Carta del ministro del Trabajo Antonio Sanguino al Eln: Reclama verdad y reparación sobre su hermano desaparecido y asesinado hace 40 años
–Mediante esta carta abierta y de cara al Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, el ministro del Trabajo solicito al Eln verdad plena sobre la desaparición y asesinato de su hermano, Juan Antonio Sanguino Páez (en la foto); la entrega de sus restos mortales a la familia a través de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, UBPD; y la respectiva petición de perdón por este crimen.
Esta es la misiva que envió Sanguino a los cabecillas de la agrupación terrorista Antonio García, Nicolás Rodríguez Bautista y Pablo Beltrán:
Cordial Saludo.
Esta no es una comunicación fácil para mi, que he sido desde mi adolescencia, un comprometido militante de izquierdas.
Llevo casi 40 años rumiando la manera como debo aproximarme a Ustedes, para reclamarles verdad y reparación. Se trata de un caso que en su momento me devastó personalmente y cuyo impacto en mi familia contuve con mi silencio, replicando con resignación y temor, el mutismo de ustedes.
Hablo de la desaparición forzada de mi hermano Juan Antonio Sanguino Páez, ocurrida en el mes de junio de 1986 a manos de una estructura del ELN en Bogotá. Los dos últimos registros de su paradero, que he podido recabar en estos años, fueron una cita clandestina a la que acudió en una cafetería frente alJardín Botánico José Celestino Mutis de la Capital del país con un contacto del Eln; así como un recado que me dejó telefónicamente en Bucaramanga, donde yo residía por aquel entonces, advirtiendo que estaba de paso por la ciudad y que a su retorno se comunicaría conmigo. Ese regreso nunca ocurrió.
Supe que Juan, aquella vez, se dirigía a una escuela guerrillera en el Frente Camilo Torres que operaba en el Sur del Cesar, requisito indispensable para asumir sus responsabilidades como nuevo integrante de la Dirección Regional del Eln de la Capital, designación que había recibido en los primeros meses de ese año. Entiendo que una vez allí, en algún
campamento de aquel Frente Guerrillero, Juan fue sometido a un mal denominado «juicio revolucionario», especialmente sumario e injusto. Fue condenado a muerte después de haber sido acusado y supuestamente hallado culpable de infiltración como agente de las fuerzas militares.
Como ustedes saben, Juan y yo, compartíamos en ese momento militancia en el ELN. Un miembro de la Dirección del Frente de Guerra Nororiental me enteró de ese doloroso suceso en octubre de 1988, dos años y 4 meses después. Nunca se me aportó verdad de los hechos, ni mucho menos se entregó el cuerpo de Juan o se me informó el sitio de ubicación del mismo.
Este silencio ha permanecido, a pesar de los múltiples procesos de diálogo adelantados en los últimos 40 años entre el ELN y el Estado Colombiano, en los cuales se ha incorporado, en buena parte de ellos, la búsqueda de acuerdos humanitarios precisamente para abordar casos y situaciones como estas.
Hoy quiero pedirles públicamente que se me otorgue 10 que me ha sido negado en estos 40 años de silencio eleno. Les pido que me entreguen verdad plena sobre 10 ocurrido. Les solicito que se haga entrega a mi familia de los restos mortales de Juan Antonio. Les pido que dicha entrega se produzca a través de la Unidad de Busqueda de Personas
Desaparecidas. Les exijo, además, que hagan a mi familia la respectiva petición de perdón por este asesinato.
Este hecho, desnuda uno de los fenómenos poco visibles del conflicto político armado colombiano, que ha dejado una estela de victimas tampoco reconocidas plenamente: el de los fusilamientos de combatientes de sus propias filas, que son homicidios fuera de combate y en la mayoría de las ocasiones están acompañadas de desapariciones forzadas.
Les propongo que sean ustedes quienes den el primer paso para reconocer este fenómeno, y que asumamos a Juan Antonio como un caso emblemático. ¿Lo aceptan? Quedo atento a sus respuestas.
Con sentimientos de cambio,
ANTONIO SANGUINO PAEZ, Ministro del Trabajo


