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El Niño no es causado por el cambio climático: NASA

–El Niño no es causado por el cambio climático, pero a menudo produce algunos de los años más calurosos en los registros debido a la gran cantidad de calor que se eleva desde las aguas del Pacífico a la atmósfera situada sobre ellas, afirma la NASA en un informe en el que advierte que el fenómeno, que se origina en este océano, termina afectando a todo el mundo.

Los principales episodios de El Niño, como los ocurridos en los años 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2015-16, produjeron algunas de las inundaciones, sequías, incendios forestales y sucesos de blanqueamiento de corales más importantes del último medio siglo.

Durante un episodio de El Niño, las superficies de las aguas tropicales del océano Pacífico central y oriental se calientan considerablemente más de lo habitual. Ese cambio está íntimamente ligado a la atmósfera y a los vientos que soplan sobre el extenso océano Pacífico.

Los vientos alisios del este (que soplan desde las Américas hacia Asia) pierden fuerza e incluso pueden cambiar de dirección y convertirse en vientos del oeste. Esto permite que grandes masas de agua cálida se desplacen desde el Pacífico occidental hacia las Américas. También reduce el afloramiento de aguas más frías y ricas en nutrientes desde las profundidades, deteniendo o invirtiendo las corrientes oceánicas alrededor del ecuador y a lo largo de la costa oeste de América del Sur y Central.

La circulación del aire sobre la región tropical del océano Pacífico responde a esta enorme redistribución del calor oceánico. Los sistemas de alta presión típicamente fuertes del Pacífico oriental se debilitan, cambiando así el equilibrio de la presión atmosférica en el Pacífico oriental, central y occidental. Mientras que los vientos del este tienden a ser secos y constantes, los vientos del oeste del Pacífico tienden a llegar en ráfagas de aire más cálido y húmedo.

Debido a la enormidad de la cuenca del Pacífico —la cual cubre un tercio del planeta—, estos cambios en el viento y la humedad se transmiten por todo el mundo, alterando los patrones de circulación, como las corrientes en chorro (fuertes vientos en el nivel superior de la atmósfera). Sabemos que estos cambios a gran escala en los vientos y aguas del Pacífico dan inicio a El Niño. Lo que no sabemos es qué desencadena esos cambios. Esto sigue siendo un misterio científico.

Lo que no es un misterio es que El Niño es uno de los fenómenos productores de condiciones atmosféricas más importantes de la Tierra, un “maestro hacedor del estado del tiempo”, como lo llamó una vez la autora Madeleine Nash. Las condiciones oceánicas cambiantes alteran los patrones meteorológicos y afectan la pesca en los mares a lo largo de las costas occidentales de las Américas. Las regiones desérticas de Perú, Chile, México y el suroeste de Estados Unidos suelen quedar inundadas de lluvia y nieve, y se sabe que los desiertos estériles explotan con flores. Mientras tanto, las regiones más húmedas de la Amazonia brasileña y el noreste de Estados Unidos a menudo se sumergen en sequías de meses de duración.

Los episodios de El Niño ocurren alrededor de cada dos a siete años, a medida que el ciclo cálido se alterna de manera irregular con su hermana, La Niña —un patrón de enfriamiento en el Pacífico oriental— y con condiciones neutrales. El Niño suele alcanzar su punto máximo entre noviembre y enero, aunque la acumulación se puede detectar con meses de antelación y sus efectos pueden tardar meses en propagarse por todo el mundo.

En América del Sur, Brasil suele experimentar un calor inusual. Cae menos lluvia en el norte, mientras que cae más desde el sur de Brasil hasta Argentina. Las inundaciones de enero de 2016 desplazaron a más de 150.000 habitantes de Uruguay, Paraguay y Argentina, y motivaron que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Paraguay declarara una alerta por enfermedades transmitidas por mosquitos como dengue, chikungunya y zika.

