Benedetti, su confesión sobre la adicción a las drogas y el alcohol y los elogios de Cielo Rusinque
–El ministro del Interior, Armando Benedetti admitió declaraciones a la revista Cambio que ha sido adicto a las drogas y al alcohol, pero aseguró que se sometió a un programa de rehabilitación que lo ha cambiado y ahora es «un mejor padre, esposo y amigo». “A veces me da duro aceptarlo. A nadie le gusta decir que es un enfermo. Yo no quiero ser drogadicto. O sea, no quisiera ser adicto, y lo soy. Es una enfermedad”, afirmó.
Además señaló que “la adicción es una enfermedad, no un estigma” y puntualizó: «No quisiera ser adicto y lo soy. Es una enfermedad. Cuando uno dice que tiene este problema, lo estigmatizan, lo sancionan y lo tachan de incapaz».
Benedetti confesó que, de sus 57 años, pasó 30 sin consumir alcohol. Se alejó de las drogas en 1995 y mantuvo su sobriedad hasta 2008 o 2009, cuando sufrió una recaída. Durante ese tiempo, aseguró que su vida mejoró notablemente pues se casó, tuvo un hijo y avanzó en su carrera política.
“Cuando usted se aleja de eso, y no estoy hablando contra las personas que toman, la vida cambia, como me ha pasado en los últimos meses. Mi vida ha cambiado para bien desde cualquier punto de vista. Desde cuando me acuesto hasta cuando me levanto. Mi tranquilidad y, sobre todo, lo más importante, la relación con mi esposa y con mis hijos”, precisó.
Advirtió que su proceso de rehabilitación le ha permitido recuperar su hogar. “Estamos en luna de miel y eso es porque yo me estoy portando bien, no porque ella haya necesitado hacer algún cambio. Es que cuando usted toma licor, usted abre muchas puertas: a la infidelidad, a dedicarse mucho más al trabajo, a alejarse de la familia. Y ese tipo de puertas terminan rompiendo siempre las relaciones”, anotó.
A propósito de esta confesión, Cielo Rusinque Urrego, superintendente de Industria y Comercio y encargada del Ministerio de Comercio, hizo un gran elogio de la confesión del ministro diciendo que no son de «una culpabilidad, tampoco un acto de autoinmolación», sino «un gesto de humanidad, de generosidad y de valentía que lo engrandece como persona».
«Hoy, en un combate permanente contra sus miedos y cadenas, aparece ante la opinión pública con la inteligencia desenfadada, el calor Caribe y una cuidada apariencia. Esto, después de una larga travesía personal que no ha sido un camino de rosas», subraya.
Estas son otras precisiones que hace Rusinque en su nota sobre Benedetti, la cual el presidente Gustavo Petro replicó en su cuenta en X:
«Sus palabras, la exposición de sus fragilidades, desgarros y flaquezas, me producen en lo personal una gran admiración. Es un hombre sin máscaras, un hombre que abre su corazón, mostrando de lo que están hechas todas las vidas de quienes no se quedan en la alienación de las costumbres y en los automatismos: de crítica, de rupturas, de cambios profundos, de luchas contra las inercias.
Su testimonio nos ayuda a pensar en el lugar que ocupan las drogas en nuestra sociedad y en la representación que nos hacemos de ella. Se censura la cocaina, por ejemplo, mientras se codician y elogian las grandes fortunas que sobre ella se construyen; se consumen masivamente las drogas legales, mientras que las ilegales -sin que exista un fundamento sólido, claro, para esta diferencia-, son objeto de feroces persecuciones; desperdiciamos sin contar vidas y recursos, declarando guerras y cruzadas morales contra problemas que exigen políticas públicas
sólidas y compasión humana con quienes caen en la adicción.
Es hora de un cambio radical de paradigma. Es hora de romper con los cerrojos de una hipocresía colectiva cuyos guardianes son los primeros que condenan en público lo que hacen en privado. Es hora de un gran debate de sociedad, amplio, iluminado por la ciencia y orientado por el humanismo, que nos permita salir de la trampa mortal del prohibicionismo.
Creo que Benedetti ha ganado dos grandes bienes con su trabajo y con su declaración: recuperar su lucidez y la serenidad del alma. Hoy, más que nunca, es apto para asumir las pesadas responsabilidades del Estado. Los sepulcros blanqueados, los vampiros que si se exponen a la luz se desintegran, deberían seguir su ejemplo de valentía y honestidad. Es la misión que todos tenemos, porque como dijo Sócrates, una vida sin reflexión no vale la pena de ser vivida».


