–Definitivamente habrá segunda vuelta el 31 de octubre en Brasil. No le alcanzó a Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), para obtener la presidencia brasileña en la primera vuelta celebrada este domingo: obtuvo un 46,56% de los votos, y José Serra, abanderado del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), logró un 32,74% con el 97,53% de los votos escrutados.
Tercera fue la candidata del Partido Verde (PV), Marina Silva, que obtuvo el 19,53% de los votos, un resultado que supera las proyecciones más optimistas de las encuestas sobre intención de voto de la aspirante de los verdes y que la convierte en el fiel de la balanza para la segunda vuelta.
Si Silva estuvo por encima de lo que le habían vaticinado las encuestas, no puede decirse lo mismo de Rousseff, apadrinada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y quien según los últimos sondeos obtendría entre el 50 y el 51% de los votos válidos, pero a la postre se quedó unos cinco puntos por debajo.
Hasta hace dos semanas, la opción de voto por Rousseff era del 57% de los votos válidos (excluidos los en blanco y los nulos), que le alcanzarían para ganar la Presidencia en la primera vuelta, pero en la recta final de la campaña su candidatura perdió fuerza por las denuncias de corrupción en el Gobierno y por las versiones sobre su supuesto apoyo al aborto.
Una encuesta divulgada el viernes por el instituto Ibope mostró que en las dos últimas semanas Rousseff perdió siete puntos porcentuales entre los evangélicos por su posición frente al aborto.
Para contrarrestar ese efecto negativo, Rousseff se reunió hace cuatro días con líderes evangélicos en Brasilia y asistió el pasado jueves al bautismo de su primer nieto en una iglesia de Porto Alegre
PERFIL DE LOS CANDIDATOS
Dilma Rousseff, una economista criticada por su falta de experiencia y carisma, se colocó este domingo a las puertas de la Presidencia de Brasil y, aunque no logró conquistar la cima del poder en primera vuelta, demostró a su padrino, Luiz Inácio Lula da Silva, que no se equivocó al escogerla como su heredera política.
Rousseff obtuvo este domingo el 46,56% de los votos y se enfrentará en segunda vuelta, el próximo día 31, al principal candidato opositor, el abanderado del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra.
De vencer a su rival, la aspirante oficialista, quien este domingo dio un importante paso al frente en su camino por conquistar el sillón presidencial, podría convertirse en la primera mujer en llegar a la jefatura del Estado del país más grande de América Latina.
Lejanas parecen ahora las críticas vertidas por sus detractores, que destacaban de ella su falta de experiencia electoral, su notoria fama de poseer un carácter adusto y maneras rudas, así como su escaso brillo y capacidad de respuesta rápida en los debates electorales.
Hija de un emigrante búlgaro comunista, Rousseff, de 62 años y miembro del Partido de los Trabajadores (PT), pasó más de dos años encarcelada durante su juventud y fue torturada por su militancia en movimientos clandestinos que luchaban contra la dictadura militar en Brasil (1964-1985).
Ese pasado «guerrillero» ha sido objeto de duras críticas por parte de sectores de la oposición que sugieren que, más allá del papel de militante en movimientos clandestinos, Rousseff pudo haber participado en acciones violentas y delitos de sangre.
Sin embargo, la biografía de su página oficial de campaña señala que a los 16 años Rousseff formaba parte de la organización clandestina Política Operaria (Polop), y luego pasó al Comando de Liberación Nacional (Colina) y a la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR-Palmares), pero «como jamás participó en cualquier acción armada, la Justicia Militar la condena solo por subversión».
Nacida en la ciudad de Belo Horizonte, Dilma Vana Rousseff Linhares desempeñó varios cargos administrativos, ya como economista, en el estado meridional de Río Grande do Sul antes de que llegara a oídos del presidente Lula su fama de administradora rigurosa y competente.
Lula, quien la escogió personalmente como candidata a la Presidencia después de que algunos de los nombres mejor posicionados del PT para la sucesión se vieran implicados en varios escándalos de corrupción, ha explicado en varias ocasiones lo impresionado que quedó nada más conocerla.
El presidente, que será recordado como el artífice del buen desempeño electoral de Rousseff, le ofreció el ministerio de Minas y Energía en 2003 y, dos años después, la trasladó a la cartera de Presidencia, la más importante del gabinete, desde donde se encargó de dirigir los principales programas de desarrollo que han marcado el Gobierno de Lula.
En su último mitin electoral, Dilma destacó que «el proyecto de cambio» del PT, formación en la que milita desde 1999, ha logrado sacar a Brasil «de la situación subalterna» que tenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y ha declarado que el país ha dejado de «estar de rodillas» frente al organismo multilateral.
