El Día Mundial de la Población, este 11 de julio, se ocupa del «colapso demográfico» por la disminución de las tasas de fecundidad
–Las tasas de fertilidad siguen disminuyendo a nivel mundial, y algunos ya advierten sobre un posible “colapso demográfico”, señala la Organización de Naciones Unidas, ONU, a propósito del Día Mundial de la Población que se cumple este viernes 11 de julio. «¿Quieres tener hijos?» Cada día, personas de todo el mundo se hacen esta pregunta así mismas y a los demás. Pero esta pregunta también suscita otra: «¿Te sientes capaz de tener hijos?»
Con más de 8.000 millones de personas en el mundo, es una pregunta que se ha vuelto posiblemente más delicada, señala el Fondo de Población de Naciones Unidas, UNFPA. Para algunas personas, esta cifra es insostenible, está distribuida de forma desigual y provocará la destrucción del planeta. Otras temen que estemos ante un «colapso de la población» y que las sociedades no puedan sostener su envejecimiento y ralentización demográfica.
Sin embargo, en medio de toda esta ansiedad, pocas personas preguntan a las demás qué es lo que realmente quieren. El informe sobre el Estado de la Población Mundial de este año, titulado «La verdadera crisis de fecundidad: la búsqueda de la autonomía reproductiva en un mundo cambiante», planteó estas y otras preguntas, revelando verdades poco conocidas que se esconden tras los titulares.
Cuando los responsables políticos y los expertos alertan sobre las tasas de fecundidad, suelen dar por sentado que si las personas tienen hijos es porque pueden y quieren, y si no los tienen es porque no pueden o no quieren.
Sin embargo, en su informe insignia de este año, el UNFPA realizó una encuesta a unas 14.000 personas en 14 países y descubrió que aproximadamente una de cada cinco afirmaba que no podría tener el número de hijos que desearía. La mayoría espera tener menos hijos, o ninguno, mientras que algunas personas afirman que probablemente tendrán más de los que desean.
La mayor parte de la culpa del envejecimiento y la ralentización de la población se atribuye a las mujeres y a las personas jóvenes. En todo el mundo, los titulares los señalan por «renunciar» al matrimonio y a la crianza de hijos o afirman que las personas jóvenes «no deciden dar el paso». Sin embargo, la encuesta muestra que la mayoría de las personas sí quieren tener dos o más hijos, pero temen no poder hacerlo realidad. Más de la mitad de las personas encuestadas afirmó que las preocupaciones financieras, incluidos los costos de la vivienda, el cuidado de los hijos y la inseguridad laboral, probablemente les llevarían a tener menos hijos.
La ansiedad económica es también una de las principales razones por las que los líderes nacionales piden que se tengan más hijos: quieren aumentar las tasas de fecundidad para, en parte, garantizar que los futuros trabajadores puedan sostener sus economías. ¿Cómo conciliar ambas cosas? Incorporar a más mujeres en la fuerza de trabajo remunerada sería, de hecho, una de las formas más eficaces de abordar la escasez de mano de obra.
Resulta que la disminución de las tasas de fecundidad y la ralentización de las economías comparten al menos un factor determinante: la desigualdad de género. La falta de lugares de trabajo que promuevan la igualdad de género y sean favorables a la familia es una de las razones más importantes por las que las mujeres no se incorporan a la fuerza de trabajo. También es la causa de que las personas tengan menos hijos de los que desearían ya que las mujeres soportan una mayor carga en el cuidado de los hijos y las tareas domésticas; lo que se sabe que contribuye a reducir la fecundidad.
Cuando las mujeres no se ven obligadas a elegir entre la maternidad y su carrera profesional, tienen más posibilidades de tener el número de hijos que desean. Anastasia Aslan, de la República de Moldova, explicó: «Cuando nos planteamos tener [otro] hijo, pensamos en si podríamos mantenernos durante mi licencia por maternidad y en cómo compaginar las tareas domésticas con el trabajo». Para ella, las condiciones de trabajo flexibles facilitaron la decisión. «Espero que más empresas fomenten este tipo de políticas, apoyando a las madres para que planifiquen su futuro y sus familias con confianza».
El problema no es solo que las personas tengan menos hijos de los que desean. Demasiadas personas no pueden evitar embarazos no intencionales o para los que no están preparadas.
