Animales silvestres, cada uno en su lugar

julio 28, 2021 8:39 am

Por: Luis Eduardo Forero Medina
Cerca de los Cerros Orientales de Bogotá habitan ardillas, coatíes, osos, tigrillos lanudos, zorros perrunos y otros animales, buscando una conexión con los páramos de Chingaza y Sumapaz, persiguiendo alimento y refugio; en los 15 humedales de la ciudad a los que se puede acceder, se dejan ver búhos, copetones, culebras sabaneras, ranas, tinguas, zarigüeyas; que tampoco es raro observar en parques y senderos. En plena carrera séptima con calle 127 del D.C. apareció de repente un venado; en otras ocasiones fue incautado un puma en una vivienda en el norte de esa ciudad; después un mono tití; un mono capuchino; en fin, miles de animales silvestres que son objeto de tráfico ilegal.

El calvario de los animales silvestres se presenta principalmente en Semana Santa, feriados y ferias de pueblos, donde se muestran a cargo “generalmente de grupos familiares o de allegados, lideradas por un cabecilla” (Policía Nacional de Colombia); en las cercanías a los templos y las plazas de mercado; en algunas carreteras de Colombia no es raro ver personas exhibiendo animales silvestres, – anuros, aves mamíferos, reptiles-; varias de esas especies amenazadas, en peligro, en peligro crítico o vulnerables; ofertándolos a tenedores que después, justifican su ilegal tenencia por haberlos comprado por lástima con el individuo; que en camino a su destino se muestra miedoso, deprimido, agresivo, desubicado, a veces herido; y los tenedores entre regocijados y nerviosos; probablemente ignoran las enfermedades que llevan a sus hogares por ser posiblemente portadores asintomáticos de diferentes enfermedades, o transportar consigo bacterias, hongos, protozoos o parásitos; originen de las llamadas enfermedades zoonóticas, definidas por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como “ enfermedades infecciosas transmisibles naturalmente desde animales vertebrados al ser humano”, y que se han intensificado por “La estrecha interacción entre hombres y animales, así como el aumento de la actividad comercial y la movilización de personas, animales, sus productos y subproductos”, de acuerdo a esa Organización. Los llevan a sus casas, con el equivocado concepto que son mascotas o animales de compañía, haciendo de alimentadores y cuidadores, sin contar con la debida preparación; enfrascándose la mayor de la vez con esos representantes de la fauna silvestre, y terminan abandonándolos en áreas no apropiadas, y otros retornándolos voluntariamente a la autoridad correspondiente. Esas personas desconocen que ese animal fue extraído brutalmente de su hábitat natural, causando la mayor de las veces, muertes numerosas de dichos especímenes, que, para tenerlos, se deben poseer los respectivos permisos de validación, sea con fines de caza comercial, científica, deportiva, de control o de fomento; y que esa actividad fuera de la ley mueve mucho dinero en efectivo. “Se estima que después de las drogas ilícitas y las armas de fuego, el tráfico de especies ocupa el tercer lugar como el más grande y lucrativo del mundo” (Capitán Mabel Rocío Hernández Chávez, Jorge Enrique Linares Hamann, El tráfico de especies silvestres como empresa del crimen organizado, Policía Nacional de Colombia, Dijìn). Otros animales terminan en destinos como México, EE. UU. (Florida, Nueva York, Texas y California), la República Dominicana y Ecuador. Los animales que no corrieron esa suerte, son rehabilitados en centros especializados a cargo de médicos veterinarios, biólogos y zootecnistas, antes de reintegrarlos de donde nunca debieron haber salido o extraído; o reubicarlos en Zoológicos, Acuarios y Bioparques. Colombia es pionera en América Latina y El Caribe, con el Centro de Atención y Valoración de Flora y Fauna Silvestre – CAV, de última tecnología, para un adecuado manejo biológico, veterinario y zootécnico de los animales extraídos de sus entornos naturales. “Es una deuda que tenía Bogotá con los animales silvestres”.
Donde queda la triple frontera Brasil, Perú y Colombia, respectivamente en las ciudades fronterizas de Tabatinga, a orillas del río Amazonas; Santa Rosa de Yavarí en el departamento de Loreto, y Leticia, al del sur de Colombia; las alarmas se prendieron porque tradicionalmente allí se consume carne de animales silvestres para su subsistencia. “Una prohibición completa de esta práctica sin ninguna política para proteger la seguridad alimentaria de estas comunidades es altamente peligrosa”.( Santiago J. Bucaram-Villacís).
La importancia de los animales silvestres en la naturaleza radica en las diversas actividades que ayudan a conservarla: polinizan flores, dispersan semillas, controlan plagas, controlan poblaciones; en fin, sirven de alimento a otras especies. “Los animales salvajes y las plantas silvestres, además de su valor intrínseco, contribuyen a los aspectos ecológicos, genéticos, sociales, económicos, científicos, educativos, culturales, recreativos y estéticos del bienestar humano y el desarrollo sostenible” (ONU).

En el evento de encontrar un animal silvestre en Bogotá, las autoridades ambientales y policivas recomiendan evitar su manipulación directa, no arrojar objetos que puedan lastimarlos, mantener una distancia prudente y respetar su espacio, no mantenerlos en cautiverio o en calidad de animales de compañía, no suministrar alimento de manera forzada; si el animal está en riesgo, avisar a la autoridad ambiental, que junto con los bomberos y Corporaciones Autónomas Regionales se apersonan.
Son diversos los instrumentos nacionales e internacionales para proteger la fauna silvestre de esa empresa criminal de dejar solos los bosques, siendo la pionera la expedida en 1973, conocida como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
@luforero4

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