Glosas en torno a la abstención electoral

junio 17, 2014 8:03 pm

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo

Ríos de tinta han corrido acerca de la abstención en Colombia. Para algunos reviste enorme gravedad; para otros es un grave síntoma que la democracia corre peligro; y algunos caradura – generalmente de la izquierda recalcitrante – argumentan que los abstencionistas de hecho representan un grupo homogéneo que no comulga con el establecimiento.
Para el autor de esta nota, la abstención en Colombia tiene poca, por no decir ninguna, importancia. En primer lugar, la abstención en los últimos cuarenta años siempre se ha mantenido en un nivel entre el 50 y el 60 por ciento. En segundo lugar, fuera de contadas excepciones en donde los vagabundos de las Farc le impiden a la gente votar, en Colombia es relativamente fácil el voto; y la Registraduría es una entidad que en principio funciona y se ha mantenido, tecnológicamente hablando, vigente. El problema en Colombia no es que exista barreras para evitar que la gente vote: el problema es que sigue existiendo, especialmente en la Costa Atlántica, todo tipo de mecanismos y esquemas de compra de votos. Es decir, emolumentos en metálico o en especie que inducen a la gente a votar a favor de tal o cual candidato.

Si comparamos el caso de Colombia con algunos países y zonas en el resto del mundo encontramos que en Estados Unidos, en la Unión Europea, y en Chile la abstención tiene niveles similares, llegando al 60 por ciento en las elecciones nacionales y supranacionales. Por el contrario, en los países totalitarios como Cuba o Corea del Norte la abstención es solo el 0.0001 por ciento. Otros países, como la vecina Venezuela, los niveles de abstención son menores dado que el voto es obligatorio.

Pero el tema de fondo es que la apatía electoral termina es afectando a los abstencionistas exclusivamente. Es decir, por perezosos, indolentes, o indiferentes terminan son ellos pagando un precio alto. Pericles, el estadista de la antigua Grecia, afirmaba: “El hecho que usted no se interese en la política, no implica que la política no se interese en usted”. A medida que los ciudadanos no tomen conciencia que si no votan, los que si votan o peor aun los que compran los votos son los que van a decidir los aspectos mas elementales de la vida cotidiana como son el nivel de impuestos y la libertad relativa, necesariamente deben darse cuenta del error que están cometiendo al no salir a votar.

Para mi el abstencionista se asemeja a aquel integrante del paseo al rio que cuando se le consulta si se debe llevar pollo o lechona, aguardiente o cerveza, se abstiene de opinar. Al no haber opinado, obviamente se tiene que ajustar a lo que decidan los que si opinaron, gústele o no el pollo o la lechona; o el aguardiente o la cerveza. A la hora de la verdad el paseo sigue adelante.

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