Un estudio publicado por la Universidad Externado de Colombia ofrece nuevos criterios para el desarrollo de políticas de seguridad en Bogotá y desvirtúa mitos difundidos entre la ciudadanía y las autoridades.
El alto índice de violencia homicida en Bogotá se relaciona de manera clara y estrecha con los barrios donde se produce microtráfico de drogas. Porque si bien no es esta la única variable asociada al fenómeno, es la ‘condición necesaria’ para su ocurrencia; a esta realidad se deben sumar alternativamente otras: la presencia del trabajo sexual, de estructuras delincuenciales o de pandillas y ‘parches’.
Así lo establece la investigación “Variables que inciden en la violencia en barrios de Bogotá”, adelantada por Olga Marcela Cubides Salazar, Máster en Ciencia Política, Universidad de Salamanca (España), cuyos resultados fueron publicados en la revista OPERA N° 15 (Observatorio de Políticas, Ejecución y Resultados de la Administración Pública) del Centro de Investigaciones Proyectos Especiales – CIPE, de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.
A partir de la pregunta ¿Por qué unos barrios tienen mayor manifestación de violencia homicida que otros?, la investigadora analiza los factores que más inciden en esta, en 51 barrios (40 con altos niveles de homicidio; 11 con bajos niveles). Se observa lo que ocurre en vecindarios con alto y bajo nivel de homicidio a partir de información de campo suministrada por la Fundación Ideas para la Paz, mediante la utilización de la herramienta del Comparative Qualitive Analysis (QCA), “un procedimiento de análisis comparado que permite identificar configuraciones causales necesarias y/o suficientes que expliquen la ocurrencia o ausencia de un fenómeno político”.
Las 8 variables tenidas en cuenta para buscar su relación con la violencia homicida, en los barrios de Bogotá (medida como el número total de homicidios por barrio en 2011, utilizando como fuente la Policía Nacional), fueron: 1) expendio de droga; 2) trabajo sexual (prostitución); 3) concentración consumo de alcohol (zonas rosas, concentraciones de expendio de licor); 4) microextorsión; 5) estructuras delincuenciales; 6) contrabando o mercado de autopartes robadas; 7) estado físico del barrio; 8) precaria situación social del barrio; 9) pandillas juveniles.
A los resultados planteados en la primera conclusión señalada, se suman otros no menos interesantes como el siguiente: existen tres condiciones que, definitivamente, NO explican el fenómeno de la violencia homicida: concentración de zonas de consumo de alcohol; contrabando o mercado de autopartes y estado físico del barrio.
De esta manera se desvirtúan ciertos prejuicios o mitos que se han tejido a lo largo de los tiempos sobre variables asociadas a la violencia homicida que, de acuerdo con la autora, son producto de la escasa investigación previa a la aplicación de políticas de seguridad. Así, el hallazgo permite aseverar que el homicidio en Bogotá depende mucho menos del comportamiento impulsivo de los ciudadanos y más de la presencia de estructuras delincuenciales organizadas en torno de las cuales gravitan mercados de protección y extorsión, redes de servicios sexuales, narcomenudeo, mercado de armas de fuego y lavado de activos. El caso más emblemático es el de la disputa territorial.
Pero, ojo: la investigadora pone de presente cómo si bien realidades como la concentración de consumo de alcohol no tiene una relación directa con la violencia homicida ello no implica que no la tenga con otras modalidades delictivas que atentan contra la vida, como las lesiones o las riñas, principalmente. Agrega que aunque a esta causa responda un número bajo de homicidios, todo tipo de violencia debe prevenirse pero “ajustando las políticas a la dimensión de los fenómenos”.
Por esa razón, indica la autora, si bien este y otros estudios centrados en el homicidio aportan criterios de interés para el desarrollo de políticas de seguridad, se requiere continuar análisis más amplios para obtener una visión más completa de estos fenómenos, e implementar políticas que respondan con eficacia.
La investigadora señala que resulta lamentable que las variables que NO explican el fenómeno: expendio de licor; contrabando y mercado de autopartes robadas; situación física y situación social del barrio, se consideren como factores muchas veces determinantes en el homicidio a la hora de hacer diagnósticos de inseguridad de Bogotá, y orienten definiciones de política pública, lo que reafirmaría la idea de la necesidad de mejorar los diagnósticos y evitar el desperdicio de recursos y esfuerzos.
“Por ello es necesario diferenciar claramente qué acciones de política pública pueden impactar de manera real, en qué tipos de delito. Políticas de control de consumo de alcohol seguramente no tendrán ningún impacto en la reducción profunda del homicidio. Sin embargo, sí podrían impactar en las riñas u otra clase de violencia, pero este sería tema de otras investigaciones”, asegura la investigadora Cubides.
