Vuelve y juega el glifosato: No pueden descartarse plenamente riesgos para la salud humana
–Una revisión sistemática de todos los estudios realizados hasta el momento encontró que no hay evidencia concluyente de que el glifosato sea un factor de riesgo para la salud humana, siempre que se use un producto tóxico. Sin embargo, en animales, células, plantas y ecosistemas la exposición a glifosato es perjudicial en desenlaces de mortalidad y morbilidad, por lo que no puede descartarse plenamente la hipótesis de riesgos para la salud humana.
Las duditativas precisiones corresponden al estudio «Verdades científicas sobre glifosato y salud pública», publicado este lunes por la Fundación Ideas para la Paz, FIP, a propósito de la decisión que adoptó el año pasado el Consejo Nacional de Estupefacientes de suspender la aspersión aérea del fligosato por considerar que afectaba la salud de las personas.
Según el nuevo estudio, un mecanismo posible de cómo el glifosato puede actuar a lo largo de la causalidad de los cánceres no se ha hipotetizado aún, pero en el caso del mieloma se ha asociado con agentes que causan daño en el ADN o inmunosupresión.
Las asociaciones observadas con utilizar o no el glifosato tienen en cuenta la exposición acumulada de los días de uso (una combinación de duración y frecuencia), pero no la intensidad de la exposición, puntualiza.
La intensidad estimada de la exposición a glifosato en algunos estudios se basa en las practicas generales de trabajo e incluyen el porcentaje del tiempo que se gasta mezclando y aplicando pesticidas, el método y el uso de equipo protector.
La información de las prácticas laborales específicas en el uso de glifosato podría ayudar a clarificar si la intensidad de la exposición contribuye al riesgo de cánceres.
Estudios de seguimiento tipo cohorte que reevalúen la asociación entre la exposición del glifosato y la incidencia de cánceres permitirían una examinación más detallada de los sesgos potenciales que subyacen estas asociaciones.
Adicionalmente, muchos de los aplicadores de agroquímicos son hombres, lo que disminuye la habilidad para evaluar la asociación entre glifosato y la incidencia de cáncer femenino tanto para cánceres en general o específicos del sexo.
La FIP resaltó que el grupo de trabajo, conformado por Daniel Rico, Orlando Scoppetta y Juan Pablo Álzate, revisó 1.483 publicaciones científicas (artículos y reportes de investigación publicados después de 1990), de las cuales seleccionaron solo aquellas que aislaron los efectos del glifosato. Luego realizaron un análisis de resultados para estudios en células, animales y personas expuestas al herbicida bajo diferentes métodos, dosis y técnicas de seguimiento.
Según los autores, “ninguna de estas investigaciones pone en duda la toxicidad del herbicida”, y explican que, en general, el principal criterio de análisis «es si en las concentraciones usadas durante faenas agrícolas o en la aspersión aérea, estas pueden tener efectos nocivos sobre la salud de quienes resultan expuestos”. Es por esto que la relación entre el glifosato y su concentración es fundamental para comprender sus consecuencias.
La investigación de la FIP encontró una gran diferencia entre los resultados de los estudios que se centran en células y animales y aquellos que lo hacen en seres humanos. En los primeros, el impacto del glifosato es significativo, mientras en los segundos, no. Estos últimos analizan la aparición de enfermedades en la piel, distintos tipos de cáncer, daños genéticos, respiratorios, reproductivos y neurológicos. Sin embargo, “no se ha podido concluir que este herbicida sea un factor de riesgo para la salud humana, mientras se tomen las medidas de precaución recomendadas para el uso de un producto tóxico”, dicen los investigadores.
Los estudios que se centran en la relación entre el uso y/o exposición a glifosato con la aparición de cáncer, no encontraron asociaciones directas, sin embargo sí determinaron que los riesgos aumentan por la contaminación ambiental, por ejemplo, en ríos o cuerpos de agua.
Solo dos estudios, en el caso de humanos, mostraron efectos negativos a un nivel estadístico significativo. El primero de ellos hace relación a sudoración excesiva (Williamson, 2000) y el segundo, realizado por los colombianos Daniel Mejía y Adriana Camacho (2015), concluye que existe una relación causal entre la aspersión aérea con glifosato y problemas dermatológicos y abortos.
Este último estudio se incluyó en la revisión de la FIP por el gran impacto mediático que tuvo en el país y porque la Corte Constitucional lo citó como prueba científica cuando solicitó otros estudios que determinaran el impacto de las aspersiones aéreas con glifosato (Auto 073 de 2014). Los autores explican en un documento de revisión de pares académicos, las diferencias entre las conclusiones del estudio de Mejía y Camacho con el grueso de la evidencia científica avalada y publicada en el mundo.
Finalmente, el informe de la FIP deja claro que la relación entre glifosato y salud pública sigue siendo investigada por la comunidad científica. Hasta ahora, los estudios han encontrado que en animales, células, plantas y ecosistemas el glifosato es perjudicial en términos de mortalidad y morbilidad, por lo que no se descartan posibles riesgos para la salud humana. De ahí radica la necesidad de ampliar y continuar con más investigaciones científicas.