdad, con justicia, con reparación y con no repetición.

Proceso de reincorporación

Nosotros entendemos que hay personas que han dejado el camino de las armas, y que sueñan con el camino de la legalidad. Por eso, hemos estado en los territorios. Por eso, he visitado personalmente varias ETCR, para hablar con esas personas que salieron de esa tormenta oscura, de la cual también fueron víctimas muchos de ellos, reclutados siendo niños, para poderles mostrar que todo aquel que tiene un genuino interés de entrar en la legalidad, tiene el apoyo de nuestro Gobierno.

Y, como dicen por ahí, obras son amores y no buenas razones.

A mí me sorprende que algunos quieren apelar a narrativas ficticias, para tratar de enlodar el propósito genuino de este Gobierno; tratan de decir que aquí no se quiere la paz, que no hay voluntad de ayudarles a las comunidades golpeadas por la violencia; pues a esas afirmaciones, temerarias y amañadas, se les responde como se responde siempre: con la verdad.

Cuando empezó nuestro Gobierno, solamente se habían desarrollado, después de 18 meses de implementación, dos proyectos productivos colectivos; hoy tenemos 23.

Cuando empezó nuestro Gobierno, teníamos apenas en el territorio dos planes de desarrollo con enfoque territorial culminados, para atender 170 municipios golpeados por la violencia; hoy se han completado 16.

Se cumplió con esa tarea. Y, además, supimos entender a aquellas personas, que necesitaban el apoyo del Estado, de alimentación, de atención, y hemos cumplido eso. Por eso, como no tenemos ninguna duda en el compromiso, le pedimos a la Misión de Verificación de Naciones Unidas que pudiera monitorear cómo se adelantaban esas labores.

Algunos tratan de apelar a algo todavía más temerario; tratan de insinuar que el lamentable hecho del asesinato de líderes sociales, es un propósito del Estado. No. Lo denuncié el día de mi posesión como Presidente, advirtiendo lo que habíamos visto en los últimos años, y manifestando una genuina preocupación, porque yo sufro, a mí me duele el asesinato de cualquier líder social, pero, sobre todo, me duele el asesinato de cualquier colombiano.

Por eso, desde el primer día de Gobierno, lanzamos una iniciativa: el Plan de Acción Oportuna. Por eso, desde que empezó el Gobierno buscamos una integración institucional.

Aunque muchos han tratado de valerse del uso acomodado de las cifras, lo cierto es que en un reporte público que se hizo hoy, presentable, en una discusión de liderazgo social en el Cauca, pudimos demostrar que en lo que va corrido de nuestro Gobierno, la reducción del asesinato de líderes sociales es del 33%, y que en el 96% del territorio colombiano no se está presentando este fenómeno.

¿Basta eso? Por supuesto que no, porque se trata de llegar a cero; porque no queremos a ningún colombiano siendo víctima de la violencia. Pero yo digo esto con la transparencia de un Estado que está mostrando, con claridad, sus propósitos y que tiene sentido autocrítico.

Eso lo enfrentamos siempre sin ninguna discusión, porque así tiene que ser.

Objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP

Pero también quiero, hoy, hacer referencia a que en la discusión sobre la implementación de los acuerdos, no podemos ser timoratos, y hay cosas que nos preocupan. Porque no podemos ser claudicantes ante las ideas que ustedes escucharon a lo largo de una campaña presidencial.

No puede ser que si nosotros manifestamos las preocupaciones frente a la responsabilidad de los victimarios para reparar a las víctimas, no fuéramos a defender esos postulados desde el Gobierno.

Yo recibí, con sentido patriótico, en mi escritorio, el proyecto de Ley Estatutaria de la Justicia Especial para la Paz. Examinamos esos más de 190 artículos en detalle, y encontramos 6 puntos que merecían ser objetados, para que haya una deliberación transparente, genuina en el Congreso, entre otras razones.

Porque nosotros reclamábamos que los victimarios tuvieran la primera línea de reparación a sus víctimas, y que eso implica que ellos digan toda la verdad de sus relaciones con el narcotráfico, que entreguen todos sus bienes, sus verdaderos bienes, y no las cifras irrisorias que entregaron hace un año y medio.

