
Corrían los años 60, una década turbulenta; de cambios, de revoluciones…un nuevo despertar. El rock´n roll marcaba los ritmos de las juventudes con sus letras irreverentes, que retaban a la sociedad; se erigían líderes como el Che Guevara, Malcom X, Martin Luther King…Las mujeres con sus minifaldas, por fin empezaron a ganar un espacio en la sociedad gracias a su activa participación en la “revolución del amor”, que iba en contra de la guerra y la desigualdad de los derechos de las personas.
Y en Colombia, los jóvenes no eran ajenos a todas esas corrientes, gracias a las cuales empezaron a forjarse los primeros movimientos estudiantiles, inquietos, que querían cambios…
Fue así como una mañana del mes de agosto de 1962, llegaron al Parque Nacional de Bogotá, algo más de un centenar de estudiantes, inconformes por la manera como se impartían clases y se administraba la Facultad de Arquitectura en la universidad a la que pertenecían. Antes de reunirse, ya habían tomado la firme decisión de no regresar a su antigua institución académica, la cual sellaron simbólicamente botando sus carnés a la basura.
De esta forma, con los eucaliptos del parque como testigos, sin un peso en el bolsillo y sin siquiera contar aún, con el permiso de sus padres, estos estudiantes liderados por doce de ellos, empezaron a gestar la idea de fundar su propia universidad; un sueño que se materializó el 14 de septiembre de 1962, cuando gracias al apoyo incondicional y desinteresado del entonces senador Alfonso Palacio Rudas, en el salón elíptico del Capitolio Nacional se firmó el acta de fundación y los estatutos de la que inicialmente se llamó Universidad Piloto de Arquitectura.
Este fue el comienzo de un camino repleto de anécdotas, sacrificios y luchas que decidieron transitar un grupo de jóvenes inquietos; pero que hoy, cincuenta años después, redunda en satisfacciones, reconocimientos de todo tipo y alegrías por sus más de veinte mil egresados, por haberse constituido en una de las universidades más reconocidas del país, con la facultad de arquitectura más importante del territorio nacional; pero en especial, por ser la única institución educativa del mundo contemporáneo “Creada por estudiantes, para estudiantes”.
Uno de aquellos doce líderes, que se mantuvo siempre firme con el sueño de una universidad que respondiera a las necesidades de los estudiantes de arquitectura en Colombia, es el actual Presidente de la Corporación Universidad Piloto de Colombia, el Dr. José María Cifuentes, la persona que más cargos ha ocupado y más labores ha realizado al interior de esta importante Alma Máter, pues al tiempo que tomaba clases sentado en el piso porque no tenían sillas, ayudó a construir los primeros salones en una casa arrendada en la Calle 72 con 11, contribuyó con la estructuración de los programas académicos, fue profesor, decano de la facultad de arquitectura y finalmente es la figura más importante y más querida de esa institución.
Hoy día, la Universidad Piloto de Colombia, es una entidad sin ánimo de lucro, que bajo la figura de Corporación – esto quiere decir que no tiene dueños ni accionistas – reinvierte en la construcción de nuevos proyectos en beneficio de los estudiantes de los 15 programas de pregrado, 10 de posgrado y una Maestría. Posee doce edificios en Bogotá, conformados por sedes administrativas, sedes de posgrados, facultades y laboratorios de arquitectura. Cuenta con una importante sede en la ciudad de Girardot y con su propia emisora online.
El pasado mes de junio, con la participación del Presidente de la República, Dr. Juan Manuel Santos Calderón, fue inaugurada la Biblioteca Alfonso Palacio Rudas, una de las más modernas del país y de suramérica. Tiene 6 pisos y además de ser una gran obra arquitectónica y de destacarse por la modernidad de su mobiliario e interiores, está dotada de un componente tecnológico de última avanzada y dispone de más de 30 mil volúmenes físicos y más de 20 mil títulos en bases electrónicas, para ser consultados virtualmente. Cuenta con módulos y salas que facilitan la investigación e inclusive el descanso de los estudiantes.
El Dr. Cifuentes guarda la esperanza de que para los próximos cincuenta años, no hayan desaparecido aquellos jóvenes inquietos e inconformes, que en lugar de lanzar piedras o bombas, sigan generando revoluciones educativas que dejen huella en beneficio de las futuras generaciones.
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