Presidente Lula viaja a Irán para tratar de que Irán decline su carrera armamentista nuclear

mayo 15, 2010 7:57 am

El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, inicia este domingo una crucial visita a Irán que según los expertos encierra una arriesgada apuesta política y diplomática en la arena internacional.

Bajo el escrutinio de Estados Unidos y otras grandes potencias, el mandatario sudamericano aterrizará esta medianoche en el aeropuerto de Teherán con un asunto estrella en la agenda: el controvertido programa nuclear iraní.

Gran parte de la comunidad internacional, con Washington, Londres o Berlín a la cabeza, acusan al régimen iraní de ocultar, bajo su programa atómico civil, otro de naturaleza clandestina y aplicación bélica cuyo objetivo sería la adquisición de un arsenal nuclear, alegación que Teherán rechaza.

El pulso se ha agravado en los últimos seis meses, después de que Irán pusiera trabas a una oferta de intercambio de combustible nuclear para su reactor civil y comenzara a enriquecer uranio al 20 por ciento por su propios medios.

Desde entonces, Estados Unidos, secundado por países como Francia o el Reino Unido, intenta consensuar una nueva batería de sanciones, que según fuentes diplomáticas podrían estar listas para el próximo mes de junio.

Irán ha trabajado en el seno del propio Consejo de Seguridad para tratar de integrar en la resolución de la polémica a los diez miembros no permanentes del citado Consejo.

China, único país con derecho a veto que alberga reticencias, mantiene una posición ambivalente.

Turquía y Brasil, en principio contrarios a la medidas punitivas, se han erigido en mediadores, un papel que ha despertado suspicacias, en particular entre la Administración estadounidense.

La embajadora norteamericana ante la ONU, Susan Rice, advirtió el jueves que el proceso sancionador proseguirá pese a la visita del mandatario sudamericano y expresó su esperanza de que el mensaje de Lula a Irán sea que la presión aumentará si no cambia de actitud.

En una línea similar se expresó el viernes el presidente ruso, Dimitri Medvedev, quien señaló que la visita de Lula a Teherán podría ser la última oportunidad para evitar las sanciones.

«El viaje encierra un alto riesgo, si Lula logra sacar un acuerdo su estatura política y la de Brasil crecerá, pero de lo contrario quedará muy tocado en su deseo de proyectarse como alternativa», explicaba anoche a Efe un diplomático acreditado en Teherán.

Pese a que alaba el esfuerzo, una fuente del departamento de Estado filtró esta semana que la Casa Blanca se muestra escéptica aunque sigue abierta a la eventual solución diplomática del conflicto.

«Brasil ha jugado fuerte en la defensa de Irán. Lula ha llegado hasta aquí y no puede marcharse con las manos vacías», explica un experto persa que prefiere no ser identificado.

El pasado noviembre, durante la visita del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a Brasilia, su anfitrión defendió el derecho de Irán a desarrollar la energía nuclear, siempre y cuando sea para usos civiles.

Seis meses después, el ministro brasileño de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, reforzó la postura de su país al indicar que Brasil cree que Irán «está lejos de fabricar una bomba atómica».

El jefe de la diplomacia brasileira viajó a finales de abril a Teherán para preparar la visita presidencial, que incluye la asistencia de Lula a la cumbre del G-15 y al foro comercial entre ambos países.

En una entrevista con las agencias internacionales de noticias acreditadas en la capital iraní, Amorim subrayó que el objetivo más urgente para su país es desbloquear la propuesta para el intercambio nuclear, considerado el primero de los numerosos nudos gordianos del asunto.

El pasado 23 de noviembre, Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido propusieron a Irán enviar al exterior su uranio al 3,5 por ciento y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20 por ciento.

Sin embargo, el régimen iraní ha puesto trabas al acuerdo, ya que dice no confiar en la otra parte.

Además, exige como garantía que el intercambio se realice de forma simultánea, en territorio iraní, y bajo supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), condiciones a la que se oponen los países ofertantes.

En su visita a la capital iraní, Amorim sugirió como alternativa que el intercambio se haga en un tercer país, y apuntó hacia el otro mediador, Turquía, ya que en su opinión es el que mejores condiciones ofrece, tanto por cercanía geográfica como por la buena relación con el Gobierno iraní.

Sin embargo, esta semana Irán volvió a insistir en que su opción es que el polémico intercambio tenga lugar dentro de sus fronteras.

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