Reclamamos que la administración judicial, por parte de la Fiscalía, en lo que corresponde a la instrucción de procesos, no se limitara. Para que se hiciera justicia reclamamos, además, que los que cometieron crímenes de lesa humanidad, que no sean máximos responsables, también respondan ante la justicia.

Reclamamos que no se debilite la extradición; que no entren colados, valiéndose del discurso de la paz; y, óigase bien, que no aparezcan terceros de la mafia a escudarse con que van a decir toda la verdad, para gozar de todos los beneficios.

Presentamos esas objeciones y, como lo dije ayer, me someto a la decisión del Congreso o a la de la Corte, pero, también, quiero que quede claro que si las tuviera que volver a presentar, lo haría, porque los principios no se pueden dejar de defender.

Algunas voces han tratado de señalar que es una derrota, que por qué presentó el Presidente las objeciones, que se desgastó. No, señor, a uno nunca lo derrotan por defender los principios.

El derrotado es el que sacrifica los principios para acomodarse; el derrotado es el que claudica en sus convicciones por el aplauso transitorio; el derrotado es el que tiene miedo a que las ideas se defiendan en democracia.

Yo cumplí con mi deber republicano, cumplí con el programa de Gobierno. Y como lo dije ayer, acato el veredicto de la Corte, pero seguiré siempre defendiendo lo que, creo, debe ser el camino para que este país tenga una paz con legalidad y con justicia.

Aquí entendemos las decisiones, pero no dejaremos de estar siempre presentes, con el ojo acucioso, para actuar en el marco de la legalidad, cuando se presenten violaciones a la ley o a la Constitución.

Y también quiero ser claro: entiendo y respeto la separación de poderes. Pero yo también quiero decirles que interpreto la indignación del pueblo colombiano. Muchos ciudadanos inocentes han tenido que someterse a largos procesos de detención preventiva, y a mí no me van a convencer de lo contrario: lo que el país vio en esos videos, que nos llenan de hastío, fue a un narcotraficante negociando el envío de droga. Lo que el país vio es una burla a la generosidad de quienes creyeron en un proceso de desmovilización, desarme y reinserción.

Pero, óigase bien, nunca voy a dejar de defender la legalidad en este país, ni dejaré de llamar las cosas por su nombre, y seguiré diciendo que alias ‘Jesús Santrich’ es un mafioso, y que espero que le caiga todo el peso de la ley.

Escenario internacional

Cuando nosotros también defendemos la legalidad, queridos amigos, también tenemos que referirnos a lo que pasa en el escenario internacional. La diplomacia sin principios no es otra cosa que la hipocresía; la diplomacia por guardar las formas, la diplomacia amañada al interés transitorio, es una ofensa a la propia soberanía.

Por años, Colombia dejó que la dictadura fuera carcomiendo todas las instituciones del pueblo venezolano; por años, la diplomacia de salón miró para el otro lado cuando se estaban destruyendo todas las instituciones económicas, y, sobre todo, se mantuvo en silencio cuando algunas personas expresaron su voz contraria y fueron llevadas a Ramo Verde.

Yo no creo en esa diplomacia; nunca he creído en ella y nunca creeré. Yo puedo decir que cuando miro el óleo de Alberto Lleras en la oficina del Presidente de la República, recuerdo a ese gran colombiano que, yendo contra la corriente, se paró firme contra los atropellos de la dictadura naciente en Cuba, y que se unió, con Rómulo Betancourt, por todo el continente, para denunciar, justamente, que lo que se estaba presenciando allí era la hecatombe de un pueblo que iba a quedar sometido a todos los estropicios posibles.

Por eso, también, siguiendo ese ejemplo y pensando en que la verdadera diplomacia es la defensa de los principios y las convicciones y la defensa de los instrumentos multilaterales, como la Carta Democrática, es que fui, como senador, a denunciar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional.

