Museo de Arte Moderno hará homenaje al maestro David Manzur

diciembre 10, 2019 3:48 pm

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David Manzur es un artista colombiano que ha tenido una única trayectoria artística a través de la historia del vanguardismo y neovanguardismo. Su producción artística inició desde la década de los años 50 y continúa activa hasta hoy.

Homenaje a los 70 años de carrera artística del artista

El oficio de la pintura es la exposición conceptualmente más completa —hasta el momento— de David Manzur, estará en el Museo hasta el 23 de febrero de 2020. Esta muestra es evidencia de la grandeza del artista y de su destreza en la pintura tradicional en técnica y forma, interpretada de manera contemporánea.

Con más de 60 obras, de 1958 hasta hoy, esta exposición ofrece un repaso por la trayectoria de David Manzur haciendo énfasis en su trabajo actual. Además, de la totalidad de las obras, se mostrarán algunas obras inéditas que el maestro Manzur ha realizado especialmente para esta muestra.

David Manzur es un artista colombiano que ha tenido una única trayectoria artística a través de la historia del vanguardismo y neovanguardismo. Su producción artística inició desde la década de los años 50 y continúa activa hasta hoy.

‘David el pintor’ —como le gusta definirse a él mismo— tiene una relación muy cercana con el MAMBO. Manzur expuso en el Museo, en 1964, en el Primer Salón Intercol de artistas; en 1987, presentó la obra San Sebastián y sus estudios previos, pertenecientes a la Colección MAMBO; en 2001, Un pez en mi estancia y en 2011, la serie Ciudades Oxidadas.

David Manzur nace en Caldas, Colombia, el 14 de diciembre de 1929. En su infancia y adolescencia vivió en África (República de Guinea) y Europa (España), lugares donde conoce la obra de artistas como Diego Velásquez y Francisco de Zurbarán. Vuelve a su país natal en 1947 después de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.

Empieza sus estudios de artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, donde exploró también la música y el teatro. En 1956, con una beca -que obtiene gracias a su talento y al apoyo de Hugh Slight- estudia en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York.

El artista empieza a explorar la pintura vanguardista en los años cincuenta. En los sesentas —en época de modernidad— se acerca al expresionismo de la posguerra y a la abstracción.

Manzur continúa formándose como una figura del arte y gana dos años consecutivos, en 1961 y en 1962, la beca del Premio Fundación Guggenheim. Así, aprovecha y vuelve a Estados Unidos a estudiar en el Instituto Pratt en Nueva York. En su estadía, trabaja y conoce a Willem de Kooning (Róterdam, Países Bajos, 1904-1997) y recibe una gran influencia del escultor constructivista Naum Gabo (Briansk, Rusia, 1890-1977).

Luego de ser testigo —de primera mano— de la escena artística americana, regresa a Colombia y funda un taller de trabajo; escuela donde -durante más de 20 años- comparte su conocimiento de arte clásico y contemporáneo por medio de diversos audiovisuales.

Dos años después, en 1964 gana una beca -otorgada por la OEA- para estudiar en el Pratt Graphic Art Center. Luego, obtiene el premio de la Gobernación de Antioquia, en la Segunda bienal de Medellín. En los setentas, trabajando de la mano con Naum Gabo, da el paso definitivo al constructivismo geométrico y a lo figurativo.

Así, empieza su obra relacionada con los elementos icónicos de sus obras, como los caballos o las moscas: figura que tiene un carácter simbólico y que toma como referencia las vanitas barrocas.

Durante su trayectoria artística, que hoy tiene más de 70 años, se interesa por la historia del arte, en particular por el Renacimiento y el Barroco. Por ejemplo, a finales del 2011, Manzur emprende un viaje por la memoria y surge la serie Ciudades oxidadas, pinturas de espacios que recuerdan su niñez y que expresan un homenaje a dos pintores del Barroco que lo apasionan: Francisco de Zurbarán y Diego Velázquez.

El 10 de noviembre de 2019, el pintor sigue siendo reconocido por su gran labor artística nacional e internacional. Manzur recibió la Orden de Boyacá, en el grado de Gran Cruz —la máxima condecoración que el Gobierno de la República concede— por su única trayectoria artística.

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