Trabajo infantil en países de la Copa América 2021

junio 3, 2021 7:35 am

Por: Luis Eduardo Forero Medina
Al día siguiente de celebrarse el día mundial contra el trabajo infantil empieza la Copa América jugada entre diez países de América del Sur, que con sus homólogos del Caribe cuentan más de 10 millones de niños, niñas y adolescentes entre los 5 y los 17 años trabajando, muchos en condiciones de peligro; impidiéndoles asistir al estudio, perjudicando su salud, y tasando con gran medida su futuro.

En el 2021 – Año Internacional para la erradicación del Trabajo Infantil- se celebra otra versión de la Copa América, subcontinente sur, donde el número de trabajadores menores de edad es equivalente a la población de Paraguay y Uruguay; país éste donde serían más de 60 mil los niños, niñas y adolescentes charrúas que trabajan, mayormente en la zona rural, en donde los menores de 15 años probablemente lo hacen en labores prohibidas y “tareas ilegales”. De los 15 a los 17, en las ciudades son contratados con permiso oficial, en el comercio y gastronomía; superando subrepticiamente las 6 horas diarias autorizadas. Significativo número son empleados en trabajos domésticos, dejando de ir o abandonando el liceo. En Paraguay, unos 100 mil niños, niñas y adolescentes entre los 15-17 años de edad quedan privados del juego, a veces por estar de limpiabotas en el Congreso. Unos 50 mil trabajan en criadazgo, asimilado a la esclavitud moderna, sin remuneración económica, a veces solo comida y dormida. Los criados algunos provienen de familias indígenas empobrecidas económicamente. Según una encuesta de 2011, el 68% de la población infantil que trabaja fuera de casa, el tiempo libre también lo hacen en el hogar, ocasionándoles un estrés postraumático y ansiedad.
El 13 de junio Argentina y Chile escucharán el pitazo inaugural del torneo de futbol en el estadio monumental de Argentina; nación en donde el trabajo infantil para los menores de 16 años es un delito, que prevé una pena de hasta cuatro años de cárcel y sanciones administrativas cuantiosas. El trabajo infantil habría disminuido con las asignaciones familiares contributivas o la asignación universal por hijo, que otorga el gobierno. Empero, se presenta trabajo infantil en el mercado, autoconsumo y actividad doméstica. En Chile, de acuerdo al Ministerio de Trabajo, el 64% de la población infantil que trabaja pertenecen al 40% de la población más pobre. En septiembre de 2020 la Cámara de Diputados aprobó la ley que promueve un “Chile sin trabajo infantil”, empero establece una jornada laboral para niños, niñas y adolescentes no superior a 30 horas semanales. En adelante se llevará un Registro público de empresas infractoras, encargada de vigilar el trabajo infantil en las 354 comunas del país, 81 de las cuales tienen un alto nivel de vulnerabilidad en trabajo infantil. Venezuela arranca el debut con el gigante Brasil, en Colombia; tripleta de países en donde ha aumentado el trabajo infantil y de las peores formas. El país que gobierna Maduro no lleva estadísticas fiables y actualizadas sobre ese flagelo; en el país que gobierna Balsonaro, es invisible para el Estado el inmenso ejército de trabajadores infantiles inmersos en las urbes y en la selva; y en el que gobierna Duque, el reclutamiento para el conflicto armado de niños, niñas y adolescentes, lejos de terminar, continuaría. El trabajo infantil abunda en el campo, en la minería ilegal, en las calles, en las tiendas de barrio. En Ecuador, la OIT califica el trabajo infantil “como una dura y compleja realidad”; por lo menos un 8% de infantes trabajan. En Perú, una Comisión de Expertos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), señaló este año que el 42% de las víctimas de trata son niños, mediante el trabajo y la explotación sexual. En Bolivia trabajan cerca de 800 mil niños, niñas y adolescentes, siendo considerado el trabajo infantil como “una realidad inevitable” y permitido desde los 10 años, a partir de 2014. En el ámbito familiar, se aprueba trabajo peligroso, como pesca en ríos y lagos, agricultura, cría de ganado mayor y albañilería. En la mayoría de países esgrimen argumentos falaces para justificar el trabajo infantil: “es mejor que los niños, niñas y adolescentes trabajen, en lugar de no hacer nada; prefieren verlos trabajando, que robando; que el trabajo dignifica al hombre y lo capacita para un mejor empleo a futuro; que las niñas para la cocina, y los niños para trabajos duros”. Todos son mitos y creencias a derribar en torno al trabajo infantil, sostuvo el gobierno argentino. “El arma más efectiva para contrarrestar el trabajo infantil es la educación, y específicamente enseñarse en las zonas en que la infancia tiene posibilidades de verse más afectada” (Amnistía Internacional).
Para Fernández, “los niños deben trabajar solo en sueños”; Arce dijo que es necesario generar oportunidades para que salgan del trabajo infantil; Balsonaro añora “esos buenos tiempos cuando los menores podían trabajar”; Moreno, indicó que “Somos un país de emprendedores, la necesidad obliga”; Piñera sigue firme en su compromiso de poner a los niños primero; Duque rechaza “de una vez por todas y para siempre el trabajo infantil”; Sagasti lo justifica indicando que es un problema y una tragedia que aqueja al mundo entero, y para Maduro es “una práctica opresora del sistema neoliberal”.
@luforero4

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