Y dije que si tenía el honor de ser Presidente, motivaría a otros jefes de Estado a que hiciera lo propio. Y hoy tenemos 9 jefes de Estado que han acompañado la denuncia que interpusimos. Y también lo dije en campaña, que esa diplomacia de salón era la que los había llevado a ser condulgentes. Y, óigase muy bien, serviles ante una institución como Unasur, que terminó siendo el brazo pueril de la diplomacia de la dictadura venezolana.

Por eso retiramos a Colombia de Unasur y lanzamos y constituimos Prosur y, óiganmelo muy bien, queridos amigos, por eso nunca dejaremos de decir las cosas por su nombre. Por eso, reconocimos a la Asamblea y al Presidente Guaidó. Por eso, promovimos el cerco diplomático y lo seguiremos promoviendo. Y por eso, denunciamos que esa dictadura premia y proteja al ELN en su territorio, para que desde allá atente contra Colombia.

Por eso hoy, más que nunca, pueden tener la plena certeza de que la defensa de la legalidad, sin entrar en discursos belicistas, estaremos siempre firmes, acompañando al pueblo venezolano, hasta que alcance la anhelada libertad y la reconstrucción de sus instituciones.

Toda esta discusión de la legalidad, que tiene que ver con la justicia, es la que nos ha motivado a presentar en el Congreso esas reformas necesarias, para que la justicia pueda ser mejor, pero buscando también un diálogo acertado con la administración de justicia.

Yo soy un convencido de que la lucha por la legalidad es lo más importante para una visión de desarrollo.

Emprendimiento

ero aquí están mis amigos empresarios colombianos, colombianos que han empezado sus negocios desde hace muchos años; algunos que han heredado de otras generaciones el ímpetu empresarial y lo han crecido y lo han multiplicado, y veo también acá a jóvenes emprendedores, millennials que están empezando sus nuevos emprendimientos para hacer de Colombia un lugar de ciencia, tecnología e innovación.

Este Gobierno ha querido poner el emprendimiento en el centro de la discusión del desarrollo, porque creemos en que el empresario no puede ser visto como una fuente de ingresos fiscales, como fue por años, sino como el verdadero socio de toda la comunidad para generar bienestar y mejorar la calidad del empleo.

Siempre dije que una de las tragedias del emprendedor en Latinoamérica, es que ha estado expuesto a dos tipos de gobiernos. A los que siempre los estigmatizan y los llaman ‘ricos’ para exacerbar la lucha de clases. O los que pretenden verlos como la fuente para que el Estado gaste, más llenándolos de impuestos y haciendo casi obstaculizante su desempeño.

Ustedes me conocieron recorriendo Colombia y manifestando que teníamos que quitarle a la vieja política ese discurso vergonzante cuando se trata de defender la iniciativa privada.

Por eso hablamos de emprendimiento y lo motivamos desde la micro, pequeña, mediana y gran empresa, porque así se construye país.

Por eso nos propusimos, desde el primer día, darle a ese empresario, de cualquier tamaño, el sentido de acompañamiento. Por eso presentamos una ley de reactivación económica, que redujo la tasa nominal de renta, que permite el 100% del descuento del IVA los bienes de capital; que permite el 50% del descuento del ICA; que establece el régimen simple para los más pequeños, para que en un solo impuesto puedan, de manera clara y transparente, formalizarse.

Por eso mismo es que les dimos a los emprendedores, en tecnología y en industrias creativas, cero impuesto de renta por 7 años, con una mínima inversión y un mínimo de empleos.

Y lo propio lo hicimos en el agro: 10 años con cero impuesto de renta, esperando un mínimo de inversiones y un mínimo de empleos.

Porque creemos en el emprendimiento, es que hemos intervenido más de 611 trámites con el programa Estado Simple, Colombia Ágil, eliminando más de 200 trámites, digitalizando y simplificando.

Porque creemos en el emprendimiento, es que decidimos poner en marcha en el sector de infraestructura una política: concluir, concluir, concluir.

Encontramos el 70% de los proyectos 4G paralizados, engavetados, llenos de complejidades y marañas de disputas entre el Estado y contratistas.

