Incendios forestales, ¿Apagada cultura del fuego?

agosto 3, 2019 9:00 am

Por: Luis Eduardo Forero Medina
Hace veinte años a raíz de los extensos incendios forestales producidos a nivel mundial en la grave sequía ocasionada por “El Niño” en 1997 y 1998, llamaron la atención pública para reconsiderar las políticas públicas acerca de esos incendios; definidos como el “fuego que se extiende sin control cuyo combustible principal es la vegetación viva o muerta”;

entre todos los desastres naturales, los que tienen principalmente origen antrópico, es decir causados por el hombre. Los incendios forestales se han presentado desde siempre; empero en Colombia solo hasta el año 2012 se estableció el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, adoptándose la Política Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, que en tan corto tiempo ha quedado rezagada por inesperadas circunstancias naturales.
Las causas de los incendios forestales son diversas, empezando por los premeditados y la usanza tradicional de quema de cobertura vegetal para supuestamente rendir la producción; empleado particularmente en cultivos de arroz y caña de azúcar. Los incendios forestales pueden empezar con una colilla; o ser consecuencia de ensanchamiento de fronteras agrícola y pecuaria; atentados terroristas, cacería de animales, caída de líneas eléctricas sobre la vegetación; deforestación, fogatas, pólvora; o derivarse de causas naturales como intensas olas de calor y “El Niño”.
Ocurren en todo el planeta, actualmente uno de los más graves de acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial, se vive en el Ártico; en Groenlandia, Alaska, y Siberia,donde se registran 745 incendios, que se pueden ver desde el espacio, y han desaparecido 33.200 hectáreas de vegetación. En Colombia fue Don José Noé Rojas quien, por su personal intervención y aviso a las autoridades, el año pasado salvó Cerro Azul que se estaba quemando; ubicado a 47 kilómetros de San José del Guaviare, donde se hallan ocultos hace más de mil años, una serie pictogramas dibujados en las rocas por tribus indígenas. Donde suceden más incendios forestales en Colombia es en Guaviare, Caquetá, Vichada y Meta; seguidos de Cundinamarca, Huila, Tolima, Nariño, Valle del Cauca, Boyacá y Cauca. Los Parques Nacionales Naturales con mayor afectación por la ocurrencia de incendios forestales están localizados en las regiones Caribe, Andina y Orinoquía, donde desde 2015 han afectado 1225 hectáreas protegidas.
En 2015 en Bogotá D.C., en el que el 42% del territorio se encuentra categorizado en amenaza alta de incendios forestales, se presentaron más de 3.700; arrasando 80 mil hectáreas de bosques y cultivos. Por su condición rural, las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, Sumapaz y Suba son donde surgen más incendios forestales. En otras localidades quemas de residuos y fogatas, de ordinario son el origen de esta clase de desastres como en San Cristóbal, Santa Fe, Chapinero y Usaquén. En los municipios, los alcaldes son los responsables en primera instancia, por conducto del Consejo Municipal para la Gestión del Riesgo de Desastres CMGRD, del manejo de desastres acaecidos en su jurisdicción. En estos sucesos, declarada la calamidad pública, acuden al apoyo de la UNGRD (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres), previo aval del Departamento. En la prevención se suman las juntas de acción comunal, habitantes del sector rural, donde está en mora en la mayoría de municipios la organización de la Red de Vigías Rurales; y la comunidad educativa, donde se promueve el “antes de” los incendios forestales; mediante la prevención, en la cual se incluye la redacción de un Plan de Emergencia Familiar para cada hogar. En Colombia en el último año, más de 91.000 familias se han visto afectadas por los 4.016 eventos en su mayoría inundaciones, movimientos en masa, vendavales, avenidas torrenciales, colapsos estructurales e incendios.
Conforme el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), los efectos de los incendios forestales serán catastróficos para los suelos colombianos; en razón a que por esa causa los suelos se mueren, dejan de ser fértiles y hogar de hongos, insectos, aves y mamíferos. Además, los incendios forestales contaminan y afectan los bosques y el aire. El humo de esos incendios “puede lastimar los ojos, irritar el aparato respiratorio y empeorar las enfermedades cardiacas y pulmonares crónicas”, indica CDC (Centros para el control y prevención de enfermedades de EE UU.)
Hace diez años el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), fundado en 1993, y CONIF (Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal), elaboraron un mapa de zonificación de riesgo a incendios; y en 2016 el IDIGER elaboró el mapa de Amenaza por Incendios Forestales para Bogotá. En este cuatrienio se lanzó el Atlas del Riesgo de Colombia. A la ciudadanía el IDIGER recomienda reportar la presencia de humo o llamas; no realizar quemas agrícolas, de basuras o material vegetal; no hacer fogatas en zonas boscosas; evitar arrojar fósforos o colillas de cigarrillos encendidas y no permitir que los niños jueguen con fuego.
El Banco Interamericano de Desarrollo en sus iniciales BID, ha señalado que los peligros y desastres naturales pueden causar impactos significativos en el desarrollo económico y social de América Latina y el Caribe. “En la mayor parte del territorio nacional no hay suficiente financiación, equipos y entrenamiento adecuado para controlar un incendio forestal, y además falta planificación”, concluyo la profesora Dolors Armenteras del Programa de Biología de la Universidad Nacional de Colombia.
@luforero4

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