El colapso de la educación es el colapso de la nación

agosto 26, 2021 6:10 pm

Por Mauricio Botero Caicedo

En la puerta de entrada de una universidad en Sudáfrica, el siguiente mensaje fue fijado para la contemplación:

Destruir cualquier nación no requiere el uso de bombas atómicas o el uso de misiles de largo alcance, sólo se requiere de un bajo nivel educativo, ignorancia de su historia y que sus estudiantes hagan trampas en los exámenes y ante cualquier barrera que encuentren en la vida.

– Los pacientes mueren a manos de esos médicos…

– Los edificios se derrumban a manos de esos ingenieros…

– El dinero se pierde a manos de esos economistas y contadores…

– La humanidad muere a manos de esos eruditos religiosos…

– La justicia se pierde a manos de esos jueces…

En Colombia, dónde la educación pública es una calamidad, la culpa recae en buena parte, sino en la totalidad, en Fecode. Es por esta razón que puede ser oportuno trascribir algunas de las observaciones de la periodista Salud Hernández – Mora en reciente artículo:

“El poderoso sindicato Fecode ha optado por transformarse en el gran Maestro del Odio y en un movimiento político que desprecia por igual a sus afiliados y a los niños. De los primeros buscan, por un lado, obediencia ciega en su anhelo de pastorear una manada mansa que acepte sus indicaciones, por delirantes que sean. Y también pretenden reclutar seguidores fieles dispuestos a asumir la tarea de ejecutar sus órdenes en los colegios. En la misión de adoctrinamiento, los necesitan para repetir como loros sus mantras ante los alumnos hasta conseguir que los interioricen y consideren normal odiar a cualquiera que ellos señalen. Hoy lanzan sus dardos venenosos hacia Uribe y los uribistas –varios millones de colombianos–; mañana serán otros los objetivos de unos líderes que actúan como una secta.”
“En cuanto a los niños, a Fecode solo le interesan sus cerebros inmaduros para llenarlos de odio hacia quienes matriculen como sus enemigos. No desean educar pequeños en la tolerancia y el respeto a la diferencia, ni generarles inquietudes para que piensen y razonen por sí mismos. Solo soldados obedientes a la causa, al mejor estilo de los talibanes. “Uno, y dos, y tres, Uribe, paraco”, grita, a coro, un grupo de niños que no deben tener más de 6 o 7 años. Siguen las líneas que les marcan varios docentes, y en el video se aprecia que entonan la frase de manera repetitiva en un ambiente festivo, dentro de una marcha, como si fuese un juego divertido. Seguro que desconocen por completo al personaje, pero lo cantan con tanta frecuencia y entusiasmo, que tarde o temprano detestarán al expresidente y cada vez que lo vean en televisión, lo insultarán como les enseñaron. También, con el paso del tiempo, mirarán con odio y recelo a cualquiera que se declare uribista o de derecha, y harán bullying a quienes no piensen como ellos. Según ha revelado José Espejo, coronel (r) y columnista, también enseñan a odiar a los policías, a pedir que los maten. Así de crudo. No extraña, por tanto, observar a jovencitas apalear y patear a uniformados en las manifestaciones con una saña que aterra. A más de una debieron meterle en la cabeza, durante su etapa escolar, la animadversión hacia la Policía Nacional.”

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