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Vaticano publica el escudo oficial del Papa León XIV, vinculado a San Agustín

–El Vaticano ha publicado la imagen del escudo oficial y el lema pontificio de León XIV, el mismo que eligió cuando fue designado obispo de Chiclayo, cuyos elementos visuales y simbólicos revelan una fuerte conexión espiritual e intelectual con San Agustín, figura clave en la vida y formación del nuevo Papa.

El nuevo Pontífice ha preferido mantener tanto su escudo episcopal como su lema In Illo uno unum (“En Él, que es uno, somos uno”). Estas palabras provienen de una homilía de San Agustín sobre el Salmo 127, y expresan una visión eclesiológica profundamente unitaria: “Aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno”. Una declaración que, según Vatican News, refleja con claridad la vocación pastoral del nuevo Papa, marcada por la búsqueda de la unidad y la comunión dentro del Pueblo de Dios.

El escudo pontificio conserva la forma y los elementos esenciales del blasón que el entonces obispo Robert Prevost adoptó en su consagración episcopal. Está dividido diagonalmente en dos campos. El sector superior, de fondo azul, muestra un lirio blanco, símbolo tradicional de pureza y referencia a la Virgen María. El sector inferior, sobre fondo claro, contiene la imagen de un libro cerrado —símbolo de la Sagrada Escritura— con un corazón traspasado por una flecha apoyado sobre él. Este emblema, profundamente ligado al carisma de los agustinos, remite a la conversión de San Agustín, quien describió su experiencia espiritual con las palabras: “Vulnerasti cor meum verbo tuo” (“Has herido mi corazón con tu Palabra”).

Promover la unidad, fundamental
En una entrevista concedida a Vatican News en julio de 2023, el entonces cardenal Prevost ya había explicado la importancia de estos símbolos: “Como se deduce de mi lema episcopal, la unidad y la comunión forman parte del carisma del orden de San Agustín, y también de mi modo de actuar y pensar. Promover la comunión en la Iglesia es esencial. Sabemos bien que comunión, participación y misión son las tres palabras clave del Sínodo”.

“Para mí, como agustino, promover la unidad es fundamental. San Agustín habla mucho de la unidad en la Iglesia y de la necesidad de vivirla”, añadió en este sentido.

León XIV: “El Papa, desde San Pedro hasta mí, su indigno sucesor, es un humilde siervo de Dios”
Con este escudo y lema, León XIV declara “su fidelidad a la tradición de su orden” y también asegura “su profunda devoción a la Virgen María”, según detalla en declaraciones a ACI Prensa el P. Davide Spinelli, experto en heráldica eclesiástica

“El lirio blanco es un símbolo de pureza e inocencia. Es un símbolo mariano por excelencia y, en este caso, remite claramente a la devoción del Papa a la Virgen María”, agrega el P. Spinelli.

De este modo, indica que no es casualidad que el Papa haya sido elegido el 8 de octubre, fecha dedicada a la Súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya, una oración muy popular escrita por el beato Bartolo Longo, fundador del santuario.

“Todo tiene un significado. Él es un hombre mariano, como ya se notó cuando rezó el Ave María desde el balcón central de la Basílica de San Pedro”, insistió.

Sobre la parte inferior del escudo, el experto explicó vemos una representación que recuerda al escudo del Orden de san Agustín. “El libro cerrado representa la Sagrada Escritura, y el corazón atravesado por una flecha es una referencia directa a la frase agustiniana: ‘Fuiste un relámpago en mi corazón con tu Palabra’. Es el símbolo de una conversión que toca el corazón y lo inflama con el amor de Dios”, explicó.

El P. Spinelli también destacó que el escudo “expresa perfectamente la personalidad de san Agustín, que buscó la verdad incluso por caminos equivocados hasta encontrar a Dios y convertirse totalmente a Él”.

Asimismo, el experto observó que no es una novedad que el León XIV haya confirmado el escudo anterior, el mismo que eligió para su consagración episcopal. “Esto es común en los papas: mantener tanto el escudo como el lema, que en este caso tiene una gran profundidad teológica”, explica.

En cuanto al lema In Illo uno unum, el P. Spinelli precisó que es “una expresión tomada de un comentario de san Agustín al Salmo 127 que “sintetiza su visión”.

“La Trinidad es un solo Dios en tres personas; de igual modo, la Iglesia, aunque diversa y a veces tensionada, está llamada a ser una sola en el amor de Cristo”, determinó el heraldista que también remarcó la actualidad del mensaje del Pontífice.

“Solo si permanecemos unidos en el amor de Cristo es posible la fraternidad, la reconciliación, especialmente en este tiempo complejo que vive la Iglesia. No es casualidad que el saludo del Papa León XIV desde la logia incluyera esa definición de la Iglesia como un puentne: llamada a superar divisiones, a ser espacio de encuentro, de misericordia y de escucha”, concluyó.