Gracias al apoyo la Vicepresidenta y a una gran Ministra como Ángela Orozco, hoy podemos decir que el 70% de las 4G está en ejecución y generando empleos en Colombia.

Gracias a las señales que hemos querido presentarse al país, hemos empezado una reactivación económica.

Pero no me resigno, porque queremos que Colombia crezca mucho más. El año 2017 crecimos al 1,4%, el año pasado al 2,8, teniendo el último trimestre un desempeño de esa naturaleza. Y para este año tenemos una expectativa superior al 3,5%.

Pero, además, hemos visto cómo en un año superamos 6 escaños en el Índice de Competitividad Multidimensional. El único país de la región que superó escaños.

Por eso, me motiva también que de más de 1’800.000 ciudades en el mundo, solo cinco tienen un centro para la Cuarta Revolución Industrial, con el Foro Económico Mundial. Y la primera en un país hispanohablante la abrimos en Medellín para demostrar que en Colombia podemos ser la sede de esta Cuarta Revolución Industrial en Latinoamérica.

Porque creemos en el emprendimiento, hemos lanzado el programa ‘Coseche y Venda a la Jija’, un programa de agricultura por contrato, donde el pequeño productor le vende al comprador sin intermediario, con un contrato claro, a precio ordenado; y, óigase muy bien, tenemos ya 13.000 productores.

Porque creemos en el emprendimiento, estamos disparando las energías renovables; porque creemos en el emprendimiento, estamos viendo crecer el comercio minorista y dando señales claras, con una inversión extranjera que superó el 17% en el primer trimestre.

Yo podría hablarles de más cifras, queridos amigos empresarios, pero la esencia es que este Gobierno quiere que este sea un país de emprendedores, porque el éxito del empresario, micro, pequeño, mediano y grande, es el éxito de toda Colombia.

Por eso trabajamos con los sectores, corrigiendo fallas desde el Estado, pero procurando que el emprendimiento sea el motor para salir de la informalidad, que es el peso más grande en la política social que podemos tener.

Equidad

Entonces, ustedes se preguntarán: ese programa que presentamos de 206 propuestas, que hablaba de la equidad, ¿qué es lo que pretende, y qué es lo que ha logrado?

En 10 meses, aumentamos el presupuesto de alimentación escolar en un 42%. Y óigase también, en este año alcanzó Colombia el presupuesto más alto que haya tenido la educación en la historia de este país; porque una cosa son los discursos, pero otra cosa son los discursos que van con los recursos. Por eso lo quisimos hacer así.

Por eso nosotros tenemos la convicción, en el Plan de Desarrollo, de duplicar la jornada única, de aumentar la cobertura para la niñez de manera integral de 1 a 2 millones de niños, y llevar la alimentación escolar a 7 millones de niños, los 180 días de su gestión escolar.

Por eso, nosotros queremos tener 600.000 estudiantes al año 2022, que se gradúen en con el título de bachiller y el título de técnico.

Por eso, este año llegarán los primeros 80.000 jóvenes a la educación universitaria pública gratuita, y llegaremos a 334.000 en el año 2022.

Por eso, queridos amigos, es que nosotros le hemos impuesto al Ministerio de Salud la tarea de atender los 922 hospitales públicos, mejorando su gestión; sabemos que falta mucho, pero este año esperamos dejar listo el esquema de Punto Final, para que nos podamos poner al día los recobros del Adres (Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud), que tenemos en la red pública.

Todos estos son acciones de gobierno; acciones que ustedes se han ayudado a construir; acciones positivas que llegan a los territorios, que empoderan a la mujer, en el primer gabinete paritario que haya tenido Colombia; que pretenden llegar a las regiones más olvidadas con la atención integral.

No podemos decir que las cosas ya se alcanzaron. No. Pero vamos en el rumbo de lograrlo.

Este país no podemos dejar que algunos lo lleven al discurso pesimista o, mucho menos, al que quiere ahora sembrar el argumento de la polarización. Ya lo he dicho muchas veces, y hoy lo repito: hay una minoría que quiere destruir, pero hay una gran mayoría que queremos construir. Hay una gran minoría que pretende siempre acudir ante cualquier adversidad a la protesta, y una gran mayoría que queremos acudir a la propuesta.