Esta falta de libertad reproductiva se manifiesta de varias formas, todas ellas alarmantes: una de cada tres personas encuestadas afirmó que ella o su pareja habían tenido un embarazo no intencional. Casi una de cada cinco personas declaró que había sido presionada para tener hijos cuando no quería. Una cuarta parte de los hombres y un tercio de las mujeres afirmaron que se habían sentido incapaces de negarse a mantener relaciones sexuales.
El problema no es solo que las personas tengan menos hijos de los que desean. Demasiadas personas no pueden evitar embarazos no intencionales o para los que no están preparadas.
Incluso en países con poblaciones estables o en crecimiento, los responsables políticos están preocupados por la disminución de las cifras. Muchos están probando incentivos como las «bonificaciones por nacimiento», que consisten en pagos únicos en efectivo cuando nace un bebé, o medidas a corto plazo para reducir los costos de la vivienda o el cuidado de los hijos. La mayoría de estas medidas son ineficaces y ofrecen un apoyo escaso.
En los peores casos, algunas políticas están revirtiendo logros conseguidos con mucho esfuerzo en materia de salud y derechos reproductivos, como la restricción de la educación sexual integral en las escuelas, la limitación del acceso a los anticonceptivos y la criminalización del aborto. Este tipo de medidas pueden incluso ser contraproducentes: por ejemplo, la prohibición del aborto está relacionada con un aumento del número de abortos en condiciones de riesgo; lo que aumenta la mortalidad materna y contribuye a la infecundidad secundaria.
De hecho, la historia demuestra que los esfuerzos por controlar las tasas de fecundidad pueden conducir, y de hecho conducen, a la coacción y a la violación de los derechos humanos, y que las personas suelen tomar medidas para reafirmar su autonomía reproductiva. Limitar las opciones y las oportunidades también conlleva el riesgo de que las personas jóvenes se vuelvan más pesimistas sobre el futuro y menos propensas a tener hijos. Las investigaciones demuestran que las políticas que se perciben como un menoscabo de los derechos reproductivos pueden hacer que las personas estén menos dispuestas a tener hijos.
Hay un hecho que ha quedado muy claro: muy pocas personas tienen plena autonomía reproductiva.
Casi una cuarta parte de las personas encuestadas había deseado tener un hijo en algún momento pero no pudo. Las razones financieras eran un problema importante, pero para muchas personas también había motivos relacionados con la salud, como enfermedades crónicas, dificultades para acceder a los servicios sanitarios o infecundidad. Las preocupaciones sobre el futuro también pesaban mucho: alrededor del 20% afirmó que la situación mundial, incluidas las guerras, las pandemias, la política y el cambio climático, probablemente les llevaría a tener menos hijos de los que deseaban.
Los titulares que siembran el terror sobre el «reloj biológico» y el «colapso de la población» no hacen más que reforzar estos miedos. En cambio, los países deberían ampliar las libertades reproductivas y apoyar políticas inclusivas que empoderen y mejoren el bienestar de todas las personas.
Eso significa mejorar el acceso a los servicios de salud reproductiva para todas las personas, especialmente para aquellas que actualmente se quedan atrás: personas con discapacidad, minorías étnicas, migrantes y muchas más. Significa apoyar a las mujeres que quieren incorporarse o permanecer en la fuerza de trabajo sin sacrificar su posibilidad de ser madres. Significa acabar con los estigmas y las políticas laborales que disuaden a los hombres de asumir su parte en el cuidado de los hijos.
También puede significar ampliar el apoyo a las familias, incluidos los servicios de fecundidad y adopción, a personas que con demasiada frecuencia quedan excluidas: los miembros de la comunidad LGBTQIA+, las personas solteras y las mujeres que antes se consideraban «demasiado mayores» para ser madres adecuadas. También significa respetar a las personas que no quieren tener hijos; una opción válida y legítima que debe protegerse igualmente del estigma y la presión.
Y, por último, las personas necesitan esperanza. Necesitan esperanza para su propio futuro y esperanza para el futuro de los hijos que desean tener. Para ello, los responsables políticos deben escuchar lo que la gente necesita.
«Un gran número de personas no pueden crear las familias que desean», afirmó la Dra. Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del UNFPA. «El problema es la falta de opciones, no la falta de deseo, lo que tiene importantes consecuencias para las personas y las sociedades. Esa es la verdadera crisis de fecundidad, y la respuesta reside en responder a lo que las personas afirman necesitar: licencias familiares remuneradas, una atención a la fecundidad asequible y parejas que les apoyen».
