Vencinos y ¿Amigos?

octubre 10, 2012 7:54 am


Por: Julio Fernando Rivera Vallejo

Definitivamente, lo que pasa arriba se siente abajo; ocurre en cualquier estructura, inclusive en la humana. Y que lo diga el ocupante de un apartamento sobre el cual no falta la hermosa dama que acostumbra taconear día y noche, cual si estuviera clavando puntillas para colgar docenas de cuadros, sin percatarse que bajo sus pies y una cada vez menos espesa ´´ plancha ´´ o losa, hay tímpanos a punto de estallar.

Cosa similar sucede en sentido horizontal, especialmente cuando dos viviendas de interés social están separadas, o mejor, unidas, por una delgada pared medianera que solo sirve para alinderar jurídicamente los predios y para tapar la vista del desorden y las necesidades apremiantes en las que sobreviven las personas de al lado, pero nunca para impedir que trasciendan las voces, olores y hasta sabores generados en el vecindario.

A los viejos les gustaba vivir en amplias casas independientes, rodeadas de extensos jardines que a más de servir de pulmones y ornato, permitían una existencia agradable, tranquila y digna, alejada de las fastidiosas miradas e intromisiones de inoportunos vecinos. La poca oferta de tierra urbana o urbanizable ha obligado a la densificación de la construcción y, con ello, a la proliferación de los edificios y conjuntos cerrados en los que se gana espacio y de pronto algo de seguridad, pero se sacrifica la independencia; y el propósito no es hablar de la ´´ gesta libertadora ´´, ni mucho menos del General Bolivar cuyo recuerdo hace estremecer el alma de los descendientes de Agualongo.

Bueno, parece que los giros que va dando la palabra nos van llevando a decir que así como hay vecinos de barrio o de vivienda, los hay de países y que la gran diferencia está en que, con un mal vecino de casa o de apartamento tenemos la esperanza de que incumpla el contrato y le hagan un lanzamiento, o que se aburra y se vaya para otro sitio, o, en últimas, de irnos desplazados con nuestra música a otra parte; pero tratándose del variable e impredecible gobernante de un país limítrofe, la situación es a otro precio, porque no está en nuestras manos su designación.

La globalización, que va más allá de los avances tecnológicos y tiene connotaciones políticas, sociales, económicas y de todo orden, nos obliga, ahora más que nunca a tener que reconocer y aceptar, a veces a regañadientes, que pasando una raya en un mapa o generalmente un río que divide un territorio, hay otro pueblo, seguramente por la cercanía con tradiciones similares, pero, soberano, igual que el nuestro, aunque dentro de los parámetros mínimos del derecho internacional, que, entre naciones contiguas hace las veces de un Reglamento de Convivencia que regula las relaciones de los habitantes de un condominio.

Después de tantas vueltas, como diría el dermatólogo, vamos al grano: Nuestro hermano pueblo venezolano, tan querido en esta tierra en la que nos sigue sonando a La Billos Caracas, a Luís Felipe González y a Los Melódicos de Renato Capriles, sí, Capriles, y nos continúa vendiendo la bella imagen de tantas Miss Universo amamantadas con petróleo, y claro, nos ha hecho llorar con Topacio y Esmeralda, acaba de reelegir a su Comandante Presidente Hugo Chávez para un nuevo período de seis años, durante los cuales nos seguiremos haciendo la pregunta de si es o no nuestro mejor ´´ amiguis ´´. Por lo pronto, el inquilino de la Casa de Miraflores, tiene renovado el contrato por un largo tiempo durante el cual esperamos que las cosas marchen bien, o lo menos mal posible. Por el bien de todos, es mejor que las relaciones con el vecino sean cordiales a que sean Frías.

Los comentarios están cerrados.