MinTrabajo invita adelantar acciones afirmativas en contra del machismo y prácticas discriminatorias de género

Con motivo de la celebración el próximo jueves, 24 de noviembre, del ‘Día Internacional de la no violencia contra la mujer’, la ministra Clara López Obregón invitó a la ciudadanía para que en esta fecha se realicen acciones que promuevan espacios de diálogo y reflexión que generen conciencia sobre la necesidad de transformar prácticas patriarcales, estereotipos y discriminación por razones de género, y se impulsen y defiendan los derechos humanos de las niñas y mujeres.
La siguiente es la Declaratoria:
El prolongado conflicto interno colombiano ha sido factor decisivo en la marginación de la mujer y en la perpetuación de una cultura patriarcal, lo cual ha tenido durante más de medio siglo consecuencias muy negativas en la desestructuración social, posibilitando repertorios de violencia específicos; daños diferenciados; formas de resistencias particulares; y además, consecuencias en el adiestramiento militar de los bandos en confrontación. En definitiva, las desigualdades de género son uno de los engranajes que ha sostenido la guerra en Colombia.
Por ello es que la construcción de la paz con justicia social en este país necesariamente debe hacerse desde una perspectiva de género. Al fin y al cabo, las mujeres en Colombia han tenido el peso específico de la guerra.
A partir de un enfoque de género respecto de los acuerdos de La Habana se puede avanzar en el propósito de disminuir la brecha de las desigualdades de las poblaciones rurales y urbanas, garantizar el pleno ejercicio de la política y participación democrática de todos los sectores sociales y de esta manera contribuir a la resolución de las causas que han sido el leitmotiv de la violencia en Colombia.
El proceso de paz y las luchas populares constituyen una valiosa oportunidad para trabajar en la nivelación y reconocimiento en igualdad de importancia de la responsabilidad de la mujer colombiana en la reproducción social. Es decir, se trata de dimensionar el rol femenino en la responsabilidad de la familia, el hogar y el territorio; al mismo nivel del trabajo productivo de todas las mujeres y de manera especial el de las marginadas y excluidas en la ciudad, las campesinas, indígenas y afrodescendientes. Para ello es preciso impulsar su protagonismo en la participación política, en la toma de decisiones económicas y sociales, y en el manejo de recursos con equidad de condiciones.
El protagonismo de las mujeres no significa la desvaloración de los hombres, por el contrario, debe representar la puesta en marcha del trabajo de hombres y mujeres en la construcción de un país realmente democrático, plural, justo y soberano.
Para lograr este anhelado propósito es necesario transformar las relaciones sociales hacia una sociedad en la cual los derechos económicos, políticos, sociales, culturales y ambientales sean plenamente garantizados por el Estado. Se trata de transferir al conjunto de la sociedad el cúmulo de responsabilidades sociales que hoy recaen sobre las mujeres, como el cuidado de los niños, los ancianos y los enfermos, la alimentación, el vestuario, la educación, etc.
Es además el proceso de paz un importante escenario para comenzar a resarcir la enorme brecha de desigualdades y discriminación contra las mujeres, reivindicando para ellas el derecho al bienestar y al buen vivir en sus entornos sociales.
Ello constituye una apuesta por una real y efectiva participación política, desde una perspectiva de género, que incida en la sociedad colombiana, en los sectores populares y en los escenarios de la política pública, en condiciones de equidad, donde las mujeres puedan jugar un papel protagónico, generando las posibilidades para avanzar en la trasformación de las relaciones de opresión y explotación patriarcal.
La construcción de la paz en Colombia, en consecuencia, pasa por reconocer y garantizar los derechos de las mujeres en su diversidad étnica, territorial, sexual, cultural, espiritual, para lo cual se hace imprescindible aunar recursos técnicos, económicos, jurídicos, culturales y fortalecer su participación en las instancias de toma de decisiones.
La violencia contra las mujeres ha constituido un problema de enormes proporciones que ha terminado por profundizar la violación a sus derechos humanos. Por ello, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y a través de la resolución 54/134 del 17 de diciembre de 1999, se declaró el 25 de noviembre, como el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer.
Colombia se ha acogido a esta normatividad internacional lo cual brinda al Estado un marco de acción para prevenir, investigar y castigar los actos de violencia contra la mujer.
Según la Fiscalía General de la Nación, 1.422.985 delitos contra las mujeres, fueron reportados de manera oficial entre 2009 y 2014, esto sin contar con el número de casos que se mantienen en la impunidad. Entre 2013 y 2015, se reportaron 55.034 casos de delitos sexuales se presentaron en el país, de los cuales, según Medicina Legal, 1.115, ocurrieron en el marco del conflicto armado interno.
La violencia contra las mujeres requiere de acciones afirmativas inmediatas, por ello desde el Ministerio del Trabajo, contribuimos, entre otras acciones a la promoción de su autonomía económica, a la reducción de brechas con los hombres, promocionando su acceso a labores tradicionalmente masculinas, al impulso del Sello de Compromiso Social y a la erradicación de todas las formas de violencia en el ámbito laboral. Todo ello bajo la perspectiva de la integralidad, para lo cual se requiere que la sociedad en sus distintas expresiones y espacios, promueva un nuevo pacto de relaciones y de redistribución de poderes y oportunidades.
Dada la trascendencia y el simbolismo del Día Internacional de la «No Violencia Contra la Mujer», este 25 de noviembre, quiero invitar a la ciudadanía en general y a los actores sociales a que desde sus lugares de trabajo, hogares, escuelas, y demás espacios, realicen acciones afirmativas, pedagógicas y representativas, que promuevan espacios de diálogo para compartir conocimientos, experiencias y reflexiones que generen conciencia sobre la necesidad de transformar las prácticas patriarcales, los estereotipos, la discriminación por razones de género, en conductas acordes con una cultura de respeto, impulso y defensa de los derechos humanos de las niñas y mujeres.