Hay una gran minoría que pretende siempre apelar a las agresiones, y una gran mayoría que queremos apelar a las soluciones.

La tarea no es fácil; la tarea que tenemos requiere lo mejor de nosotros, requiere resiliencia, que es convertir las adversidades en oportunidades.

Yo los quiero invitar a que, en el marco de esta reunión y agradeciéndoles a ustedes ese mensaje de estar apoyándonos, que lo agradezco profundamente, todos los días tenemos que salir a defender estos argumentos y estos hechos de gobierno.

No vamos a dejar que nubarrones de noticias borren lo que nosotros estamos construyendo como país. Somos autocríticos, y recibimos la crítica con respeto.

Sobre todo, la crítica constructiva la escuchamos para mejorar; pero yo les quiero decir a ustedes, queridos amigos, que si me he extendido esta noche es por un mensaje de gratitud, para que ustedes escuchen de mi propia voz, sin pronter, sin libretos, sin documentos, pero hablándoles desde el corazón y con el conocimiento del Estado, que aquí queremos dar lo mejor por Colombia, y no vamos a dejar de hacerlo un solo día.

Yo les quiero decir a ustedes que Colombia es un país maravilloso, de gente buena, un país lleno de tesoros ambientales, lleno de tradiciones; Colombia, un país con nombre de mujer; Colombia, un país que conmemora su Bicentenario; Colombia, un país que conmemora su Bicentenario para mirar el pasado, pero corregir hacia el futuro; un país que no se doblega, que no se amaina, y que no podemos dejar que, por cuestiones ideológicas; que, por mezquindades políticas o por intereses personales, deje de soñar y de construir; lo que estamos haciendo por nuestro país es reconocido por el mundo entero.

Yo me siento muy honrado de ser Presidente de Colombia. Yo entiendo las frustraciones de muchos ciudadanos. Yo entiendo los reclamos de muchos ciudadanos que, por años, sintieron el abandono.

Hemos estado en 32 Talleres Construyendo País escuchando a la comunidad, en un magnífico ejercicio de diálogo popular.

Yo les puedo decir a ustedes que, recorriendo esa Colombia, aun en los momentos más difíciles, es la sonrisa de un niño en el Triángulo de Telembí o de una mujer emprendedora en Yopal o de un campesino laborioso en Boyacá, como siempre recargamos la energía.

Nuestro país necesita lo mejor de nosotros, y lo mejor de nosotros empieza por ser capaces de convocarnos en propósitos comunes.

Yo a lo único que aspiro, el 7 de agosto del 2022, es a salir caminando con la frente en alto, y recorrer nuevamente los rincones del país en la mera condición de ciudadano, con el sentido del deber cumplido, y ese deber lo tenemos que realizar en tres años que nos quedan de Gobierno.

Y lo vamos a hacer, con amor y con entrega, con resultados; pero hoy más que nunca tengo que decirles: necesitamos de todos ustedes, porque es el optimismo lo que ustedes los ha hecho llegar a donde están; es el optimismo lo que los ha hecho a ustedes tener sus empresas; es el optimismo lo que les ha hecho a ustedes generar empleos formales, en medio de tantas dificultades.

Hoy los quiero invitar a que, todos los días, repliquemos y repitamos ese mensaje optimista de Colombia, y, al mismo tiempo, que seamos fuertes en la defensa del Estado de Derecho; en pararnos firmes para reclamar una justicia severa con los criminales, y, al mismo tiempo, ser generosos con los necesitados.

Ese es el programa de Gobierno con el que ustedes me acompañaron. Ese es el programa de Gobierno con el que nosotros estamos conduciendo a Colombia.

A mí me podrán criticar por muchas cosas, pero no me podrán jamás criticar por gobernar con unas ideas distintas a las que me elegí.

Les quiero agradecer muchísimo esta oportunidad, y les quiero decir que me llega al alma este encuentro. Muchas gracias a todos ustedes.

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