Iglesia Católica pide a colombianos seguir apoyando proceso de paz y no animar la guerra que solo traerá más muerte y lagrimas
–La jerarquía eclesiástica le pidió este lunes a los colombianos seguir apoyando el proceso de paz, pues advirtió que la otra alternativa sería arreciar la guerra, que solo traerá más muerte y más lagrimas.
La exhortación la hizo a través del presidente del Episcopado Monseñor Luis Augusto Castro, quien instaló en la fecha la XCIX Asamblea Plenaria del organismo rector de la iglesia colombiana en Bogotá, que concentra su atención en los temas de la vida consagrada, la visita del Santo Padre a Colombia y la corrupción que impera en el país.
En declaraciones al margen del encuentro eclesiástico, que concedió a los colegas del diario El Tiempo, Monseñor Castro sostuvo que el colombiano que «quiera la guerra, como sea, que mire a sus hijos, hermanos y familiares que va a presentar para esa guerra».
«Que nadie se ponga a animar una guerra en la que no está dispuesta a pagar algo», precisó. «Es mejor trabajar lentamente en lograr la paz que hacer una arremetida que solo traerá más lágrimas, más sangre y más muerte», complementó.
Sin embargo, el prelado dijo que hay que apoyar el proceso de paz, «pero toca ser críticos» y añadió: «La paciencia del país no es infinita, tiene sus límites. En medio de lo malo que ha pasado en los últimos días al menos se pudo identificar que no fueron las Farc las autoras de las bombas que se colocaron en Bogotá. Y eso ya como que hace menos trágica la situación».
Sobre el tácito ultimatum que le dio a las Farc el jefe del equipo negociador del gobierno Humberto de la Calle Lombana, Monseñor Castro dijo que «son expresiones de cansancio», pese a lo cual–aseguró– «hay que seguir adelante y más cuando no hay otra alternativa. La otra es la pura guerra».
Recordó que cuando se acabó el proceso de paz en el Caguán, en esos días surgió una idea que tuvo su acogida y que fue la línea de la guerra rápida: una arremetida fuerte y decisiva contra la guerrilla. Y –afirmó –ahí no acabó el problema.
El jerarca católico pidio a los negociadores de La Habana «darle una oportunidad al proceso de paz» y «agilizar los diálogos, que salgan de los nudos en los que pueden estar trabados».
Sobre el cese al fuego a las Farc sostuvo que solo las Farc podrían hacerlo.
«Y no pueden esperar a que el estado colombiano lo haga porque no lo puede hacer. El Gobierno no solo se enfrenta a la guerrilla; también al ELN y a las bacrim. No puede hacerlo así, sencillamente», explicó.
De otro lado, en su discurso al instalar la asamblea plenaria del Episcopado, Monseñor Castro les dijo a los Cardenales, Arzobispos y Obispos participantes:
La situación de Colombia en este momento, que no es diferente de otros momentos anteriores, es de grande impaciencia frente al proceso de paz, porque su duración parece interminable y ello lleva a que se despierten sospechas de que se esté acordando una impunidad, se esté entregando el país a las Farc o se estén dando demasiadas ventajas a los subversivos. En realidad, no es así. El asunto tiene que ver con la dificultad de los puntos a tratar en este momento, especialmente el de la justicia transicional en el que las posiciones están muy alejadas. En otros procesos, se encontraba una solución más rápida porque no había estándares internacionales como los hay hoy y era más fácil diseñar salidas caseras en términos de justicia.
Pero más allá de la desconfianza y de la ira por los actos terroristas, cuanto hay en el país, dada la enorme cantidad de las víctimas que superan fácilmente los 20 millones, es decir el 50% de los colombianos, como lo hacía notar en la asamblea anterior, es un fuerte resentimiento y por ende una dificultad enorme para perdonar por una parte y para pedir perdón por otra.
Les invito a colaborar con energía y creatividad en la construcción de la nueva casa llamada la Colombia del postconflicto, no tanto en lo que se refiere a sus amplias habitaciones como son la política, la economía y la sociedad sino en relación con los cimientos, con la roca firme, que nos corresponde como Iglesia reforzar. Me refiero al cimiento ético, al cimiento espiritual y al cimiento cultural.
En efecto, grave sería que no nos diéramos cuenta de que tan grande construcción no se esté cimentando sobre aquello que podemos y debemos ofrecer: la ética que nos mueve a pedir una política basada en la ética del bien común y de la honestidad; la espiritualidad que nos compromete a trabajar por el perdón y la reconciliación; y la cultura que nos pide que la impregnemos con el Evangelio para que sea cultura de vida, de confianza, de misericordia y de paz. Pedimos las luces del Espíritu Santo para todos nosotros, participantes en esta Asamblea así que cuanto hagamos sea para mayor gloria de Dios que en Cristo nos ha llamado a ser servidores de la iglesia en santidad y entusiasmo apostólico.
Sobre el tema de la corrupción Monseñor Castro precisó:
«No podemos declarar la corrupción como un mal inevitable sino que nos toca analizarla, enunciarla y condenarla. Nos toca introducir en nuestra pastoral toda una evangelización que nos lleve a tomar conciencia del daño grande de la corrupción, obviamente, empezando por nosotros pero extendiendo nuestra acción a todo el país y a sus diversas instituciones», precisó.
Y añadió: Un profesor presenciaba los exámenes de sus alumnos y les decía: “Ustedes van a presentar ahora dos exámenes. Uno es el examen de matemáticas y el otro es el examen de honestidad. Les deseo que aprueben los dos exámenes. Pero si tuviesen que perder uno de los dos, yo espero que pierdan el de matemáticas pero no el de honestidad.” Nos es necesario diseñar la pastoral de la honestidad y ello con urgencia especialmente cuando las instituciones educativas consideran la ética una simple costura con frecuencia eliminada del curriculum. Una pastoral de la honestidad le hace un bien enorme a la Iglesia y a Colombia entera y la prepara para dar el salto a una nación más civilizada.
