Petro plantea «gobierno de transición compartido» en Venezuela y con la voluntad popular abrir caminos de democracia sin presiones indebidas
–El presidente Gustavo Petro insistió este viernes en una salida negociada a la crisis de Venezuela, tras reseñar las distintas gestiones e intervenciones que ha hecho para ello y que no han prosperado, advirttiendo que «un desmantelamiento violento del estado venezolano actual traerá un fortalecimiento de los grupos y bandas armadas que buscarán control territorial».
Como alternativa, en un escrito en X, el mandatario colombiano planteó «un gobierno de transición compartido para convocar una voluntad popular amplia que decida sobre acuerdos y puede abrir caminos de democracia, sin presiones indebidas».
El presidente Gustavo Petro comienza su nota destacando que participó activamente buscando un diálogo nacional en Venezuela, y que medió «algo entre el gobierno de Maduro y el de Biden, antes de elecciones».
«Se reunieron en Bogotá los gobiernos de Europa, EEUU, Venezuela y Colombia e hizo presencia la oposición venezolana» indicó y subrayó que «la idea era lograr un desmonte de sanciones a Venezuela y a Maduro, abrir un clima de descalamiento del conflicto político rápido y lograr elecciones libres cuánto antes».
Sin embargo, punta que «no se presentó el desbloqueo de Venezuela, ni dejaron participar a Corina, ni le quitaron el precio a la cabeza de Maduro y las elecciones no fueron libres. Dije públicamente: no son libres las elecciones bajo un país bloqueado».
Afirma que «la estrategia fue equivocada para una solución política y que era más valiosa la que bajo la experiencia colombiana, en la violencia de mediados del siglo XX se produjo y que no se puede imponer, pero si proponer» y agrega:
«Tanto al gobierno de Biden, como a los miembros de la oposición Venezolana en reunión hecha en Bogotá, como a Maduro, les expuse la posiblidad de un gobierno compartido al estilo del Frente Nacional de Colombia, durante un tiempo que permitiera la construcción de confianza y la realización ahí sí de elecciones libres».
Al respecto, advierte que la experiencia colombiana acabó con una violencia de una década con más de 300.000 muertos campesinos en la guerra civil entre liberales y conservadores desde 1948 hasta 1957.
«A algunas personas de la oposición les gustó y a otrás personas en el gobierno les disgustó, propuse que el acuerdo se llevara a plebiscito o a declaración unilateral de estado ante las Naciones Unidas, pero al final tampoco se llevó a la práctica. Habíamos configurado una comisión internacional latinoamericana entre México de López Obrador, Brasil con Lula y mi gobierno, para posibilitar la mediación, pero el sectarismo reinante y el afán de Biden no permitieron alcanzar una salida negociada de ningún tipo», precisa.
Sin embargo, subraya, «el desacuerdo, las elecciones enturbiadas, el bloqueo profundizado y ahora la amenaza armada extranjera, dan al traste con una solución política que debe nacer del pueblo venezolano», y afirma que siempre que en la complejidad social venezolana se intente una exclusión de un sector poblacional real, la posibilidad de una solución política se alejara.
Y advierte que «un desmantelamiento violento del estado venezolano actual traerá un fortalecimiento de los grupos y bandas armadas que buscarán control territorial. El escenario de la actual Libia y el medio oriente será más próximo».
Señala que se piensa en una solución «quirúrgica» al estilo de Panamá, pero se olvida que en Panamá hubo miles de muertos, y se olvida que hay ya miles de hombres armados a lado y lado de la frontera sin mayor intensión por el poder en uno y otro país visto como poder nacional, pero sí con la intención de controlar territorios y poblaciones locales en búsqueda de economías ilícitas que abundarían por doquier, incluido el control sobre porciones de la economía petrolera.
Agrega que las economías ilícitas pueden mantener grupos armados y hasta ejércitos tan fuertes como para fragmentar el territorio y el estado, no solo en Venezuela sino en la misma Colombia.
«Por eso me opongo a salidas que no sean dialogadas y que intenten el triunfo de una sector sobre el exterminio del otro», asegura.
Recuerda que la gran guerra civil colombiana liberal/conservadora de mediados del siglo XX, demostró que las políticas de exclusión y de abolición violenta de la diferencia, no sirven para nada. Después de 300.000 asesinados en Colombia, hubo diálogo y un gobierno compartido que al menos supo terminar una violencia, anota y concluye:
«Un gobierno de transición compartido para convocar una voluntad popular amplia que decida sobre acuerdos y puede abrir caminos de democracia, sin presiones indebidas».

