Papa Francisco pide recordar este Viernes Santo a víctimas inocentes de las guerras, violencias cotidianas y de los abortos

marzo 31, 2021 7:03 am

–El Papa Francisco afirmó que el Viernes Santo debemos recordar a los “crucificados de hoy”, entre ellos, a los “corderos inmolados”, como las víctimas inocentes de las guerras, violencias cotidianas y de los abortos.

Los pronunciamientos los hizo el pontífice durante su catequesis semanal de este miércoles.

Al referirse al Viernes Santo, día de penitencia, ayuno y oración, el Pontífice pidió que al adorar la Cruz no se olviden a los muchos “crucificados de hoy” que son “imágenes del crucificado, Jesús” porque “en ellos está Jesús”.

“Adorando la Cruz, reviviremos el camino del Cordero inocente inmolado por nuestra salvacio?n. Llevaremos en la mente y en el corazo?n los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo; recordaremos a los ‘corderos inmolados’ vi?ctimas inocentes de las guerras, de las dictaduras, de las violencias cotidianas, de los abortos… Delante de la imagen de Dios crucificado llevaremos, en la oracio?n, los muchos, demasiados crucificados de hoy, que solo desde E?l pueden recibir el consuelo y el sentido de su sufrimiento”, afirmó el Papa.

Además, el Santo Padre reconoció que “desde que Jesu?s tomo? sobre si? las llagas de la humanidad y la misma muerte, el amor de Dios ha regado nuestros desiertos, ha iluminado nuestras tinieblas, porque el mundo está en tinieblas”.

Al efecto, afirmó: “Hagamos una recopilación de todas las guerras que hay ahora mismo, de todos los niños que mueren de hambre, de los niños que no tienen educación, de pueblos enteros destruidos por las guerras, por el terrorismo. De las muchísimas personas que, para sentirse un poco mejor, necesitan drogas, la industria de la droga que mata… ¡Es una calamidad, es un desierto! Hay pequeñas islas (…) del pueblo de Dios, ya sea cristiano o de cualquier otra fe, que guardan en su corazón el deseo de ser mejores. Pero reconozcámoslo: en este calvario de la muerte, es Jesús quien sufre en sus discípulos”.

Luego, el Santo Padre subrayó que después de la muerte de Jesús “los discípulos dudaban, no creían” en la Resurrección y que María Magdalena fue la primera en creer “fue la ‘apóstala de la Resurrección’, fue la que relató que Jesús la había visto, la había llamado por nombre”.

En este sentido, el Papa se detuvo en “los guardias, los soldados, que estaban en el sepulcro para no permitir que los discípulos vinieran y tomaran el cuerpo lo vieron: lo vieron vivo y resucitado” y agregó “los enemigos lo vieron, y después, fingieron no haberlo visto. ¿Por qué? porque fueron pagados”.

“Aquí está el verdadero misterio de lo que Jesús dijo una vez: ‘Hay dos señores en el mundo, dos, no más, dos. Dios y el dinero. Quien sirve al dinero está contra Dios’. Fue el dinero el que hizo cambiar la realidad. Habían visto la maravilla de la resurrección, pero fueron pagados para callarse. Pensemos a las muchas veces que, hombres y mujeres, cristianos, han sido pagados para no reconocer en la práctica la resurrección de Cristo, y no han hecho lo que Cristo nos pidió hacer como cristianos”, añadió.

Francisco definió el Sábado Santo como “el día del silencio, vivido con llanto y desconcierto por los primeros discípulos, conmocionados por la ignominiosa muerte de Jesús. Mientras la Palabra calla, mientras la Vida está en el sepulcro, los que habían esperado en Él son puestos a prueba, se sienten huérfanos, quizás incluso huérfanos de Dios. Este sábado es también el día de María: ella también lo vive con lágrimas, pero su corazón está lleno de fe, lleno de esperanza, lleno de amor”.

El papa subrayó que ante la crisis y la desolación no conviene hacer cambios: “cuando todo parecía haber terminado, ella mantuvo la vigilancia, mantuvo la esperanza en la promesa de Dios que resucita a los muertos. Así, en la hora más oscura del mundo, se convirtió en Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia y signo de esperanza”.

“Los ritos de la Vigilia Pascual y el canto festivo del Aleluya” se abrirán paso con la alegría y con la luz, en medio de la oscuridad del Sábado Santo. “El Resucitado nos da la certeza de que el bien siempre triunfa sobre el mal, que la vida siempre vence a la muerte y que nuestro fin no es descender cada vez más bajo, de tristeza en tristeza, sino elevarnos a las alturas”, afirmó el Papa.

El Papa puso en evidencia que “los discípulos dudaron, no creyeron. La primera en creer y ver fue María Magdalena, ella era la apóstol de la resurrección que fue y les dijo que Jesús lo había visto, que [Él] la había llamado por su nombre. Y entonces, todos los discípulos lo vieron”.

“Los guardias, los soldados, que estaban en el sepulcro para no dejar que los discípulos vinieran a tomar el cuerpo, lo vieron: lo vieron vivo y resucitado. Los enemigos lo vieron. Y luego fingieron no haberlo visto. ¿Por qué? Porque se les pagó. Aquí está el misterio, aquí está el verdadero misterio de lo que Jesús dijo una vez: «Hay dos señores en el mundo, dos, no más: dos. Dios y el dinero. Quien sirve al dinero está en contra de Dios». Y aquí es el dinero el que ha hecho cambiar la realidad. Habían visto la maravilla de la resurrección, pero se les pagó para que guardaran silencio. Pensamos en las muchas veces que se ha pagado a los hombres y mujeres cristianos para que no reconozcan en la práctica la resurrección de Cristo, y no hagan lo que Cristo nos ha pedido que hagamos, como cristianos”.

El Papa finalizó su alocución, saludando a los fieles de lengua española: “Queridos hermanos y hermanas, también este año viviremos las celebraciones de la Pascua en el contexto de la pandemia. En tantas situaciones de sufrimiento, sobre todo cuando las padecen personas, familias y pueblos ya probados por la pobreza, la calamidad o el conflicto, la Cruz de Cristo es como un faro que señala el puerto para las naves que siguen a flote en un mar tormentoso. Es el signo de la esperanza que no defrauda; y nos dice que ni siquiera una lágrima, ni siquiera un gemido se pierde en el plan de salvación de Dios”.

Por último, el Francisco invitó a pedir “al Señor que nos dé la gracia de servir, de reconocer este Señor y no dejarnos pagar para olvidarlo”. (Información Aciprensa y Vatican News).

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