La paciencia colombiana no ha permitido descubrir el poder transformador de la protesta

abril 30, 2012 1:17 pm

Por Julia Lehmann, Periodista Alemana

¿Cuál es la diferencia más destacada entre Colombia y Alemania? Que aquí se ven muchos niños. Allá no. En Europa se ha perdido la grata experiencia de ver muchos niños en los parques. Es un hecho que se confirma además por un estudio del Banco Mundial según el cual, la tasa de fertilidad de las mujeres colombianas está en 2,4, mientras que en Alemania es de 1,36 – una de las más bajas de toda Europa.

Varios factores, como educación o atención médica, intentan a explicar esta variación de la tasa de fertilidad. Sin embargo, no hay mucha necesidad de estadísticas para detectar que una razón importante para una tasa de fertilidad relativamente alta es la actitud hacia los niños y el mismo trato con los niños.

Aquí no es sorprendente que al escuchar niños llorando o gritando en el transporte público, en un restaurante o en otro sitio público, nadie se queja. En contraste, la reacción en Alemania es totalmente opuesta: la gente chasquea su lengua para expresar su descontento – una expresión típica de un alemán.

Pero no solamente un niño llorando aquí no parece molestar a nadie. Los colombianos en general son más resistentes al ruido que los alemanes. A nadie se lo ocurriría llamar a la policía cuando los vecinos están haciendo una fiesta, lo que sí suele pasar muchas veces en Alemania. Tampoco una señora mayor regañaría a otra persona por hablar por teléfono en voz alta en el Transmilenio, lo que sí es muy normal en mi país (Alemania).

Obviamente los colombianos reconocen todavía que la vida no siempre es silenciosa sino que debe tener sus lados ruidosos. Esta visión de la vida es permitida por una cierta actitud: la serenidad, mejor entendida aquí como la paciencia. Una expresión que describe perfectamente la actitud de los colombianos, aquella que hace falta a la mayoría de los alemanes que toman todo muy en serio y que aún no aprenden a relajarse.

Esta serenidad o esta paciencia, sin embargo, atentan contra una sola cosa: la necesidad de quejarse. Pues, aparentemente la gente acá casi nunca expresa su resentimiento aunque sea necesario. Así que prefiere aguantar circunstancias desagradables en vez de expresar sus molestias. Aunque el Transmilenio sea llenísimo de pasajeros y el espacio no alcanza ni siquiera para respirar, no se escuchan muchas expresiones de molestia.

Sí, en Alemania la gente se queja demasiado y nunca está contenta, sin embargo, las protestas siempre serán una manera de cambiar situaciones y de progresar.

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