Destrucción de puentes de la frontera agrava situación colombo-venezolana
Las denuncias de que la guardia venezolana destruyó al menos dos puentes en la zona fronteriza con Colombia, un día después de que se informara de la muerte de tres colombianos, se suman hoy a una serie de episodios que deterioran aún más las ya deterioradas relaciones entre Bogotá y Caracas.
Las autoridades de Ragonvalia, una localidad del departamento fronterizo de Norte de Santander alertaron al defensor del Pueblo de Colombia, Vólmar Pérez, sobre la voladura de los puentes.
El ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, consideró la acción como una «violación a la ley internacional, a la ley humanitaria» y señaló a periodistas que se trata de «una agresión contra los civiles».
Por su parte, la viceministra de Relaciones Exteriores, Clemencia Forero, anunció que «estos graves hechos serán denunciados ante el secretario general de la OEA y el presidente del Consejo de Seguridad de la ONU».
En Caracas, el vicepresidente venezolano, Ramón Carrizalez, confirmó hoy la voladura de los dos «pasos» fronterizos con Colombia, aunque los calificó de ilegales y de «pasarelas improvisadas» que sirven «para los narcotraficantes».
«No tienen sustento» las denuncias de Colombia al respecto, dijo el vicepresidente venezolano, quien también acusó a Bogotá de «manipular la realidad».
Al parecer, algunas autoridades en Norte de Santander disponen de un vídeo en el que aparecen presuntos miembros del Ejército venezolano con uniformes color verde en el momento en que se destruyeron los puentes.
Las cargas explosivas fueron colocadas en esos pasos colgantes sobre el río Táchira que sirve de límite entre Colombia y Venezuela en esa zona del nordeste colombiano.
El alcalde de Ragonvalia, Elmer Gamboa, dijo a radios locales que son puentes tipo «hamaca» o artesanales, para el paso exclusivo de personas y no de vehículos, y que comunican a comunidades de los dos países en la línea de frontera.
Un tercer puente, según corresponsales de varias emisoras locales, habría sido destruido también en el vecino municipio de Herrán.
En otro hecho de violencia en la zona fronteriza, este miércoles, el comandante de policía del departamento colombiano de Arauca, Luis Alberto Ortiz Quintero, denunció que un hombre herido, que después murió en el hospital, denunció que él y dos personas más fueron retenidas, en el lado venezolano, por unos individuos.
«Supuestamente estaban al otro lado del río (Arauca) y fueron traídos por algunas personas que una vez desembarcaron en el lado colombiano les dispararon», puntualizó el coronel Ortiz.
Vólmar Pérez denunció hoy en Bogotá que los tres colombianos fueron asesinados por disparos hechos por hombres vestidos de civil y «según información suministrada a la Defensoría del Pueblo, los sicarios abordaron a sus víctimas en El Amparo (Venezuela) y las obligaron a mostrar sus documentos».
La Defensoría colombiana añadió en un comunicado que «posteriormente fueron transportadas en una canoa hacia Arauca (…) y en el borde del río dispararon contra ellos en repetidas ocasiones».
En octubre pasado, desconocidos secuestraron a doce personas mientras jugaban fútbol en una localidad del estado venezolano limítrofe del Táchira y dos semanas después sus cadáveres aparecieron, entre ellos los de diez colombianos.
Colombia y Venezuela registran en los últimos meses un grave deterioro de sus relaciones diplomáticas, políticas y comerciales tras la firma, a finales de octubre, de un acuerdo militar por el que Estados Unidos puede utilizar al menos siete bases colombianas.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, considera que el acuerdo militar entre Bogotá y Washington es «una amenaza» para Venezuela y para toda la región, y a comienzos de noviembre llamó a los militares de su país y a su pueblo a «prepararse para la guerra», aunque dos días después matizó esa «invitación».
Este miércoles, el presidente Chávez llamó «desgraciado» a su colega colombiano, Álvaro Uribe, y al canciller de este país, Jaime Bermúdez, después de unas críticas de este último a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) por su «silencio» ante el discurso belicista de Caracas.
Uribe se negó a responder hoy a los «agravios» de Chávez, mientras que la Unión Europea (UE) pidió a ambos Gobiernos «abstenerse de acciones o declaraciones» y buscar soluciones «a través del diálogo».
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