–La policía Metropolitana reportó este jueves la captura de alias «el negro» o «el capo del sur», un sujeto que bajo la fachada de un próspero comerciante lideraba una vasta red del microtráfico, que incluye «ollas» de distribución de alucinógenos y los habituales jibaros especialmente en los alredores de centros educativos del sur de la capital de la República.
Con el cabecilla, fueron captrurados 13 integrantes de la banda criminal, en desarrollo de una operación realizada en la localidad de Ciudad Bolívar, gracias a las denuncias de la misma comunidad.
De acuerdo con el informe policial, se realizaron cinco allanamientos simultáneos, en los cuales también se incautaron abundantes dosis de estupefacientes.
La Policía establece que alias «el negro» o «el capo del sur» llegó a la zona hace aproximadamente tres años, iniciando su carrera criminal como jibaro o expendedor de estupefacientes y en poco tiempo logró tener el control de una vasta red de microtráfico que mantenía las ventas de toda clase de sustancias prohibidas en sectores de Marandú y Compartir en la Localidad de Ciudad Bolívar.
Según las investigaciones, el sujeto está supuestamente implicado de manera directa en el asesinato de sus tres primeros jefes para hacerse al control de la zona y adueñarse de un lucrativo negocio que le dejaba entre 100 y 120 millones de pesos semanales.
El reporte de la Policia destaca que las actividades de policía judicial coordinadas con la Fiscalía General de la Nación, lograron determinar que este hombre tenía cinco viviendas en el sector en donde se escondía o rotaba cuando sentía que la policía redoblaba actividades en la zona.
Igualmente, se movilizaba en tres vehículos diferentes de alta gama, fingiendo ser un empresario para pasar desapercibido en los controles rutinarios de la Policía Nacional.
Además, tenía a su disposición una casa de recreo en el vecino municipio de Fusagasugá.
La Policía señaló que alias «el negro» o «el capo del sur» se hacía pasar como un gran ciudadano que prestaba, regalaba y donaba dinero a habitantes de la zona con el fin de mantener su silencio y evitar que su verdadera identidad fuera conocida por las autoridades.
Sin embargo, «era un ser despiadado que amenazaba a todo aquel que intentaba dar información o denunciaba las actividades de su red de «jibaros» que literalmente tenían inundadas las calles de estos sectores populares en donde adolescentes y niños eran sus víctimas predilectas para iniciarlos desde temprana edad en el consumo de estupefacientes», concluye el comunicado.