En 2025, el descenso de las tasas de fecundidad ha copado los titulares. Algunos gobiernos recurren a medidas drásticas para incentivar a las y los jóvenes a tomar decisiones relativas a la fecundidad que concuerden con los objetivos nacionales. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo no pueden tener el número de hijos que desearían. Según el informe Estado de la población mundial 2025 del Fondo de Población, la verdadera crisis no tiene que ver con las cifras demográficas. Las personas están perdiendo la capacidad de tomar sus propias decisiones. Se trata de una crisis de libertad reproductiva.
La edad media mundial para tener hijos ha ido aumentando y ahora se sitúa en los 28 años, pero casi el 20 % de los adultos en edad reproductiva creen que no podrán tener el número de hijos que desean.
El acceso a la atención sanitaria en materia de reproducción sigue siendo un reto, ya que el 18 % afirma tener dificultades para obtener anticonceptivos o servicios relacionados con la fertilidad.
Así las cosas, bajo el lema “Empoderar a la juventud para que puedan formar las familias que desean en un mundo justo y lleno de esperanza”, la ONU indica que el Día Mundial de la Población de 2025 pone de relieve este desafío, con el objetivo de asegurar que las y los jóvenes cuenten con los derechos, recursos y oportunidades para decidir su propio futuro.
La inseguridad económica, la desigualdad de género, el limitado acceso a una atención sanitaria y a una educación, la crisis climática y los conflictos son algunos de los principales obstáculos a los que se enfrenta la juventud.
Según una encuesta del Fondo de Población y YouGov a más de 14.000 personas en 14 países, la mayoría de jóvenes deseaba tener más hijos, pero se lo impedían barreras sociales, económicas o de atención sanitaria.
La ONU advierte que para dar una respuesta eficaz a las tendencias demográficas mundiales, los dirigentes deben priorizar las necesidades y las opiniones de los jóvenes. Necesitan algo más que servicios: necesitan esperanza, estabilidad y un futuro por el que merezca la pena planificar.
Como dijo un joven activista al UNFPA: «Los jóvenes no solo piensan en sus futuros hijos, sino también en el mundo que esos hijos heredarán». Defender sus derechos es fundamental para el desarrollo sostenible, la paz y la dignidad humana, precisa la ONU.
De acuerdo con la ONU, tuvieron que transcurrir cientos de miles de años para que la población mundial creciera hasta alcanzar los mil millones de habitantes, y solo en unos 200 años más se multiplicó por siete. En 2011, la población mundial alcanzó la cuota de los 7 mil millones de personas y en 2021 la cifra aumentó a casi 7 mil 900 millones de personas. Las previsiones hablan de 8 mil 500 millones para 2030, de 9 mil 700 millones en 2050 y de 10 mil 900 millones en 2100.
Este espectacular crecimiento se ha visto impulsado por el creciente número de personas que llegan a la edad reproductiva, y ha venido acompañado de cambios importantes en las tasas de fecundidad, el aumento de la urbanización y la aceleración de la migración. Estas tendencias tendrán consecuencias de largo alcance para las futuras generaciones, subraya la organización mundial.
En el pasado reciente se han registrado cambios notables en las tasas de fecundidad y en la esperanza de vida. A comienzos de la década de 1970, las mujeres tenían una media de 4,5 hijos cada una; en 2015, la fecundidad total mundial había caído hasta unos 2,5 hijos por mujer. Mientras tanto, la vida media de una persona aumentó de 64,6 años a comienzos de la década de 1990 hasta 72,6 años en 2019.
Por otra parte, en el mundo se registran unos elevados niveles de urbanización y una aceleración de la migración. En 2007, por primera vez, vivieron más personas en zonas urbanas que en zonas rurales, y en 2050 alrededor del 66% de la población mundial vivirá en ciudades.
Estas megatendencias- puntualiza la ONU, tienen consecuencias de gran alcance. Afectan al desarrollo económico, al empleo, a la distribución de la renta, a la pobreza y a las protecciones sociales. Asimismo, repercuten en los esfuerzos por garantizar el acceso universal a la atención médica, la educación, la vivienda, el saneamiento, el agua, los alimentos y la energía.
Y concluye: Para satisfacer de manera más sostenible las necesidades de las personas, los encargados de la formulación de políticas deben saber cuántas personas viven en el Planeta, dónde se encuentran, qué edad tienen y cuántas personas habrá en el futuro. (Información de Naciones Unidas).

