Líderes mundiales piden poner fin a fracasada guerra a las drogas y reformar régimen de prohibición
–La cumbre celebrada en la ONU sobre las drogas fue una «oportunidad perdida» afirmaron en una declaración líderes mundiales en torno al evento celebrado en Nueva York, quienes pidieron «poner fin a la fracasada Guerra a las Drogas» y al mismo tiempo reclamaron «reformas fundamentales al régimen mundial de prohibición de los estupefacientes.
«La Guerra a las drogas fracasó en reducir el uso de drogas, pero llenó nuestras cárceles, costó millones de dólares de los contribuyentes, alimentó el crimen organizado y causó miles de muertes. Necesitamos un nuevo enfoque, uno que saque el poder de manos del crimen organizado y trate a las personas con problemas de adicción como pacientes, no como delincuentes,” dijo Richard Branson, integrante de la Comisión de Líderes Mundiales, quien es fundador del Grupo Virgin y cofundador de The Elders, Reino Unido.
“La buena noticia es que los nuevos enfoques centrados en la regulación y la descriminalización han resultado. Necesitamos que nuestros líderes, incluyendo a los hombres de negocios, examinen los enfoques alternativos, basados en hechos. Necesitamos formas más humanas y eficaces de reducir el daño causado por las drogas. La única cosa que no podemos permitirnos hacer es seguir pretendiendo que la “guerra a las drogas” está funcionando.»
Integran la citada comisión los siguientes personajes:
Kofi Annan, ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ghana
Louise Arbour, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, presidente del Grupo Internacional Crisis, Canadá
Richard Branson, empresario, defensor de causas sociales, fundador del Grupo Virgin, cofundador de The Elders, Reino Unido
Fernando Henrique Cardoso, ex Presidente de Brasil (presidente)
Marion Caspers-Merk, ex Secretaria de Estado en el Ministerio Federal de Salud de Alemania
Maria Cattaui, miembro del Consejo de Petroplus Holdings, ex Secretaria General de la Cámara de Comercio Internacional, Suiza
Ruth Dreifuss, ex Presidente de Suiza y Ministra de Asuntos Internos
Carlos Fuentes, escritor e intelectual, México
César Gaviria, ex Presidente de Colombia
Asma Jahangir, activista por los derechos humanos, ex Relatora Especial de Naciones Unidas sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, Pakistán
Michel Kazatchkine, director ejecutivo del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, Francia
Mario Vargas Llosa, escritor e intelectual, Perú
George Papandreou, Primer Ministro de Grecia
George P. Shultz, ex Secretario de Estado de los Estados Unidos de América (presidente honorario)
Javier Solana, ex Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior y Seguridad Común, España
Thorvald Stoltenberg, ex Ministro de Asuntos Exteriores y Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Noruega
Paul Volcker, ex Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos y del Consejo Asesor para la Recuperación Económica
John Whitehead, banquero y funcionario, presidente de la Fundación World Trade Center Memorial, Estado Unidos
Ernesto Zedillo, Ex Presidente de México
Los firmantes del documento afirman que la sesión especial sobre drogas de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS, por su sigla en inglés) no fue «lo suficientemente lejos».
«La UNGASS está fuera de sintonía con las realidades sobre el terreno», señaló el empresario Richard Branson, uno de los grandes impulsores de la Comisión, quien recordó que mientras muchas ciudades y regiones y algunos países avanzan con nuevos enfoques sobre drogas, la declaración aprobada por la ONU pasa de largo sobre ellos.
La Comisión es el grupo más distinguido de líderes de alto nivel y ha convocado a realizar cambios de gran alcance frente al flagelo de la droga, – incluyendo no sólo alternativas al encarcelamiento y un mayor énfasis en los enfoques de salud pública al uso de drogas sino también descriminalización y experimentación de regulaciones legales.
“Cincuenta años después del inicio de la Convención Única de Estupefacientes, y cuarenta años después que el Presidente Nixon lanzara la guerra a las drogas del gobierno norteamericano, se necesitan urgentes reformas fundamentales en las políticas de control de drogas nacionales y mundiales,” dijo el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso.
“Comencemos a tratar las adicciones a drogas como un tema de salud, reduciendo la demanda de drogas a través de iniciativas educativas comprobadas y regulando legalmente el cannabis en lugar de criminalizarlo”.
Las recomendaciones de la Comisión se sintetizan en el Resumen Ejecutivo que se encuentra más abajo en este comunicado. Ellas incluyen:
– Terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros.
– Alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas (especialmente cannabis) a fin de socavar el poder del crimen organizado y para salvaguardar la salud y la seguridad de sus ciudadanos.
– Asegurar que esté disponible una variedad de modalidades de tratamiento, incluyendo no sólo los tratamientos con metadona y buprenorfina, sino también programas de tratamiento asistido con heroína que han probado ser exitosos en muchos países europeos y en Canadá.
