El Papa Francisco pide la liberación de las personas secuestradas en zonas de conflicto
–Al finalizar el rezo del Regina Coeli en el tercer domingo de pascua, el Papa Francisco lanzó un nuevo llamamiento “por la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado”. En concreto, el Obispo de Roma recordó al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil secuestrado en Yemen recientemente.
Estas fueron las palabras del Papa después del Regina Coeli:
Queridos hermanos y hermanas,
En la esperanza donada de Cristo resucitado, renuevo mi llamamiento por la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado; en particular deseo recordar al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Adén en Yemen el pasado 4 de marzo.
Hoy en Italia se celebra la Jornada Nacional para la Universidad Católica del Sagrado Corazión, que tiene por tema “En la Italia de mañana yo estaré”. Espero que esta gran Universidad, que continúa a realizar un importante servicio a la juventud italiana, pueda continuar con compromiso renovado su misión formativa, actualizándola siempre más a las exigencias actuales.
Saluto a todos ustedes, romanos y peregrinos procedentes de Italia y de diferentes partes del mundo, y un saludo a todos aquellos que están haciendo el maratón; en particular, los fieles de Gandosso, Golfo Aranci, Mede Lomellina, Cernobbio, Macerata Campania, Porto Azzurro, con un pensamiento especial para los confirmandos de Campobasso.
Agradezco por su presencia a los coros parroquiales, de los cuales algunos han realizado su servicio estos días en la basílica de San Pedro. Muchas gracias.
A todos les deseo un buen domingo y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!
LA MISERICORDIA
De otro lado, el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, antes del rezo del Regina Coeli habló sobre «la misericordiosa potencia de la Resurrección».
“Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a cuantos encontramos, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, a los marginados”, dijo Francisco.
Comentando el Evangelio que la liturgia presenta este III Domingo de Pascua, el Obispo de Roma señaló que Jesús se apareció a sus discípulos en el marco de la vida cotidiana, que habían regresado a sus tierras y a sus labores de pescadores, después de los desconcertantes días de la pasión, muerte y resurrección del Señor. “Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido, precisó el Pontífice, pero, mientras todo parecía haber terminado, es una vez más Jesús quien va en búsqueda de sus discípulos”.
Es en esta situación de desconcierto, subrayó el Santo Padre que los discípulos “cansados y desilusionados”, reconocen al Señor. Y confiando en
Él, tiran una vez más las redes al lago y el resultado fue una pesca increíblemente abundante. “A este punto Juan se dirige a Pedro y dice: «¡Es el Señor!». Y enseguida Pedro se tiró al agua y nado hacia la orilla, hacia Jesús. En esta exclamación: “¡Es el Señor!”, está todo el entusiasmo de la fe pascual, llena de alegría y maravilla, que contrasta fuertemente con el desconcierto, el desaliento, el sentido de impotencia que se habían acumulado en el espíritu de los discípulos”.
“La presencia de Jesús resucitado – agregó el Papa – transforma cada cosa: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil se hace nuevamente fructífero y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja el lugar a un nuevo impulso y a la certeza que Él está con nosotros”. Desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. Si con una mirada superficial puede parecer a veces que las tinieblas del mal y la fatiga del vivir cotidiano tengan la prevalencia, la Iglesia sabe con certeza que a cuantos siguen al Señor Jesús resplandece ahora perenne la luz de la Pascua.
Antes de concluir, el Papa Francisco recordó que: ¡Cristo verdaderamente ha resucitado! Y hoy la Iglesia continua haciendo resonar este gozoso anuncio; por ello dijo, todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a cuantos encontramos. “A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su misericordiosa potencia”.

