
«La lucha más obstinada de mi Gobierno será por la erradicación de la pobreza y la creación de oportunidades para todos», expresó hoy Dilma Rousseff, durante su posesión como la primera presidenta de Brasil.
La nueva presidenta de Brasil, agradeció al mandatario saliente, Luiz Inácio Lula da Silva, y agregó que su mandato será para «consolidar la obra transformadora» de su predecesor y padrino político.
Una docena de líderes latinoamericanos y mandatarios extranjeros asistieron a la ceremonia, que duró más de cuatro horas, e incluyeron el juramento sobre la Constitución en el Congreso y el traspaso por parte de Luiz Inacio Lula Da Silva de la banda presidencial en el Palacio de Planalto.
La nueva mandataria pronunció dos discursos, uno luego de hacer su juramento y otro luego de despedir a Lula en el palacio de gobierno, y delineó los principios básicos de su gestión en los próximos cuatro años.
En su primera declaración tras ser investida, Rousseff citó como principal compromiso de su gobierno mejorar las condiciones de vida de los sectores más pobres, al tiempo que anunció una política externa que enfatizará las relaciones con los países latinoamericanos como socios del progreso económico y social de Brasil.
Su mensaje trazó un plan de gobierno de continuidad de los logros de Lula con la concreción de tareas que el ahora ex presidente dejó pendientes, como las reformas política y tributaria.
«Hoy será la primera vez que la banda presidencial se colocará en el hombro de una mujer», manifestó en su discurso ante gobernantes extranjeros, legisladores, ministros, y miembros del poder judicial.
Rousseff se atragantó por la emoción en un momento de su discurso cuando manifestó que «a partir de este momento seré la presidenta de todos los brasileños».
Recordó su pasado guerrillero en los años 70, cuando combatió a la dictadura militar (1964-1985), al decir que «entregué mi juventud al sueño de un Brasil mejor. No tengo ningún arrepentimiento, no tengo tampoco rencor».
La transmisión de mando comenzó bajo un intenso aguacero cuando Rousseff recorrió la céntrica Explanada de los Ministerios hacia la sede del Congreso en un Rolls Royce de 1953 de la presidencia brasileña, mientras decenas de miles de simpatizantes se apostaron a la orilla del camino a saludarla con banderas de Brasil y del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
Tras su juramento presidencial, Rousseff trazó las grandes líneas de lo que será su gobierno, en el que el combate de la miseria, la mejora de la educación, salud y la seguridad emergieron como prioridad.
«Mi compromiso supremo es honrar a las mujeres, proteger a los más frágiles, y gobernar para todos», declaró la gobernante, ex ministra del gobierno de Lula durante más de siete años.
Insistió en que su gobierno mantendrá la estabilidad económica sin inflación, al tiempo que defendió la promoción de las exportaciones y el combate del proteccionismo de los países ricos.
Rousseff dedicó gran parte de su discurso a homenajear a Lula, el gobernante más popular de la historia reciente de Brasil y quien la escogió como candidata del izquierdista PT para las elecciones de octubre.
«Vengo para consolidar la obra transformadora del presidente Lula, un presidente que cambió la forma de gobernar y llevó al pueblo brasileño a confiar en sí mismo y en su futuro», destacó.
Analistas coinciden en que la experiencia de Rousseff como ministra de Lula le dieron un conocimiento a fondo de la máquina pública y señala un camino de continuidad de la administración saliente.
«La presidenta Dilma debe continuar las grandes directrices políticas de la administración Lula», opinó Michael Shifter, presidente de la organización Diálogo Interamericano, de Washington. «Es poco probable que haya grandes cambios en política económica, social o externa, aunque Dilma ciertamente tendrá un estilo que refleje su experiencia en economía y energía».
Por su parte, el presidente chileno Sebastián Piñera dijo estar seguro que Rousseff mantendrá el enfoque latinoamericanista que tuvo Lula durante su gobierno.
«Lula es un gran líder, un gran amigo de América Latina y de Chile y estoy seguro de que Dilma también lo será», expresó Piñera al llegar al Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería brasileña, para una recepción con Rousseff.
Rousseff pasará a ocupar el despacho principal del Palacio do Planalto en un momento de expansión sostenida de la economía, con una previsión de crecimiento de 7,6% del Producto Interno Bruto en 2011 y una tasa de desempleo de 5,7% en noviembre, un mínimo histórico.
No obstante, la supervalorización de la moneda local (que permitió la acumulación de un nivel récord de reservas internacionales) ya afectó seriamente la balanza comercial y el desempeño del segmento industrial orientado a la exportación.
Al mismo tiempo, la inflación cierra el año por encima de la meta oficial de 4,5% al año e inicia 2011 con tendencia al alza, haciendo encenderse algunas señales de alerta.
Bajo el gobierno de Lula 29 millones de personas salieron de la miseria, según cifras oficiales, pero casi la mitad de la población sigue sin tener saneamiento y la tasa de analfabetismo roza el 10%.
Para intentar cumplir su promesa de eliminar la miseria de Brasil, Rousseff contará con parte del equipo de gobierno de Lula, de forma de continuar impulsando los planes sociales, y los programas de modernización de infraestructura que demandan los sectores productivos.
Ocho ministros de 25 del actual equipo de gobierno fueron reconfirmados en sus cargos y otros tres se mantendrán en el gabinete pero ocupando una función diferente.
En el plano externo, Rousseff asume el poder en medio a una incipiente crisis diplomática con Italia, ante la decisión adoptada por Lula en su último día de gobierno, de no extraditar al ex militante radical italiano Cesare Battisti, condenado por cuatro asesinatos en su país.
(Con información de EFE, AFP y AP)