– Aplicar los principios y políticas de derechos humanos y de reducción de daños tanto a las personas que usan drogas como a aquellos involucrados en los segmentos inferiores de los mercados ilegales de drogas, tales como campesinos, correos, y pequeños vendedores.
La guerra global a las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para individuos y sociedades alrededor del mundo. Cincuenta años después del inicio de la Convención Única de Estupefacientes, y cuarenta años después que el Presidente Nixon lanzara la guerra a las drogas del gobierno norteamericano, se necesitan urgentes reformas fundamentales en las políticas de control de drogas nacionales y mundiales.
Los inmensos recursos destinados a la criminalización y a medidas represivas orientadas a los productores, traficantes y consumidores de drogas ilegales, han fracasado en reducir eficazmente la oferta o el consumo.
Las aparentes victorias en eliminar una fuente o una organización de tráfico son negadas casi instantáneamente por la emergencia de otras fuentes y traficantes. Los esfuerzos represivos dirigidos a los consumidores impiden las medidas de salud pública para reducir el VIH/SIDA, las muertes por sobredosis, y otras consecuencias perjudiciales del uso de drogas. Los gastos gubernamentales en infructuosas estrategias de reducción de la oferta y en encarcelamiento reemplazan a las inversiones más costo-efectivas y basadas en la evidencia orientadas a la reducción de la demanda y de los daños.
Nuestros principios y recomendaciones pueden resumirse como sigue:
Terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros. Desafiar los conceptos erróneos comunes acerca de los mercados de drogas, el uso de drogas y la dependencia de drogas en lugar de reforzarlos.
Alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas a fin de socavar el poder del crimen organizado y para salvaguardar la salud y la seguridad de sus ciudadanos. Esta recomendación se aplica especialmente al cannabis, pero también alentamos otros ensayos de descriminalización y regulación legal que puedan conseguir estos objetivos y proveer modelos para otros.
Ofrecer servicios de salud y tratamiento a los que los necesiten. Asegurar que esté disponible una variedad de modalidades de tratamiento, incluyendo no sólo los tratamientos con metadona y buprenorfina, sino también programas de tratamiento asistido con heroína que han probado ser exitosos en muchos países europeos y en Canadá. Implementar programas de intercambio de jeringas y otras medidas de reducción de daños que han probado su efectividad en reducir la transmisión del VIH y otras infecciones de transmisión sanguínea, así como las muertes por sobredosis. Respetar los derechos humanos de las personas que usan drogas. Abolir las prácticas abusivas llevadas a cabo en nombre del tratamiento –tales como la internación forzada, los trabajos forzados, y los abusos físicos o psicológicos que contravienen los principios y normas de derechos humanos o que eliminan el derecho a la autodeterminación.
Aplicar en gran medida los mismos principios y políticas antes expuestos a las personas involucradas en los segmentos inferiores de los mercados ilegales de drogas, tales como campesinos, correos, y pequeños vendedores.
Muchos de ellos han sido víctimas de violencia e intimidación o son dependientes de drogas. Arrestar y encarcelar decenas de millones de estas personas en las recientes décadas ha llenado las prisiones y destruido vidas y familias, sin por ello reducir la disponibilidad de drogas ilegales o el poder de las organizaciones criminales. Pareciera no haber límite al número de
personas que se vinculan con esas actividades para mejorar sus vidas, proveer a sus familias, o para escapar de la pobreza.
Focalizar las acciones represivas en las organizaciones criminales violentas, pero hacerlo de manera de socavar su poder y su alcance, mientras se da prioridad a la reducción de la violencia y la intimidación. Los esfuerzos para imponer el cumplimiento de la ley no debieran focalizarse en reducir los mercados de drogas per se, sino más bien en reducir sus daños en los individuos, las comunidades y en la seguridad nacional.
Invertir en actividades que puedan prevenir en primer lugar que las personas jóvenes usen drogas y a la vez prevenir que los que las usan desarrollen problemas más serios.
Evitar mensajes simplistas al estilo de “sólo di que no” y políticas de “tolerancia cero”, y alentar los esfuerzos educativos asentados en información creíble y en programas preventivos que focalicen en las habilidades sociales y la influencia de los pares.
Los esfuerzos preventivos más exitosos son aquellos dirigidos a grupos específicos en riesgo.
Comenzar con la transformación del régimen mundial de prohibición de drogas. Reemplazar las políticas y las estrategias de drogas orientadas por la ideología y la conveniencia política, por políticas económicas responsables y estrategias basadas en la ciencia, la salud, la seguridad y los derechos humanos – y adoptar criterios apropiados para su evaluación.
Revisar la clasificación de drogas que ha resultado en obvias anomalías como la defectuosa categorización del cannabis, la hoja de coca y el MDMA (éxtasis).
Asegurar que las convenciones internacionales sean interpretadas y/o revisadas para adaptarlas a una sólida experimentación con la reducción de daños, la descriminalización y las políticas de regulación legal.
Romper el tabú acerca del debate y la reforma. Ahora es el tiempo de actuar.