En la Defensoría del Pueblo algo huele mal

noviembre 21, 2015 8:50 am

Luis Eduardo Forero Por: Luis Eduardo Forero Medina
Además de no reunir los requisitos para ser Defensor del Pueblo como lo puso de presente en 2012 la Misión de Observación Electoral, el acoso laboral de parte del Defensor del Pueblo Jorge Armando Otálora y de algunos de sus subalternos no es nuevo; a su interior se violan los derechos humanos y suceden irregularidades que desconoce la opinión pública.

El mordaz lenguaje utilizado por Otálora, cuestionado por sus relaciones non sanctas, va unido a la inclemente persecución laboral a contratistas que no pertenecen a su rosca, a carencias a que se ven enfrentados los defensores de oficio y a una deficiente atención al público que además del maltrato verbal que padecen de parte de los funcionarios encargados de agendar las citas, deben esperar meses para que les atiendan sus casos. En el área laboral es casi imposible desarrollar el trabajo, ya que los pocos defensores deben soportar carencias en su trabajo. En la sede de la 57 solo existe una impresora que literalmente se pelea cada defensor en su turno, generalmente no hay papel y los usuarios terminan decepcionados con la deficiente atención a sus procesos. Desde hace un tiempo se idearon las famosas barras académicas a las que deben acudir los contratistas. El abogado Libardo Antonio Juez Rubio, que al principio atendía la barra de familia sin ser su especialidad, se dedica en sus sesiones de “capacitación” a todo menos a capacitar. En la barra de laboral que normalmente se realiza los martes desde las seis de la tarde, Juez Rubio, acosador como su jefe, cuando no asiste o llega tarde, dedica parte del tiempo de “capacitación” a presumir sobre sus jugosas ganancias en asuntos judiciales particulares, a hablar mal de sus colegas de barra, especialmente del de penal, a hacer las veces de cuenta chistes, a escuchar rancheras compuestas por él o a defender vehemente a Otálora, siempre endiosándolo. Este diminuto personaje igualmente aconseja en privado a los defensores laborales no hacerse cargo de las demandas de única instancia de ex trabajadores que asisten a la Defensoría en procura de que les resguarden sus derechos vulnerados. Cuando de tutelas se trata algunos se limitan para salir del paso, a copiar acciones similares, dejando a su suerte a los usuarios después de decididas las acciones, aunque debe reconocerse el abnegado trabajo de algunos defensores laborales que ejecutan a cabalidad su misión.

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