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Cumbre extraordinaria de Obispos; fijará posición frente a la crisis causada por el Plebiscito

obispos-reunion–Los obispos colombianos iniciaron este jueves una reunión extraordinaria para reflexionar sobre «el momento que vive el país» y fijar una posición frente a la crisis causada en el proceso de paz por el resultado del Plebiscito.

«Quiero pedirle a todos los católicos que se unan en oración, para que Dios nos ilumine con su Santo Espíritu y así logremos ofrecer las orientaciones que ayuden a los colombianos a construir la paz, siempre con base en el diálogo y el respeto mutuo», precisó monseñor Luis Augusto Castro, presidente del Episcopado Colombiano en el comunicado en el cual anunció la cumbre extraordinaria de Obispos que se prolongará 24 horas. Concluye este jueves.

«El momento que vivimos no es para triunfalismo de unos, para represalia de otros, para aislamiento de algunos y para la indiferencia de los demás», proclamó a su turno Monseñor Ricardo Tobón Restrepo, Arzobispo de Medellín, al profundizar en el tema.

«Hemos dado un paso adelante en nuestro camino histórico, pero debemos cuidar que en nombre de la paz no surja más violencia. Por tanto, depongamos ya la agresividad, superemos las rivalidades, no pensemos más en intereses individuales», complementó el prelado.

En un escrito públicado en la web de la Conferencia Episcopal, Monseñor Tobón Restrepo advierte que «la paz no se puede imponer ni por las armas ni por la ley. El que quiera abrir una flor por la fuerza, la despedaza» y añade:

«Es una hora importante que nos llama a todos a la responsabilidad, a la humildad, al buen criterio, a la generosidad y al propósito de caminar decididamente hacia el futuro. No es ocasión de criticar sino de proponer medios para afrontar los grandes retos nacionales: la familia, la educación, la economía, la salud, el empleo, la lucha contra la corrupción. Estamos en un momento oportuno y delicado que no podemos arruinar. Debemos andar con mucho cuidado».

Monseñor Tobón Restrepo inicialmente hace referencia al Plebiscito y señala que «ha sido un buen ejercicio de reflexión y participación ciudadana, que debemos analizar y aprovechar para continuar el camino hacia la paz».

Agrega que «aunque parezca lo contrario, todos hemos ganado. Hay logros innegables en el proceso que se está haciendo: la afirmación de la paz como una realidad fundamental e indispensable en la vida de un pueblo, la aceptación del diálogo como el verdadero medio para solucionar cualquier conflicto, la participación democrática en la decisión de lo que le conviene a la nación, la esperanza que nunca muere.

Sin embargo, a partir de ahora es necesario perfeccionar las metas, de tal manera que motiven y pongan de acuerdo a la población, que saquen de su inadmisible indiferencia a los abstencionistas, que den mayores espacios a las nuevas generaciones que vivirán el futuro que estamos construyendo. La paz es un vestido que es preciso hacerlo a la medida del país. Un gran ideal, apetecible para todos, no necesita artimañas jurídicas ni presiones publicitarias. Éstas, finalmente, resultan contraproducentes porque sin dificultad se percibe que buscan engañar o manipular la libertad.

Luego hace las siguientes precisiones:

La paz no se puede imponer ni por las armas ni por la ley. El que quiera abrir una flor por la fuerza, la despedaza. Si lo que se propone como paz le causa miedo al pueblo es inútil insistir en ese camino. Para que se acepte la paz, primero es necesario ganar la confianza procediendo con verdad, con humildad, con evidente amor a la patria. Tenemos que entender que la paz es mucho más que ausencia de guerra, que no se puede reducir a un acuerdo con un grupo alzado en armas. Nos ha quedado claro que politizar la paz tiene nefastas consecuencias; que la verdad y la recta intención no se pueden fingir; que el diálogo es con todos o los excluidos no marchan en el proyecto.

El pueblo, en último término, no se resiste a dar el perdón aun de grandes crímenes, entiende que lo mejor es la participación de los alzados en armas en la vida política, acepta pagar los grandes costos sociales y económicos de un nuevo estado de cosas. Sin embargo, exige que ceda la prepotencia de un grupo que sin ningún respaldo popular quiere imponerse por la fuerza de las armas o por la astucia, para organizar la nación según un proyecto socialista que naciones vecinas están padeciendo. Necesitamos serias reformas sociales pero hechas en casa y acordadas por todos.

El momento que vivimos no es para triunfalismo de unos, para represalia de otros, para aislamiento de algunos y para la indiferencia de los demás. Es una hora importante que nos llama a todos a la responsabilidad, a la humildad, al buen criterio, a la generosidad y al propósito de caminar decididamente hacia el futuro. No es ocasión de criticar sino de proponer medios para afrontar los grandes retos nacionales: la familia, la educación, la economía, la salud, el empleo, la lucha contra la corrupción. Estamos en un momento oportuno y delicado que no podemos arruinar. Debemos andar con mucho cuidado.

Finalmente señala: Hemos dado un paso adelante en nuestro camino histórico, pero debemos cuidar que en nombre de la paz no surja más violencia. Por tanto, depongamos ya la agresividad, superemos las rivalidades, no pensemos más en intereses individuales. Es necesario que vayamos al fondo de nuestra realidad humana y social para que nos aceptemos mutuamente y construyamos juntos una nueva comunidad nacional. Dejemos que Dios toque nuestro corazón porque necesitamos sabiduría, decisión de convertirnos, capacidad de reconciliarnos y compromiso permanente de construir un país que para acoger a unos no tenga que excluir a otros.

ACOMPAÑAMIENTO AL PROCESO CON ELN

Cabe recordar que tras la decisión del presidente Juan Manuel Santos de iniciar el 27 de octubre negociaciones formales con la guerrilla del Eln el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, anunció que una delegación de cinco obispos estará como apoyo acompañando esta fase.

“La Iglesia estará presente en la fase pública de conversaciones con una comisión de cinco obispos de los territorios más golpeados por esa guerrilla, dentro de los que se encuentran el Arzobispo de Cali, el Obispo de Arauca, Chocó y Tibú, dentro de otros», indicó el prelado.

Monseñor Castro Quiroga advirtió que «la Iglesia actuará como elemento de apoyo más no como delegada o mediadora, respondiendo a la solicitud del ELN y avalada por el presidente Juan Manuel Santos”.

El prelado indicó que en el proceso de paz con esta guerrilla se deberá proceder con «inteligencia, sensatez y con celeridad en puntos concretos del acuerdo».