–Es fue la tercera experiencia de este niño a bordo del carro de su papá, haciendo «trompos”, al estilo de «Rápido y furioso». Y como ya lo había enfrentado 2 veces, en principio se muestra soñoliento y sin ninguna prevención.
Sin embargo, cuando se produce la acelerada y el automotor a alta velocidad hace el primer derrape, los gestos hacen evidente lo que el pequeñito siente en la maniobra, aunque la disfruta con gana como si se tratara una atracción de un parque de diversiones.
El hecho es que su padre para celebrarle cada cumpleaños lo lleva al mismo ritual, a derrapar a toda velocidad. La primera vez fue cuando cumplió 3 añitos, la segunda el año pasado y este 2015, con 5 años de edad.