Papa León XIV alerta sobre el riesgo de que la IA se convierta en instrumento de «colonialismo ideológico o económico», de hacer que las naciones más pobres dependan de las más ricas
–En una audiencia con los participantes en el encuentro de la International Catholic Legislators Network, una iniciativa creada en 2010 con el objetivo de establecer una red entre los legisladores cristianos para la defensa de la dignidad de todo ser humano, el Papa León XIV advirtió, este viernes, del riesgo de que la Inteligencia Artificial se convierta en instrumento de «colonialismo ideológico o económico», una «forma sutil de dominio» que corre el riesgo de hacer que las naciones más pobres dependan de las más ricas.
Según el jefe de la Iglesia Católica, el rápido desarrollo de la inteligencia artificial corre el riesgo de crear nuevas formas de dependencia tecnológica, en las que las naciones más pobres dependan cada vez más de las más ricas”.
El pontífice habló sobre la tentación de construir «una nueva Torre de Babel donde el poder, la eficiencia y el control oscurezcan el rostro de la persona humana». El Papa retomó el tema para ofrecer una profunda reflexión en inglés sobre la innovación tecnológica, que sin duda, dijo, abre nuevos horizontes, pero que también plantea una cuestión de sentido, en particular sobre hasta qué punto está al servicio del desarrollo integral de la persona.
León recordó la necesidad de una legislación que salvaguarde los derechos y las libertades del ser humano, velando por el riesgo de un dominio sutil por parte de las naciones más ricas, y propone de nuevo como camino a seguir la doctrina social de la Iglesia. Además, frente a la cultura del poder, invitó a seguir «la cultura del amor» propuesta por la Iglesia.
En este sentido, señaló que es necesario proteger a la familia, «primera escuela de humanidad», y advirtió que «nunca se debe permitir que la inteligencia artificial erosione esta célula primaria de la sociedad».
El Papa afirmó que el mundo no necesita una inteligencia artificial que disminuya la humanidad, más bien, necesita una inteligencia humana iluminada por la sabiduría, una autoridad política guiada por la conciencia y una innovación tecnológica guiada por la caridad. Solo entonces, indicó, la inteligencia artificial se convertirá no en un rival de la humanidad, sino en un servidor del bien común.
La audiencia comenzó con el Pontífice disculpándose por haberse retrasado y bromeando sobre el calor: «Bienvenidos a la sauna del Vaticano», dijo a los presentes. «Nuestra familia humana —afirma— se encuentra ante una elección fundamental».
Remitiéndose a la encíclica Magnifica Humanitas, el Papa recordó que es necesario construir una civilización en la que la tecnología esté al servicio del desarrollo integral de cada persona.
A continuación, subrayó que los principios de la doctrina social de la Iglesia —la dignidad inviolable de cada persona, el bien común, la destinación universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad— «proporcionan criterios seguros para el discernimiento». Por ello exhortó a los legisladores a que no se obstaculice la innovación, sino que se guíe «con sabiduría».
“Una legislación sólida debe fomentar la creatividad científica y tecnológica, al mismo tiempo que protege los derechos humanos y las libertades fundamentales”, indicó, destacando que también debe “proteger a los usuarios de la explotación, preservar la privacidad personal, garantizar la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes y asegurar que estas fortalezcan las instituciones democráticas”.
Explicó que se trata, por tanto, de identificar «marcos jurídicos adecuados, una vigilancia independiente, la educación de los usuarios y una política que no renuncie a su cometido». Una vigilancia a nivel local, nacional e internacional que garantice que «ninguna ideología o interés específico dicte los valores incorporados en los sistemas de inteligencia artificial».
Subrayó que el rápido desarrollo de la inteligencia artificial corre el riesgo de crear nuevas formas de dependencia tecnológica, con las naciones más pobres cada vez más dependientes de las más ricas. «Debemos permanecer alerta al respecto, para evitar que la innovación se convierta en otro vehículo de colonialismo ideológico o económico», precisó.
Anotó que no pueden ser los algoritmos los que decidan «quién es visto y quién permanece invisible», ni si se debe subordinar la dignidad de los trabajadores a la optimización de los sistemas.
Añadió que estos avances revelan una nueva faceta de la antigua tentación del dominio y del poder sin servicio. Hay un camino que seguir que se opone a la cultura del poder y es «la civilización del amor» propuesta por la Iglesia; «una civilización —explica el Papa— que sepa guiar sabiamente la inteligencia artificial, formando corazones capaces de caridad, compasión y responsabilidad».
En una sociedad así, puntualizó, la primera escuela de humanidad sería la familia, porque es en la familia donde aprendemos la confianza antes que el cálculo, la generosidad antes que la competición, el diálogo antes que la división y el amor antes que el poder.
Por eso, dijo, hay que tener cuidado de no reducir la familia a datos y modelos económicos que hacen que la vida familiar sea económicamente precaria. «Por eso los animo a promover políticas que fortalezcan el matrimonio y las familias, apoyen a los padres en su misión educativa y permitan a los jóvenes mirar al futuro con confianza», concluyó el Pontífice. (Información y foto Vatican News).