Aunque los impactos de cada episodio de El Niño varían, por lo general cae más lluvia durante el invierno en todo el sur de Estados Unidos, desde California hasta Florida. Por ejemplo, en 2015-16, las precipitaciones extremas ocasionaron deslizamientos de tierra en el norte de California e inundaciones repentinas en Luisiana y Alabama.

La alteración de los patrones de precipitaciones causadas por El Niño puede afectar el rendimiento de los cultivos. Este mapa muestra los impactos proyectados de El Niño de 2023 en los principales cultivos básicos.
La alteración de los patrones de precipitaciones causadas por El Niño puede afectar el rendimiento de los cultivos.

Los cambios en los patrones de precipitación en todo el planeta pueden tener consecuencias mixtas para la producción de alimentos. Durante El Niño de 2023, se previó que el exceso de lluvias en algunos lugares y la escasez de lluvias en otros afectaría el rendimiento de los cultivos y dejaría a 110 millones de habitantes con necesidad de asistencia alimentaria, según los científicos de la Red de Sistemas de Alerta Temprana para la Hambruna (FEWS NET, por sus siglas en inglés). Un escenario similar se desarrolló durante El Niño de 2015-16, cuando la Oficina de Naciones Unidas (ONU) para la Coordinación de Asuntos Humanitarios informó en abril de 2016 que 60 millones de habitantes de África, Asia, el Pacífico y América Latina necesitaban asistencia alimentaria debido a fenómenos meteorológicos extremos.

Si nos remontamos a 1997-1998, la ONU atribuyó más de 20.000 muertes y 36.000 millones de dólares en daños a la infraestructura al fenómeno de El Niño de ese período.

Aunque los episodios de El Niño son complejos y evolucionan de manera diferente —al igual que sus impactos y teleconexiones—, las predicciones mejoradas ayudarían a las comunidades a prepararse para los posibles impactos y minimizar los trastornos. Con advertencias más avanzadas, los administradores de recursos y los líderes cívicos podrían hacer ajustes en la forma en que manejan la pesca, qué cultivos plantar, qué recursos asignar para combatir los mosquitos y cuándo crear conciencia sobre riesgos como incendios o deslizamientos de tierra.

El Niño fue identificado y bautizado mucho antes de que la ciencia se pusiera al día con este fenómeno. Durante siglos, los pescadores peruanos obtenían una abundante pesca en la costa del Pacífico de América del Sur, donde las corrientes que fluyen hacia el norte y el oeste empujaban hacia la superficie el agua fresca y rica en nutrientes de las profundidades. Pero, de vez en cuando, las corrientes se detenían o se daban la vuelta; el agua caliente de los trópicos ahuyentaba a los peces y dejaba las redes vacías. Estos lapsos periódicos de calor eran más notables cerca de diciembre o enero, alrededor de la época de Navidad y el nacimiento del “niño”.

Algunas de las primeras descripciones científicas de El Niño se produjeron durante los intercambios entre la Sociedad Geográfica de Lima y el Congreso Geográfico Internacional en la década de 1890. Pero las raíces de El Niño se remontan a mucho tiempo atrás en la historia, mucho antes del nacimiento de Jesús de Nazaret o de la llegada de los pescadores peruanos. Se han detectado las huellas químicas de mares más cálidos y el aumento de las precipitaciones en muestras de coral y en otros indicadores paleoclimáticos desde la última Edad de Hielo. Este patrón de cambios en el agua y el viento ha estado ocurriendo durante decenas de miles de años.

Científicos de la Tierra, historiadores y arqueólogos han postulado que El Niño desempeñó un papel en la desaparición o trastornos en varias civilizaciones antiguas, incluyendo a los mochicas, los incas y otras culturas de las Américas. Pero el registro de la historia de El Niño realmente comienza en el siglo XVI, cuando las culturas europeas llegaron al Nuevo Mundo y se encontraron con las culturas indígenas americanas. (Informe Michael Carlowicz y Stephanie Schollaert Uz, NASA).

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