Los asesores de campaña de Rousseff no han dudado en redoblar los esfuerzos por dulcificar el discurso de la candidata y aportar a su aspecto personal una dosis de coquetería y mayor feminidad en su carrera hacia la Presidencia, con la intención de movilizar el voto de las mujeres.
Sin embargo, la nueva Rousseff, bajo esa imagen que busca transmitir elegancia y jovialidad al mismo tiempo, topa con la Rousseff de siempre que no parece encontrar en su apariencia una fuente de preocupación y que, a pesar de presentar una cara más amable, sigue haciendo alarde de una puesta en escena mate y desgarbada.
Divorciada y madre de una hija, Rousseff se convirtió en abuela durante la campaña, motivo por el que suspendió durante unos días sus actividades electorales y distribuyó una foto a la prensa en la que se la ve con el recién nacido, a cuyo bautismo acudió el pasado viernes para mostrar que es una mujer de fe, en momentos en que se le criticaba por ser una supuesta partidaria del aborto.
La abanderada del PT se ha presentado a estas elecciones junto a Michel Temer, un experimentado y hábil político, dirigente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que a sus 70 años ha presidido tres veces la Cámara de los Diputados y ahora está llamado a ocupar la vicepresidencia de Brasil
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El economista José Serra, un veterano político que ha ocupado casi todos los cargos públicos en Brasil, contradijo este domingo los pronósticos y accedió a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, al igual que lo hizo en 2002.
El candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que se había desinflado en las encuestas durante la campaña, obtuvo este domingo el 32,74 por ciento de los votos y ganó el derecho a disputar una segunda ronda frente a la aspirante oficialista, Dilma Rousseff.
Al igual que hace ocho años, cuando fue derrotado en las urnas por Luiz Inácio Lula da Silva, Serra no parte como favorito, pero por su larga experiencia en las lides electorales se postula como un duro adversario, con opciones de alcanzar la Presidencia.
A sus 68 años, Serra se ha ganado a pulso la fama de político honrado y administrador eficiente gracias a su trabajo como ministro en el Ejecutivo de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) y como diputado, senador, alcalde y gobernador de Sao Paulo, cargo que dejó este año para presentarse a las elecciones.
Ideológicamente, se sitúa en el ala más a la izquierda del PSDB, por lo que sus propuestas no difieren mucho de las de su rival en las urnas, basadas en un Estado fuerte que apoye con decisión la inversión pública en áreas como infraestructuras, salud y educación y sin grandes cambios ni en la política económica ni en la exterior.
A pesar del reconocimiento popular por su buena capacidad de gestión, arrastra fama de ser antipático, carece de carisma y en esta campaña no ha conseguido arrastrar multitudes en sus mítines, que por norma general han sido actos pequeños.
Nacido el día de San José de 1942 en una humilde familia de origen italiano en Sao Paulo, entró en la política como líder estudiantil y se exilió a Chile en 1964 por el golpe militar.
En Santiago estudió economía, fue profesor, trabajó en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y se casó con la chilena Mónica Allende, bailarina y psicóloga, con quien ha tenido dos hijos.
El golpe militar de 1973 le obligó a exiliarse de nuevo, esta vez en Estados Unidos, donde se doctoró en Ciencias Económicas por la Universidad de Cornell y dio clases en Princeton.
Regresó a Brasil en 1978, siete años antes del ocaso de la dictadura, para participar en la creación del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), con el que fue elegido diputado, su primer cargo, en 1986.
Dos años después dejó esta formación junto a otros líderes para fundar el PSDB, con el que logró la reelección y después fue el senador más votado del país en 1994.
Por invitación de su amigo, el presidente Cardoso, dio el salto al Ejecutivo, en el que fue ministro de Planificación y, después, de Salud, cartera en la que recibió sus mayores elogios, sobre todo por un programa contra el sida que obtuvo resultados muy positivos.
Después de perder las elecciones frente a Lula en 2002, Serra centró su carrera en Sao Paulo, donde obtuvo la alcaldía en 2004 y dos años después, la gobernación con 12 millones de votos, un amplio apoyo popular que se ha mantenido hasta el final de su gestión.
Con esas credenciales, volvió a optar a la jefatura del Estado, un puesto que si quiere alcanzar tendrá que mejorar su labor en la campaña electoral, que ha sido muy criticada hasta ahora por los analistas políticos.
A punto estuvo de perder en la primera vuelta por su estrategia errática, primero al presentarse como continuador de Lula para después atacar al Gobierno con agresividad por varios casos de presunta corrupción.
En las últimas semanas recuperó enteros con una postura más positiva, alimentada con propuestas orientadas al electorado pobre como amplios aumentos en el salario mínimo y en las pensiones.
Trasnochador empedernido, Serra se declara cinéfilo e hincha del club de fútbol Palmeiras. Fue de los primeros políticos en el país en abrir una cuenta de Twitter, que tiene más de 462.000 seguidores a los que informa a diario de sus pasos.