Las reliquias de San Agustín y su madre Mónica en la cruz pectoral de León XIV

De otro lado, hay un verdadero programa de santidad episcopal escondido en las insignias que lució el Papa el día de su elección, el 8 de mayo. Los fragmentos óseos allí conservados pertenecen a testigos de santidad vinculados a la Orden Agustiniana que encarnan la fidelidad, la reforma, el servicio y el martirio.
Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano


En el centro se encuentra una reliquia de San Agustín, el gran Padre de la Iglesia, que nos enseña a seguir el camino de la interioridad para encontrar a Dios y comprender su Palabra con fe y razón para luego compartirla con los demás. Hay un mensaje precioso y profundo en la cruz pectoral que llevaba León XIV el 8 de mayo, día de su elección, cuando se presentó al mundo apareciendo desde la Logia Central de la Basílica de San Pedro. En su interior, además de un fragmento de los huesos del Obispo de Hipona, padre espiritual de la Orden de San Agustín, que con su Regla y sus escritos inspiró a frailes, monjas, hermanas y laicos a abrazar el Evangelio como constructores de comunión y promotores del bien común, hay otras cuatro reliquias: de Santa Mónica, en la parte superior, de Santo Tomás de Villanueva, en el brazo izquierdo, del Beato Anselmo Polanco, en el brazo derecho, y del venerable Giuseppe Bartolomeo Menochio en la base.

Un regalo de la Curia General Agustiniana

Fueron elegidos por el postulador general de la Orden Agustiniana, Josef Sciberras, para el regalo que la Curia General quiso hacer a su hermano Robert Prevost el día de su creación cardenal, el 30 de septiembre de 2023, y evocan figuras de santidad en la familia agustiniana que encarnan la fidelidad, la reforma, el servicio y el martirio. El religioso, que no oculta a los medios vaticanos su alegría por la elección del nuevo Papa, cuenta que el entonces cardenal Prevost «se emocionó» cuando le entregaron la cruz pectoral, durante la celebración preparada para él en el refectorio del Colegio Internacional de Santa Mónica, consciente de que tendría sobre su pecho las reliquias de San Agustín y de su madre Mónica. «La víspera del Cónclave, el martes pasado, le envié un mensaje recomendándole que llevara la cruz que le habíamos regalado, para tener la protección de los santos Agustín y Mónica», confía el padre Sciberras. No estoy seguro de que lo usara por sugerencia mía, pero cuando vi que lo usó para el juramento y que lo conservó para mirar desde la Basílica Vaticana, prefiriéndolo a otros que podría haber elegido, me alegré mucho.

Agustín y Mónica

Ese fragmento de los huesos del Obispo de Hipona en la cruz pectoral de León XIV quiere recordar también a la orden de San Agustín, que, fundada por la Sede Apostólica en 1244, asimiló progresivamente su ideal de vida, produciendo frutos de santidad a lo largo de los siglos a través de la vida comunitaria, una intensa actividad apostólica, el estudio y una profunda espiritualidad, explica el postulador de la orden agustiniana. La reliquia de Santa Mónica es también signo del vínculo de Agustín con su madre, mujer fuerte y tenaz que con sus lágrimas y su oración incansable obtuvo la conversión de su hijo. En las Confesiones, el santo Obispo ensalza sus virtudes como dones de Dios. El Papa Francisco fue particularmente devoto de ella y visitó a menudo su tumba en la Basílica de San Agustín en Campo Marzio en Roma, tanto cuando era cardenal como Papa. Para la Orden Agustiniana, la figura de Mónica es inseparable de la experiencia de conversión y consagración de su hijo, fundamento de la espiritualidad agustiniana.

Tomás de Villanova

Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, que vivió entre los siglos XV y XVI, fue un reformador de la vida religiosa. Es un modelo de pastor consumado para su rebaño, «con olor a oveja, para utilizar la expresión tan querida del Papa Francisco», añade el padre Sciberras. Tenía gran preocupación por los pobres y promovió misiones en el Nuevo Mundo. Gran teólogo, en 1550 fundó un seminario en Valencia (España), todavía activo hoy, antes de que el Concilio de Trento reglamentara la formación de los sacerdotes.

Beato Anselmo Polanco

El beato Anselmo Polanco, obispo de Teruel, mártir de la persecución religiosa en España (1936-1939), es el pastor que dio su vida hasta el final por las almas que le fueron confiadas. «Mientras quede una sola alma de mi diócesis, me quedaré», afirmó. Y permaneció fiel a su pueblo y al Papa, fusilado por su testimonio de fe y por la fuerza de su palabra evangélica.

Giuseppe Bartolomeo Menochio

El venerable Giuseppe Bartolomeo Menochio, obispo de Porfirio y prefecto del Sagrario Apostólico, sacristán papal desde 1800, sirvió con valentía a la Iglesia durante la tormenta napoleónica, manteniéndose firme en la fe y fiel también al Papa incluso en los momentos más difíciles. Personaje de referencia para la Iglesia de Roma, murió con fama de santidad el 25 de marzo de 1823. En 1991 Juan Pablo II reconoció el heroísmo de sus virtudes. Representa al pastor curial, es el único obispo que no quiso jurar fidelidad a Napoleón y que se gastó totalmente por el pueblo romano.

Una profesión de fe, una orientación pastoral

Las reliquias de los santos Agustín, Mónica, Tomás de Villanueva, el beato Polanco y el venerable Menochio fueron conservadas en la Lipsanoteca de la Postulación General Agustiniana, y el padre Sciberras las confió al relicario Antonino Cottone para que las colocara en la cruz pectoral que luego donó a su hermano el hoy Papa. «No se trata de una simple decoración —precisa—, sino de una visible profesión de fe y una auténtica orientación pastoral. Las reliquias que alberga evocan figuras de santidad vinculadas a la Orden Agustiniana, que encarnan la fidelidad, la reforma, el servicio y el martirio: elementos todos que iluminan y sostienen el ministerio del nuevo Pontífice». (Información Aciprensa y Vatican News).