El lado turbio de los ríos colombianos

septiembre 27, 2021 5:15 pm

Por: Luis Eduardo Forero Medina
En la travesía por los ríos nacionales fuera de la atracción natural de los cuerpos de agua, muchas veces sin par en otra parte del mundo, es evidente que gimen por la contaminación de sus aguas, la deforestación en zonas vecinas, la emigración de especies de la fauna, la erosión, el cambio en el uso de los suelos, la poca o deficiente gestión de los recursos hídricos, función en principio de la primera autoridad política de los municipios por donde atraviesan; en fin, los eventos climáticos extremos que hacen en conjunto un panorama amenazador; máxime cuando año tras año miles de familias son afectadas por los altos niveles de los ríos, las inundaciones y derrumbes; la desaparición de niños que se lleva la corriente mientras sus cuidadores, o ellos solos tratan de cruzar la frontera con Venezuela; las frecuentes requisas a embarcaciones, incluso violando el territorio nacional, y el interrogante de si ¿Es posible encontrar los cuerpos de quienes fueron arrojados a los ríos durante el conflicto?

Es imposible determinar la cantidad de cuerpos arrojados a los ríos; el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), reporta más de 1.080 cuerpos recuperados en 190 ríos colombianos. Esa tenebrosa práctica ejercida desde la década de los sesenta del siglo pasado, ha determinado que algunas cuencas hidrográficas registren en sus anales historias turbulentas, frías, de miedo y de permanente olvido oficial. Hace unos años la pesca como actividad doméstica y comercial desapareció en algunas zonas de influencia de ciertos ríos nacionales. En Bocas de Satinga, cabecera municipal del municipio de Olaya Herrera, a cuatro horas de Tumaco, en el departamento de Nariño, “a la población se le quitó el apetito de pescado entre 2001 y 2004”, a causa del rio Patía. En el lanzamiento de la “2ª fase Ríos de vida y muerte II”, proyecto periodístico con apoyo de varias instituciones públicas y privadas, entre ellas la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, se señaló que “Es muy importante que estas historias se cuenten, en algunos casos se han silenciado”. Relata la historia que el coronel Hermògenes Maza, llamado el ángel exterminador, de la campaña del Magdalena de 1820 tomó prisioneros a los que lanzó vivos al rio, pero envueltos en zurrones de cuero para que se ahogaran. Según el portal periodístico “Rutas del conflicto”, en el rio san Jorge hay más historias de muertos que de vida; en el rio Cauca, “sigue la caravana de la muerte que nadie quiere ver”, y en su ribera al paso por el departamento de Valle del Cauca, están instalados más de medio centenar de asentamientos humanos. Para los habitantes del municipio de Marsella, un poblado risaraldense de coloridas edificaciones, “el rio se convirtió desde los años 80 en el mayor dolor de cabeza”. El rio Sinú con 16 municipios ribereños, de las tradicionales procesiones de pescadores “pasó a ser anfiteatro y testigo de barbaries”.
“Aunque no existe suficiente información oficial sobre las desapariciones de cuerpos en el rio Putumayo, los habitantes de la zona expresan que la práctica de arrojar víctimas fue sistemáticamente. Según la base datos del centro de memoria histórica, las autoridades han encontrado al menos 15 cuerpos en las aguas del Putumayo”. Del Rio Guaviare, la sentencia de Justicia y Paz del 31/01/2012 indica que se utilizó como un corredor estratégico para cerrarle la frontera con Venezuela a las FARC. El Colectivo de abogados José Alvear Restrepo, indica que el último registro que se refiere de un cuerpo en este rio es de 2013.
De otra parte, “los grupos armados controlan los ríos utilizados para transportar minerales como el coltàn desde zonas de explotación en Colombia y en Venezuela, hacia ciudades principales como Bogotá” (insight crime.es). El municipio de Istmina, en el departamento de Chocó, “como dijo el señor Suarez, está fundada sobre opulentas arenas de oro y platino”, hecho que la hace atractiva para la extracción de esos minerales, con la consecuente afectación del cuerpo de agua. Los municipios chocoanos de Medio Atrato, Bojayà, Vigía del Fuerte, Murindò, Carmen del Darién, Unguìa y Turbo, situados en la cuenca del río Atrato, están desde hace años indignados porque el rio Atrato “lo están usando como una cloaca”. Los desafíos del río Caquetá, son el mercurio, la minería e ilegalidad. El rio Bogotá estaba tan contaminado que el proceso para sacar sedimentos duró tres años, sin embargo el sueño de un rio Bogotà limpio se convertiría en realidad hacía finales de esta década con la finalización de la planta de tratamiento de aguas residuales El Salitre, la Estación Elevadora de Canoas y otras obras o mega estructuras que permitirán transportar las aguas a la futura PTAR Canoas que tratará el 70% de las aguas residuales de Bogotá y el 100% de la zona urbana del municipio de Soacha en el departamento de Cundinamarca. El rio de la Patria, el Magdalena, en los departamentos de Boyacá, Santander y norte de Santander, no cuenta con infraestructura carreteable o férrea que los enlacen con este afluente, que “guarda la memoria del conflicto colombiano, en su lecho está la memoria de cientos de desaparecidos”, y al día de hoy presenta baja movilización de pasajeros y carga.
@luforero4

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