Playas, el otro lado

enero 13, 2022 3:57 pm

Por: Luis Eduardo Forero Medina

Los atractivos de sol y playa, pese a la continua limpieza nacional de las mismas, se ven truncados algunas veces por la presunta  mala calidad de las aguas de baño, deficiente información en el sitio, poca o ninguna  educación ambiental de los visitantes, una  gestión ambiental deficiente de parte de los gobiernos municipales o regionales, relativa inseguridad, y servicios e instalaciones improvisadas en las arenales, las cuales actualmente están en  proyecto de  tipo  de ordenamiento, para superar el actual  déficit en su ordenamiento   y planificación.

Acomodados de alguna manera los turistas, nacionales y extranjeros,  el escenario paradisiaco puede verse rodeado de   basura, desperdicios de comida en la arena, que atraen moscas y aves carroñeras; personas llevando consigo cangrejos, estrellas, erizos, conchas de mar, trozos de coral y piedras porosas, o hasta convirtiendo las playas en baños públicos o en improvisadas porterías de futbol en la playa, para lo cual arrancan las ramas de las palmeras. Se continúa comercializando a la vista pública artículos elaborados con esos elementos propios del mar, inclusive con especies en peligro crítico o en extinción, como la tortuga carey, que de mayo a noviembre corre más peligro por ser ese el tiempo de anidación de la misma. Algunos de los problemas identificados en las más de   trescientas playas colombianas, son que, 198 de ellas de destino turístico no cuentan con la estructura suficiente para una adecuada prestación de los servicios; existen 86 puntos críticos en el país identificados por el Plan Maestro de erosión, o como en las Playas de Necocli, que este año se ha visto    convertidas en improvisadas carpas donde se albergan   cientos de migrantes, en su mayoría de Haití, esperando un paso a Panamá. Son toneladas los residuos que se encuentran en las playas no solamente nacionales, sino a nivel mundial, sobre todo tapabocas, filtros de cigarrillo y plásticos y tapas plásticas. Sigue siendo común la utilización de bloqueadores con sustancias que afectan la fauna.  En septiembre de 2021 más de una tonelada de desechos fueron recuperados de playas del departamento colombiano del Choco. Presumiblemente por la falta de gobernabilidad en este sector turístico, desde hace tres años se vienen desbordando, saliendo de madre graves problemas ambientales  y de inseguridad en  Playa Blanca, en la isla de Barú, en Cartagena, lo que ha motivado el cierre paulatino de una franja de las mismas, debido a la falta de  la construcción  de infraestructura para el control del ingreso marino y terrestre; que se habría dificultado por las gestiones engorrosas  para conseguir o negociar  los predios. En Puerto Colombia después de los conciertos, las playas quedan siempre ensuciadas; hasta 800 toneladas de desperdicios han sido recogidas en estas playas tras las celebridades musicales; igual en la Zona Norte de la Alta Guajira y en la Isla de san Andrés, donde las tapas de botella y el papel son los elementos más abandonados por algunos turistas. No es raro que en ciertas playas adelanten pesca ilegal con elementos como arpones. En general, los departamentos costeros desde hace tiempo no disponen de suficientes recursos para invertir en las playas con el fin de frenar la erosión costera, que es específicamente grave en los departamentos de La Guajira, Magdalena, Antioquia y Córdoba, que sin embargo aguardan la esperanza que para el año 2026 verán ejecutado un Proyecto en ejecución para el reforzamiento de este recurso natural. En este último departamento, particularmente en los municipios de Los Córdobas, Puerto Escondido, Moñitos, San Bernardo del Viento y san Antero, se prevé la recuperación de dunas, que son las que permiten que se mantenga la arena en la zona y además colocar arrecifes artificiales. En otros programas se acude a espolones o espigones, que son estructuras colocadas trasversalmente a la línea de costa, usadas históricamente para proteger y recuperar playas, que empero, cuando son levantados por particulares, causan más perjuicios que beneficios, por erosionar las playas, disminuir su anchura   u ocasionar perjuicios a vecinos de predios en la costa.

Fuera de los inconvenientes naturales que soportan las playas, han estado siempre a la deriva en cuanto a la permisibilidad de construcciones adelantadas sin regulaciones dentro de la franja de protección de la costa, invadiendo zonas reservadas al recurso, que también desde el   Decreto 2324 de 1984, se permite explotar por particulares playas marítimas y terrenos de bajamar. Lo peor sería que aumente la implementación de grandes construcciones a la orilla del mar que desgastan el suelo. Por el cambio climático, un aumento en el nivel de mar y la acción humana, analistas, a veces pasándose de la raya, hablan hasta de un Caribe sin playas, lugares que también están siendo empleados para llenarlos de construcciones privadas con la inocultable aspiración de usufructuar los bienes públicos, en este caso las playas, que por esta época se ven  atiborradas sin limitación alguna en cuanto al número de visitantes. Según la ONU, para el año 2050, las playas, las riberas de los ríos y las montañas serán envenenadas por el plástico. Por esa causa y las demás enunciadas, los responsables del deterioro de las playas serían en primer término los gobiernos, en todos los órdenes; seguidos de los compradores, los vendedores, es decir, todos.

@luforero4

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