Sector algodonero, tejiendo historias

junio 7, 2017 8:58 am

Por: Luis Eduardo Forero Medina
Al sector algodonero como a ningún otro de la economía colombiana es aplicable el adagio que no hay que cantar victoria; porque de disfrutar de las mieles del éxito durante más de medio siglo cuando fue exportador neto de algodón; empezada la década de los 90, los responsables de la política agropecuaria comenzaron a perder interés por el sector, que de sembrar 280 mil hectáreas en 1970 llegó a un poco más de 30 mil has actualmente, y con tendencia a la baja. La producción nacional sólo alcanza para cubrir la mitad de la demanda local de algodón.

A partir de 1991 los campesinos colombianos cultivadores de uno de los productos agrícolas calificados por la FAO como de los más importantes en el mundo, en más de un 95% cambiaron de actividad. “Los agricultores vieron cómo las empresas de toda una vida eran liquidadas”, señala el documento “Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia” de la Universidad Tadeo de Bogotá. De acuerdo a diarios de la capital, “la guerrilla no dejaba entrar a los directivos de Federalgodón a El Copey, Aracataca, Bosconia, Cereté, Codazzi y Aguachica”. Las placas fotográficas de la época dejaron el recuerdo de zonas algodoneras desamparadas “y pintadas con letreros de los grupos guerrilleros”. La crisis algodonera que condujo al sector a ser como la figura decorativa mientras todos bailan, se agravó con el frenazo del trabajo de años que llevaba la Federación Nacional de Algodoneros en favor del gremio; sus arcas fueron desocupadas y los bienes entregados como dación en pago por las millonarias deudas. Para reemplazar a la Federación, surgió en 1980 en Barranquilla la Confederación Colombiana del Algodón – Conalgodón. El sector se innovó en 1996 cuando comenzaron a introducirse comercialmente en el mundo los cultivos GM (semillas genéticamente modificadas), dejando de un lado las semillas tradicionales.
Desde 2005 fuera de cualquier otra materia prima, el algodón o Gossypium spp, (uno de los 20 commodities más importantes del mercado mundial en términos de su valor), se importa en Colombia con cero arancel; y por una década desde ese año se aprobó un CONPES, para subsidiar a los compradores, respondiendo el Estado sobre un precio mínimo de garantía a la producción (PMG). Desde el año pasado los cultivadores de algodón que durante 110 años le han vendido sus pequeñas producciones tan delicadas a Coltejer y ha 67 años a Diagonal (Corporación Distribuidora de Algodón Nacional ), para del precio de esta materia prima, se basan en la Bolsa de Nueva York, que frecuentemente reporta baja. Menos del 15% de los algodoneros colombianos estarían cultivando en tierras propias y una cantidad considerable toman en arriendo fincas para sembrar la planta. Los cultivos de algodón que tienen un período de crecimiento de 150 a 180 días, contribuyen con 60 mil o más empleos indirectos y directos en el clúster. El algodón (su semilla), además se emplea en las industrias aceiteras y de la alimentación.
En Colombia los principales cultivadores de algodón son en el interior del país (Tolima, Cundinamarca y Huila ), y en la costa (Bolívar, Córdoba, Guajira, Sucre, y el Cesar); en este departamento está próxima a cumplir medio siglo la Cooperativa Multiactiva Algodonera del Departamento del Cesar Ltda. «Coalcesar», que reúne agricultores de varias regiones del país.
En el sector repercute negativamente la reducción de más de la mitad del presupuesto para el sector agrícola; contar con un único proveedor de semillas; las plagas que lo atacan en dos etapas y que no se han logrado desterrar pese a la sobrefumigación, tan dañosa para el ambiente; por lo que hoy por hoy no es rentable cultivar algodón porque sale más favorable importarlo de EE.UU. Supuestos errores técnicos habrían llevado hace unos años a que se perdieran las siembras de algodón en el sur del Cesar y todo el país. En el departamento de Córdoba, la pudrición de cápsulas y/o motas dañadas en algunos cultivos de algodón en San Carlos, San Pelayo, Ciénaga de Oro, y Cereté -“la capital del oro blanco”-, fue atribuida a las condiciones climáticas por el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA; entidad que descartó que los daños reportados por los algodoneros se debieran a las variedades de semillas sembradas. Por su parte Vanessa Cardona, de Unimedios Bogotá unperiodico, indica que una investigación adelantada en Tolima y Córdoba evidenció que, una década después de su debut, las semillas de algodón genéticamente modificado no han sido efectivas en el control de plagas.
Como los últimos serán los primeros, el sector en Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador Haití, Paraguay y Perú, encontró apoyo para recuperarse mediante el proyecto “Fortalecimiento del Sector Algodonero por medio de la Cooperación Sur-Sur”, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y el Gobierno de Brasil. El proyecto Sur-Sur busca competitividad y sostenibilidad en agricultura familiar del sector algodonero. A los algodoneros de estos siete países llegará desarrollo, apoyo técnico especializado y variedades resistentes a las plagas y enfermedades. En Colombia el Ministerio de Agricultura prometió aumentar en un 100% él área cultivada de algodón. La producción de la fibra vegetal genera una tripleta de resultados según la FAO: es significativa para la generación de empleo e ingresos; contribuye a la soberanía alimentaria de los agricultores familiares de América Latina y el Caribe, y finalmente se presenta como una alternativa para la superación de la pobreza rural.
@luforero4

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